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Full text of "El desarrollo de los procesos psicológicos superiores"

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| BIBLIOTECA a DE BOLSILLO | 


LEV S. VYGOTSKI 


El desarrollo de los procesos 
psicológicos superiores 


Copyrighted material 


El desarrollo de los procesos 


psicológicos superiores 


AI 


LW3Q-074-06GQ 


Copyrighted material 


LEV S. VYGOTSKI 


El desarrollo de los procesos 
psicológicos superiores 


Edición al cuidado de 
Michael Cole, Vera John-Steiner, Sylvia Scribner 
y Ellen Souberman 


Nota biográfica de 


A. R. Luria 


CRÍTICA 


Barcelona 


Primera edición en BIBLIOTECA DE BOLSILLO: octubre de 2000 
Segunda edición en BIBLIOTECA DE BOLSILLO: julio de 2008 
Tercera edición en RIBLIOTECA DE BOLA LO: octubre de 2009 


Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares 
del copryright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total 
o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos 
la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares 
de ella mediante alquiler o préstamo públicos, 


Titulo original: 
MIND IN SOCIETY, THE DEVELOPMENT OF HIGHER PSYCHOLOGICAL PROCESSES 
Harvard University Press Cambridge, Mass. 


Traducción castellana de Silvia Furió 


(O 1978: the President und Fellows of Harvard College, Cambridge, Massachusetts 
O 1479 de la traducción castellana para España y América: 
Critica, 5. L., Diagonal, 667-664, 0034 Barcelona 
editorialBed-critica.cs 
www. ed-critica.es 
ISBN: 9478.-54-5432-0046-4 
Depósito legal: B-40.556-2000 
2009. — Impreso en España por Book-Print 


NOTA BIOGRÁFICA SOBRE L. S. VYGOTSKI 


Lev Semionovitch Vygotski nació el 5 de noviembre de 1896, 
en la ciudad de Orsha, al nordeste de Minsk, en Bielorrusia. En 
1913 terminó sus estudios en la escuela superior de Gomel con 
una medalla de oro. En 1917, después de graduarse en la Univer- 
sidad de Moscú en la especialidad de literatura, comenzó su in- 
vestigación literaria. 

De 1917 a 1923, Vygotski dio clases de literatura y psicología 
en una escuela de Gomel, donde, al mismo tiempo, dirigía la 
sección de teatro en el centro de educación de adultos y pro- 
nunciaba numerosas charlas y conferencias acerca de los problemas 
de la literatura y la ciencia. Durante este período, Vygotski fundó 
la revista literaria Verask. En ella publicó su primera investiga- 
ción literaria, reeditada más tarde bajo el título de La psicología 
del arte. Por aquel entonces, fundó también un laboratorio psi- 
cológico en el Instituto de Instrucción de Profesores, en el que 
ofreció un curso de psicología, cuyo contenido se publicó más 
tarde en Psicología pedagógica. 

En 1924 Vygotski se trasladó a Moscú y empezó a trabajar, 
primero en el Instituto de Psicología y después en el Instituto 
de Deficientes, fundado por él. Al mismo tiempo, dirigía un de- 
partamento para la educación de niños físicamente deficientes y 
mentalmente retrasados en el Narcompros (Comité para la Educa- 
ción), y daba clases en la Academia Krupskaya de Educación Co- 
munista, en la Segunda Universidad Estatal de Moscú (más tarde 
Instituto Pedagógico Estatal de Moscú), y en el Instituto Peda- 
gógico Hertzen de Leningrado. Entre 1925 y 1934 Vygotski con- 


8 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


gregó a su alrededor a un numeroso grupo de jóvenes científicos 
que trabajaban en el campo de la psicología, defectología y anor- 
malidad mental. Su interés por la medicina llevó a Vygotski a 
emprender simultáneamente dichos estudios, primero en el ins- 
tituto de medicina de Moscú y más tarde en Jarkov, donde dio 
un curso de psicología en la Academia Psiconeurológica Ucraniana. 
Poco tiempo antes de su muerte, le fue concedida la dirección del 
departamento de psicología en el Instituto de Medicina Experi- 
mental. Murió de tuberculosis el 11 de junio de 1934. 


Á, R. LurIA 


A la memoria de 
Alexander Romanovich Luria 


Copyrighted material 


PRÓLOGO A LA EDICIÓN NORTEAMERICANA 


Lev Semionovich Vygotski destacó de modo singular en la 
psicología americana a partir de la publicación, en 1962, de su 
monografía Pensamiento y lenguaje. Hace cinco años, a petición de 
Alexander Luria, discipulo de Vygotski, accedimos a editar una 
colección de ensayos del citado autor que reflejaba toda su investi- 
gación teórica general, cuyo aspecto más importante era el estudio 
de la relación entre el pensamiento y el lenguaje. Luria nos pro- 
porcionó traducciones elementales de dos obras de Vygotski. La 
primera de ellas, «Herramienta y simbolo en el desarrollo de los 
niños» (1930), todavía no se babía publicado. La segunda era la 
traducción de una monografía titulada La historia del desarrollo 
de las funciones psicológicas superiores, que apareció en el segun- 
do volumen de las obras de Vygotski publicadas en Moscú en 
1960. Un rápido estudio de estos ensayos nos convenció inme- 
diatamente de que los objetivos de la obra de Vygotski iban más 
allá de Pensamiento y lenguaje. Es más, llegamos incluso a pen- 
sar que la imagen de Vygotski como una especie de neobebavio- 
rista del desarrollo cognoscitivo —impresión que muchos de nues- 
tros colegas sostenian— quedaba casi totalmente desmentida a 
través de estas dos obras. 

Los cuatro primeros capitulos del presente volumen los bemos 
elaborado a partir de «Herramienta y simbolo». El capítulo quin- 
to resume los principales puntos teóricos y metodológicos incluidos 
en «Herramienta y símbolo» aplicándolos a un problema típico 
de la psicología cognoscitiva, la naturaleza de la reacción de la 
elección. Este capítulo ha sido extraido de la sección 3 de La 


12 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


historia del desarrollo de las funciones psicológicas superiores. Los 
capitulos 6 y 8 (aprendizaje y desarrollo, y los precursores del 
desarrollo de la escritura) proceden de una colección, publicada 
póstumamente, que incluye varios ensayos bajo el título de El 
desarrollo mental de los niños y el proceso de aprendizaje (1935). 
El capítulo 7, acerca del juego, se basa en una conferencia pro- 
nunciada en el Instituto Pedagógico de Leningrado en 1933 y pu- 
blicada en Voprosi Psikhologii (Problemas de Psicología) en 1966. 
Las referencias completas se incluyen en una lista de las obras de 
Vygotski que figura al final del presente volumen. 

En varios puntos bemos insertado material procedente de 
fuentes adicionales para poder explicar de modo más completo el 
significado del texto. En la mayoría de los casos esas contribu- 
ciones son parte de La historia del desarrollo de las funciones 
psicológicas superiores, además del capitulo ya mencionado; el 
resto procede de otros ensayos que aparecieron ya en los volú- 
menes de 1956 y en los de 1960, en los que se publicó una 
colección de sus obras. En algunos casos esporádicos, se han ex- 
traido párrafos de los trabajos realizados por los discipulos o 
colaboradores de Vygotski, que nos proporcionan ejemplos con- 
cretos de procedimientos o resultados que en el texto original se 
describen de modo demasiado sucinto. Las referencias a estas 
fuentes figuran en las notas. 

No obstante, al unir en un mismo volumen ensayos completa- 
mente distintos nos bemos permitido importantes libertades. El lec- 
tor no hallará en la presente obra una traducción literal de Vygots- 
ki, sino más bien nuestra propia traducción adaptada de Vy- 
gotski, omitiendo el material que, a nuestro juicio, parecia redun- 
dante y añadiendo aquel otro que contribuia a clarificar ciertos 
puntos. Tal como ban señalado otros editores, el estilo de Vygots- 
ki es sumamente difícil. Escribió copiosamente y muchos de sus 
manuscritos nunca llegaron a publicarse. Además, durante sus fre- 
cuentes períodos de enfermedad dictaba sus artículos y diserta- 
ciones, cosa que redundaba en numerosas repeticiones y en. una 
prosa considerablemente densa y elíptica. Las lagunas y espacios 
en blanco que ballamos en sus manuscritos originales los hacen 
ahora más inaccesibles de lo que podian haber sido en la época 


PRÓLOGO 13 


en que fueron escritos. Debido a que apenas había referencias 
exactas, hemos tenido que hacer acopio de nuestras suposiciones 
más fidedignas en lo que respecta a las fuentes a las que Vygotski 
se remitía. El proceso de seguir la pista de dichas fuentes y llevar 
a cabo su lectura se reveló como una empresa barto satisfactoria 
y llena de compensaciones, pues descubrimos que muchos de sus 
coetáneos resultaban ser increiblemente modernos en ciertos as- 
pectos sumamente importantes, Nos damos perfecta cuenta de que, 
al encararnos con el original, es posible que hayamos distorsiona- 
do o falseado la historia; sin embargo, esperamos que al exponer 
nuestros procedimientos y adberirnos lo más cerca posible a los 
principios y contenido de la obra, no hayamos distorsionado el 
significado de Vygotski, 

Por otro lado, estamos en deuda con Alexander R. Luria por 
habernos proporcionado una traducción inicial de gran parte del 
material que figura en los capítulos 1-5, por buscar incansable- 
mente referencias que pudieran sernos útiles y ampliar detalles 
acerca de ciertos experimentos, y por leer nuestro manuscrito. 
Los capitulos 6 y 7 fueron traducidos por Martin López-Morillas, 
El capitulo 5 y algunos trozos de los capítulos 1-5 fueron tra- 
ducidos por Michael Cole. También queremos agradecer a James 
Wertsch su ayuda en la traducción e interpretación de los párra- 
fos más difíciles. 

La edición de estos escritos nos ba llevado varios años. Tra- 
bajando en lugares diferentes, educado según diversas tradiciones 
intelectuales, cada equipo de editores halló material de especial 
interés. Hemos escrito dos ensayos que reflejan varios aspectos 
de la «lectura de Vygotski», ya que existen muchas cuestiones 
que han de ser esclarecidas a la luz de un pensamiento tan com- 
plejo. 


VERA Jo HN-STEINER MiCHAEL COLE 
ELLEN SOUBERMAN SYLVIA SCRIBNER 
Universidad de Nuevo México Universidad Rockefeller 


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Una araña ejecuta operaciones semejantes a las del teje- 
dor, y una abeja avergiienza, por la construcción de sus 
celdillas de cera, a más de un arquitecto humano. Pero lo 
que ya por anticipado distingue al peor arquitecto de la 
abeja mejor es que el arquitecto construye la celdilla en 
su cabeza antes de construirla con cera. Al final del pro- 
ceso de trabajo sale un resultado que ya estaba presente 
al principio del mismo en la representación del trabajador, 
o sea, idealmente. No es sólo que el trabajador obre una 
alteración de forma de la naturaleza; es que al mismo 
tiempo realiza en lo natural su finalidad, la cual es co- 
nocida por él, determina como ley el modo de su hacer 
y tiene subordinada su voluntad. 


KARL Marx, El Capital 


El fundamento más esencial y más próximo del pen- 
samiento humano es, precisamente, la transformación de 
la naturaleza por el hombre, y no la naturaleza por sí 
sola, la naturaleza en cuanto tal. 


FRIEDRICH EnGELs, Dialéctica 
de la naturaleza 


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MICHAEL COLE Y SYLVIA SCRIBNER 


INTRODUCCIÓN 


Educado como abogado y filósofo, Lew S. Vygotski hizo va- 
rias contribuciones a la crítica literaria cuando comenzó su carre- 
ra como psicólogo después de la Revolución Rusa en 1917. En 
la época de apogeo de Wilhelm Wundt, fundador de la psicología 
experimental, y de William James, pragmático americano, Vygots- 
ki era todavía un estudiante. Entre sus contemporáneos cientí- 
ficos descuellan Ivan Pavlov, Vladimir Bejterey y John B. Watson, 
que popularizaron las teorías conductistas de estímulo-respuesta, 
así como Wertheimer, Kóhler, Koffka y Lewin, fundadores del 
movimiento de la psicología de la Gestalt, Ante estas perspectivas 
el lector podría pensar que la obra de Vygotski es esencialmente 
de interés histórico, como testimonio del modo en que los padres 
fundadores de la psicología moderna influyeron en la psicología 
soviética de la Rusia postrevolucionaria. Ciertamente estos ensa- 
yos no carecen de interés desde la perspectiva de la historia in- 
telectual; no obstante, no son en absoluto reliquias históricas. 
Nosotros las presentamos más bien como una contribución a las 
dudas y discusiones de la psicología contemporánea. 

A fin de comprender cómo pueden conservar su importancia 
las ideas contenidas en este volumen a través de la enorme dis- 
tancia de tiempo y cultura que nos separa de Vygotski, nos hemos 
sorprendido a nosotros mismos, más de una vez, reflexionando 
acerca del estado de la psicología europea, que proporcionó el 
marco inical para las teorías de Vygotski. Nos ha resultado tam- 


18 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


bién sumamente provechoso el examinar las condiciones psicoló- 
gicas y sociales en la Rusia postrevolucionaria, puesto que cons- 
tituyen la fuente de los problemas inmediatos a los que se enfren- 
taba Vygotski, así como una fuente de inspiración en que él y sus 
colegas pretendían desarrollar una teoría marxista del funciona- 
miento intelectual humano. 


COMIENZOS EN EL SIGLO XIX 


Hasta la última mitad del siglo x1x el estudio de la naturaleza 
humana competía exclusivamente al área de la filosofía. Los des- 
cendientes intelectuales de John Locke en Inglaterra habían de- 
sarrollado su explicación empirista de la mente, que postulaba que 
el origen de las ideas provenía de sensaciones producidas en el 
ambiente. Para estos empiristas británicos, el principal problema 
del análisis psicológico residía en describir las leyes de asociación 
a través de las cuales se combinan sensaciones simples para pro- 
ducir ideas complejas. En el continente, los seguidores de Kant 
sostenían que las ideas de tiempo y espacio, así como los conceptos 
de cantidad, calidad y relación se originan en la mente humana 
y no podían descomponerse en elementos más simples, Ninguna 
de las dos partes de movía de su sillón. Ambas tradiciones filosó- 
ficas operaban bajo la suposición, que arrancaba de la teoría de Re- 
né Descartes, de que el estudio científico del hombre podía aplicar- 
se Únicamente a su cuerpo físico. A la filosofía le correspondía, 
pues, el estudio del alma. 

Mientras que el conflicto entre estos dos enfoques se extiende 
hasta nuestros días, en la década de 1860 los términos de dicha 
discusión se vieron alterados irrevocablemente por la casi simultá- 
nea publicación de tres libros. El más famoso fue El origen de las 
especies de Darwin, en el que se postulaba la continuidad esencial 
del hombre y otros animales. Una de las consecuencias inmediatas 
de dicha afirmación fue el esfuerzo de numerosos eruditos por 
establecer discontinuidades que diferenciaran y apartaran a los 
seres humanos adultos de sus parientes inferiores (tanto ontogené- 
ticamente como filogenéticamente). El segundo libro aparecido 


INTRODUCCIÓN 19 


fue Die Psychophysik de Gustav Fechner, en el que se suministra- 
ba una detallada y matemáticamente sofisticada descripción de la 
relación entre cambios en sucesos físicos especificables y respues- 
tas «psíquicas» verbalizables. Fechner reivindicaba como objetivo 
nada menos que la descripción cuantitativa del contenido de la 
mente humana. El tercer libro publicado fue un pequeño volumen 
titulado Reflejos del cerebro, escrito por un fisiólogo moscovita, 
I. M. Sechenov, Éste, que había estudiado con los principales fi- 
siólogos europeos, sostenía la comprensión de reflejos sensorio-mo- 
tores simples utilizando técnicas que aislaban disposiciones nervio- 
musculares del organismo vivo. Sechenov estaba convencido de 
que los procesos que había observado en tejidos aislados de las 
ranas eran exactamente los mismos que los que tienen lugar en 
los sistemas nerviosos centrales de organismos intactos, incluyendo 
el organismo humano. Si las respuestas de los músculos de las pier- 
nas podían ser explicadas a través de procesos de inhibición y ex- 
citación, ¿por qué no podrían aplicarse las mismas leyes a las ope- 
raciones del córtex cerebral humano? Aunque careciera de eviden- 
cia directa para tales especulaciones, las ideas de Sechenov suge- 
rían la base fisiológica para enlazar el estudio científico natural de 
los animales con el estudio, hasta entonces filosófico, del hombre. 
La censura del zar pareció comprender las implicaciones materia- 
listas y revolucionarias de la tesis de Sechenov, prohibiendo la 
publicación del libro mientras pudo, Cuando por fin apareció la 
obra, ésta llevaba una dedicatoria dirigida a Charles Darwin. 
Estos tres libros citados de Darwin, Fechner y Sechenov pue- 
den considerarse como constituyentes esenciales del pensamiento 
psicológico a finales del siglo xix. Darwin englobó a los animales 
y a los seres humanos en un único sistema conceptual regulado por 
leyes naturales; Fechner proporcionó un ejemplo de cómo debería 
ser una ley que describiera la relación entre los hechos físicos y 
el funcionamiento mental del hombre; Sechenov, extrapolando a 
partir de las contracciones musculares de las ranas, postuló una 
teoría fisiológica de cómo trabajan estos procesos mentales en el 
individuo normal. Ninguno de estos autores se consideraba ( o era 
considerado por sus coetáneos) psicólogo. Sin embargo, plantea- 
ron las cuestiones centrales de las que se ocuparía la ciencia de 


20 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


la psicología en la segunda mitad del siglo: ¿Cuál es la relación 
existente entre la conducta animal y la conducta humana? ¿Los 
sucesos ambientales y mentales? ¿Los procesos psicológicos y 
fisiológicos? Las distintas corrientes psicológicas atacaron una y 
otra de estas cuestiones, suministrando así respuestas parciales 
dentro de las perspectivas teoréticamente limitadas. 

La primera de estas escuelas fue fundada por Wilhelm Wundt 
en 1880. Wundt se ocupó fundamentalmente de la descripción del 
contenido de la conciencia humana y su relación con los estímulos 
externos. Su método consistía en analizar distintos estados de con- 
ciencia en sus elementos constituyentes, a los que definió como 
simples sensaciones. En bases a priori, no admitió que tales sen- 
saciones fueran «sentimientos de certidumbre» o «percepción de 
relaciones» como elementos de conciencia, considerando tales fenó- 
menos como «nada más que» los productos secundarios de mé- 
todos insuficientes de observación (introspección). Por otra parte, 
Wundt expuso la opinión explícita de que las funciones mentales 
complejas o, como se las denominaba entonces, «procesos psicológi- 
cos superiores» (por ejemplo, la memoria voluntaria y el razona- 
menos como «nada más que» los productos secundarios de mé- 
psicólogos experimentales. Sostenía que únicamente podían ser 
investigados por estudios históricos de los productos culturales, 
como cuentos populares, costumbres, lenguaje. 

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, se abordaron es- 
tudios introspectivos de los procesos conscientes del hombre des- 
de dos direcciones totalmente distintas. Tanto en Rusia como en 
los Estados Unidos, los psicólogos, disgustados por la controver- 
sias respecto a las descripciones introspectivas correctas de las 
sensaciones, y por la esterilidad de la investigación a la que había 
llevado esta posición, renunciaron al estudio de la conciencia en 
aras del estudio de la conducta. Aprovechando el potencial aporta- 
do por el estudio de Pavlov sobre los reflejos condicionados (ba- 
sado en las realizaciones de Sechenov) y la afirmación de Darwin 
acerca de la continuidad del hombre y el animal, se hicieron ac- 
cesibles al estudio científico muchos aspectos del comportamiento 
humano y animal. No obstante, coincidieron con sus antagonistas 
introspectivos en un aspecto sumamente importante: su estrate- 


INTRODUCCIÓN 21 


gia básica consistía en identificar los bloques simples de forma- 
ción de la actividad humana (sustituyendo las conexiones estí- 
mulo-respuesta por sensaciones), especificando a continuación las 
reglas por las que estos elementos se combinaban para producir 
fenómenos más complejos. Esta estrategia condujo a una concentra- 
ción en los procesos compartidos por hombres y animales y, de 
nuevo, a un descuido de los procesos superiores, tales como el 
lenguaje, el pensamiento y la conducta volitiva. El segundo ata- 
que dirigido hacia la descripción de los contenidos de la concien- 
cia provino de un grupo de psicólogos que se oponían al único 
aspecto en el que Wundt y los conductistas coincidían: la con- 
veniencia de analizar los procesos psicológicos en sus constituyen- 
tes básicos. Este movimiento, que se conoce con el nombre de psi- 
cología de la Gestalt, demostró que muchos fenómenos intelectua- 
les (los estudios de Kóhler con los monos antropoides eran un 
ejemplo) y perceptuales (por ejemplo, los estudios de Wertheimer 
acerca del movimiento aparente de las luces intermitentes) no 
podían ser explicados ni en términos de elementos básicos de la 
conciencia como postulaba Wundt ni en términos de estímulo-res- 
puesta simple de las teorías de la conducta. Los psicólogos de 
la Gestalt rechazaban, en principio, la posibilidad de explicar los 
procesos complejos en términos de procesos simples. 

Esta era, en pocas palabras, la situación de la psicología euro- 
pea cuando Vygotski apareció en escena por primera vez. En Ru- 
sia la situación no difería demasiado. 


LA PSICOLOGÍA POSTREVOLUCIONARIA EN RUsIA 


En las primeras décadas del siglo xx, la psicología, tanto en 
Rusia como en Europa, se hallaba dividida entre distintas escuelas 
opuestas, dando cada una de ellas explicaciones parciales acerca 
de un tipo limitado de fenómenos. En 1923, en el primer congreso 
ruso psiconeurológico, K. N. Kornilov inició el primer cambio inte- 
lectual y de organización en la psicología después de la revolución. 
Por aquel entonces, el famoso Instituto de Psicología de Moscú 
estaba dirigido por G. 1. Chelpanov, partidario de la psicología in- 


22 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


trospectiva de Wundt y adversario acérrimo del conductismo. (Ha- 
bía publicado la sexta edición de su libro, La mente del hombre, 
una crítica de las teorías materialistas de la mente, en 1917, justo 
antes de la revolución.) Chelpanov asignó un papel muy restringido 
al marxismo, en lo que a psicología respecta, afirmando que éste 
podría ayudar a explicar la organización social de la conciencia, 
pero no las propiedades de la conciencia individual. En una charla 
titulada «Psicología contemporánea y marxismo» Kornilov criticó 
a Chelpanov por el fundamento idealista de su teoría psicológica y 
por el papel tan limitado que asignó al marxismo en psicología. 
Kornilow, que calificó sus propias aproximaciones de reactología, 
trataba de incluir todas las ramas de la psicología dentro del es- 
quema marxista, que utilizaba las reacciones de la conducta como 
datos básicos. 

La crítica que Kornilov dirigió a Chelpanov en 1923 salió 
victoriosa. Chelpanov fue cesado en su cargo de director del Ins- 
tituto de Psicología y sustituido por Kornilov, quien reunió inme- 
diatamente un grupo de jóvenes científicos dedicados a formular y 
promocionar una teoría psicológica conductista. Indudablemente, 
Vygotski debió de causar una gran sensación, un año después, en 
el segundo congreso psiconeurológico, cuando pronunció una confe- 
rencia titulada «La conciencia como objeto de la psicología de la 
conducta». Cualquiera que fuese lo que pudiera extraerse de la 
aproximación reactológica de Kornilov, resultaba evidente que no 
se concedía importancia alguna al papel de la conciencia en la ac- 
tividad humana, ni se le asignaba al concepto de conciencia un pa- 
pel en la ciencia psicológica.' 

Vygotski disentía de la autoridad recientemente establecida. Sin 
embargo, ello no significa que estuviera promocionando un retorno 
a la posición defendida por Chelpanov. En su conferencia inicial 


L N. Kornilov, «Psicología y Marxismo» K. N. Kornilov, ed., 
Psicología y Marxismo, pes e 1925, pp. 9-24, AL S. V i, « 
cimiento como problema de la psico ara en ilov, ed., 
Psicología y Marxismo, E»: 175-198, Véase también K. N., Kornilow, « 


chology in the Light of Dialectical Materialism», en a Murchison, ek 
Psychologies of 1930, Clark University Press, Worcester, 1930 (reimpr.: Arno 
973). 


Press, Nueva York, 1 


INTRODUCCIÓN 23 


y en una serie de publicaciones posteriores, puso de manifiesto 
que, en su opinión, ninguna de las escuelas psicológicas "existentes 
proporcionaba una base sólida para el establecimiento de una 
teoría unificada de los procesos psicológicos humanos. Haciéndo- 
se eco de una expresión propia de sus contemporáneos alemanes, 
a menudo hacía referencia a la «crisis de la psicología» impo- 
niéndose a sí mismo la tarea de completar una síntesis de las 
opiniones contendientes sobre una base teórica totalmente nueva. 

Para los psicólogos de la Gestalt, contemporáneos de Vygot- 
ski, existía una crisis debido a que las teorías establecidas (prin- 
cipalmente las de Wundt y el conductismo watsoniano) eran in- 
capaces, a su modo de ver, de explicar conductas perceptuales 
complejas y susceptibles de resolver problemas. Para Vygotski, 
la crisis tenía raíces mucho más profundas. Compartía junto con 
los psicólogos de la Gestalt el descontento por los análisis psico- 
lógicos que comenzaron reduciendo todos los fenómenos a un 
conjunto de «átomos» psicológicos. Pero, al mismo tiempo, era 
consciente de que los psicólogos de la Gestalt eran incapaces de 
ir más allá de la descripción de los fenómenos complejos hasta 
llegar a la explicación de los mismos. Incluso aceptando las críti- 
cas de la Gestalt, seguiría existiendo una crisis porque la psico- 
logía permanecería dividida en dos mitades irreconciliables: una 
rama de «ciencia natural» que explicaría los procesos reflejos y 
sensoriales elementales, y una parte de «ciencia mental» que 
describiría las propiedades que emergen de los procesos psico- 
lógicos superiores. Lo que Vygotski buscaba no era otra cosa 
que una aproximación amplia que hiciera posible la descripción 
y explicación de las funciones psicológicas superiores en términos 
aceptables para las ciencias naturales. Para Vygotski, el concepto 
de explicación significaba mucho. Este incluía la identificación 
de los mecanismos cerebrales subyacentes a una función para 
establecer la relación entre las formas simples y complejas de lo 
que parecía ser la misma conducta; y lo que es más importante, 
la especificación del contexto social en el que se desarrollaba la 
conducta. Los objetivos que Vygotski se proponía eran extrema- 
damente ambiciosos, incluso podríamos decir que eran irrazona- 
blemente ambiciosos. No pudo alcanzarlos (cosa de la que fue 


24 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


plenamente consciente). Sin embargo, logró proporcionarnos un 
análisis sagaz y acertado de la psicología moderna. 

Otra razón importante que explica la continua relevancia de 
la obra de Vygotski es que, en 1924 y la década siguiente, ela 
boró una penetrante crítica de la noción de que Aniceto 
podía alcanzarse una comprensión de las funciones psicológicas 
superiores de los seres humanos a través de la multiplicación y 
complicación de principios derivados de la psicología animal, es- 
pecialmente de aquellos principios que representan la combina- 
ción mecánica de las leyes estímulo-respuesta. Al mismo tiempo, 
confeccionó una crítica devastadora de las teorías que afirman 
que las propiedades de las funciones intelectuales adultas proce- 
den únicamente de la maduración, o que, como mínimo, se hallan 
configuradas de antemano en el niño, esperando simplemente la 
oportunidad para manifestarse. 

Al insistir en los orígenes sociales del lenguaje y del pensa- 
miento, Vygotski estaba siguiendo el camino trazado por los so- 
ciólogos franceses más influyentes; no obstante, por lo que noso- 
tros sabemos, fue el primer psicólogo moderno que mencionó 
los mecanismos a través de los cuales la cultura se convierte en 
una parte de la naturaleza del individuo. Al postular que las 
funciones psicológicas son un producto de la actividad del cere- 
bro, se convirtió en el primer defensor de la combinación de la 
psicología cognoscitiva experimental con la neurología y la fisio- 
logía. Por último, sentó las bases para una ciencia conductista 
unificada, al proclamar que todo ello debía comprenderse en 
términos de una teoría marxista de la historia de la sociedad 
humana. 


MARCO TEÓRICO MARXISTA 


Contrariamente al estereotipo de los eruditos soviéticos que 
se precipitaban a elaborar sus teorías conforme a la más reciente 
interpretación del marxismo en el Politburó, Vygotski consideró, 
ya desde los comienzos de su carrera, que el pensamiento marxista 
constituía una fuente científica válida. Podríamos resumir escue- 


INTRODUCCIÓN 25 


tamente la teoría sociocultural de Vygotski acerca de los procesos 
mentales superiores con la siguiente frase: «Una aplicación psi- 
cológicamente importante del materialismo histórico y dialéctico». 

Vygotski vio en los métodos y principios del materialismo 
dialéctico una solución a las paradojas científicas clave a las que 
se enfrentaban sus coetáneos. Un eje central de este método 
consistía en que todos los fenómenos debían ser estudiados como 
procesos en constante movimiento y cambio. Respecto al tema 
del sujeto de la psicología, la tarea del científico es la de recons- 
truir el origen y el curso del desarrollo de la conducta y la con- 
ciencia, Evidentemente, cada fenómeno no sólo posee su propia 
historia, sino que esa historia se caracteriza tanto por cambios 
cualitativos (cambios en la forma, estructura y características bá- 
sicas) como cuantitativos. Vygotski se apoyó en esta línea de 
razonamiento para explicar la transformación de los procesos 
psicológicos elementales en procesos más complejos, La escisión 
entre los estudios naturales científicos de los procesos elementales 
y la reflexión especulativa sobre las formas culturales de la con- 
ducta podría unirse trazando los cambios cualitativos de la con- 
ducta que se producen en el curso del desarrollo, Así pues, cuan- 
do Vygotski califica de «evolutiva» su aproximación, no hay que 
confundirla con una teoría del desarrollo del niño. El método 
evolutivo, según el parecer de Vygotski, es el método principal 
de la ciencia psicológica. 

También la teoría de Marx respecto a la sociedad (conocida 
comúnmente como materialismo histórico) desempeñó un papel 
fundamental en el pensamiento de Vygotski. De acuerdo con 
Marx, los cambios históricos que se producen en la sociedad y 
en la vida material conllevan, al mismo tiempo, otros cambios 
en la «naturaleza humana» (en la conciencia y conducta). Aunque 
este proyecto ya había sido repetido por otros muchos, Vygotski 
fue, sin duda, el primero que trató de relacionarlo con las cues- 
tiones psicológicas específicas. Empeñado en esa tarea, elaboró, 
basándose en el concepto de Engels, acerca del trabajo humano 
y uso de las herramientas, la idea de que a través de éstos el 
hombre cambia la naturaleza y, simultáneamente, se transforma 
a sí mismo. En los capítulos 1 a 4, Vygotski explota el con- 


26 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


cepto de herramienta de un modo particular cuyos antecedentes 
directos nos conducen a Engels: «La especialización de la mano 
significa la herramienta y ésta presupone la actividad específica- 
mente humana, la reacción transformadora del hombre sobre la 
naturaleza»; * «el animal utiliza la naturaleza exterior e introduce 
cambios en ella pura y simplemente con su presencia, mientras que 
el hombre, mediante sus cambios, la hace servir a sus fines, la 
domina. Es ésta la suprema y esencial diferencia entre el hombre 
y los demás animales». Vygotski amplió brillantemente este 
concepto de mediación en la interacción hombre-ambiente al uso 
de los signos así como de los utensilios. Al igual que los siste- 
mas de herramientas, los sistemas de signos (lenguaje, escritura, 
números) han sido creados por las sociedades a lo largo de la 
historia humana y cambian con la forma de sociedad y su nivel 
de desarrollo cultural. Vygotski estaba convencido de que la 
internalización de los sistemas de signos culturalmente elabora- 
dos acarreaba transformaciones conductuales y creaba un vínculo 
entre las formas tempranas y tardías del desarrollo del individuo. 
Así pues, para Vygotski, siguiendo la línea de Marx y Engels, el 
mecanismo del cambio evolutivo del individuo halla sus raíces 
en la sociedad y la cultura. 

En los capítulos posteriores (especialmente en el 5), Vygotski 
generaliza su concepción del origen de las funciones psicológicas 
superiores de un modo que revela la íntima relación entre la 
naturaleza fundamentalmente mediata de éstas y la concepción 
materialista y dialéctica del cambio histórico. 

Á menudo ciertos psicólogos soviéticos citaban a los clásicos 
marxistas en exceso, buscando un medio para la elaboración de 
una psicología marxista a partir del caos en que estaban sumidas 
las distintas corrientes de pensamiento. No obstante, Vygotski, 
en unas notas que no llegaron a publicarse, repudiaba el «método 
de las citas» para relacionar el marxismo con la psicología y 
ponía de manifiesto el modo según el cual los principios meto- 


2. F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, OME 36, Crítica, Barcelona, 
1979, p. 19. 
2 bis. 1bid., pp. 173-174, 


INTRODUCCIÓN 21 


dológicos básicos de aquél podían contribuir a la construcción 
de una teoría psicológica: 


No pretendo en absoluto descubrir la naturaleza de la mente 
agrupando una tras otra una serie de citas. Quiero encontrar 
la manera en que ha de construirse la ciencia para acercarme al 
estudio de la mente después de haber examinado de arriba 
abajo el método de Marx... Para poder crear semejante método- 
teoría en el ámbito científico generalmente aceptado, es ne- 
cesario descubrir la esencia del área de fenómenos dada, las 
leyes según las cuales dichos fenómenos se transforman, sus 
características cualitativas y cuantitativas y conceptos especial- 
mente importantes; en otras palabras, crear nuestro propio 
Capital, 

El Capital está escrito, en su totalidad, de acuerdo con el si- 
guiente método: Marx analiza una sola «célula» viviente de 
la sociedad capitalista, como, por ejemplo, la naturaleza del 
valor, En el interior de dicha célula descubre la estructura de 
todo el sistema junto con la totalidad de sus instituciones 
económicas. Á continuación afirma que para el profano este aná- 
lisis podría parecer un confuso laberinto de detalles insignifi- 
cantes. En realidad, puede haber detalles insignificantes, pero 
son precisamente aquellos que resultan esenciales para la «mi- 
croanatomia», Aquel que pudiera descubrir qué es una célula 
«psicológica» —el mecanismo que produce incluso una sola 
respuesta— podría con ello encontrar la clave de la psicología 
como un todo [párrafos extraidos de apuntes no publicados]. 


Una cuidadosa lectura de este manuscrito nos suministra una 
prueba convincente, tanto de la sinceridad de Vygotski como de 
la fecundidad del esquema por él desarrollado. 


MARCO SOCIAL E INTELECTUAL 


En la década de 1920, en la Unión Soviética, los estudios his- 
tóricos y evolutivos acerca de la naturaleza humana no se redu- 
cían únicamente a Vygotski. Dentro del campo de la psicología, 
otro colega, P. P. Blonski, había ya postulado la noción de que 


28 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


era preciso un análisis evolutivo para comprender las funciones 
mentales complejas.* Vygotski se hizo eco de la noción de Blons- 
ki respecto a que «la conducta únicamente puede comprenderse 
como la historia de la conducta». Blonski fue también uno de 
los primeros defensores de la opinión de que las actividades tec- 
nológicas de las personas constituían la clave para la comprensión 
de su conjunto psicológico, opinión que Vygotski explotó en todo 
su detalle, 

Vygotski y muchos otros teóricos soviéticos de la época es- 
taban profundamente influidos por los trabajos de los sociólogos 
y antropólogos de la Europa occidental, como Thurnwald y Lévy- 
Bruhl,* quienes se hallaban interesados en la historia de los pro- 
cesos mentales, reconstruidos a partir de la evidencia antropo- 
lógica de la actividad intelectual de los pueblos primitivos. Las 
escasas referencias que figuran en esta obra son un leve reflejo 
del alcance del interés que Vygotski mostraba por el desarrollo 
de los procesos mentales comprendidos históricamente. Este as- 
pecto de su trabajo mereció especial atención en una publicación 
titulada Estudios en la historia del comportamiento, editada jun- 
to con A, R, Luria en 1930, Esta sirvió de incentivo para las 
dos expediciones de Luria al Asia central en 1931 y 1932, cuyos 
resultados fueron publicados mucho tiempo después de la muerte 
de Vygotski.* 

Este énfasis por lo histórico cundió también entre los lingiiis- 
tas soviéticos, cuyo interés se centraba en el problema del origen 
del lenguaje y su influencia en el desarrollo del pensamiento. En 
lingiiística, las discusiones abordaban conceptos similares a los 
de Vygotski y a los de la obra de Sapir y Whorf, que, por aquel 
entonces, ejercían gran influencia en los Estados Unidos. 

Así como resulta de suma utilidad un breve esbozo de las 
distintas opiniones académicas en la década de 1930 para llegar 


3. P. P. Blonski, Estudios de psicología científica, Moscú, 1911, 

4. R. Thurnwald, «Psychologie des primitiven Menschen», en Hand- 
buch des vergleichenden Ps a te, Munich, 1922. L. Lévy-Bruhl, Prim 
tive Mentality, Macmillan, ork, 1923, 

5. A.R. Luria, Cognitive De Development: E ld and Social Founda- 
tions, Harvard University Press, Cambridge, 1976. 


INTRODUCCIÓN 29 


a comprender los postulados de Vygotski acerca del conocimiento 
humano, también es imprescindible examinar las condiciones so- 
ciopolíticas de aquella época en la Unión Soviética. Vygotski tra- 
bajaba en el seno de una sociedad que galardonaba a la ciencia y 
tenía enormes esperanzas en que la capacidad de ésta resolviera 
los problemas económicos y sociales más acuciantes del pueblo 
soviético. La teoría psicológica no podía proseguir al margen de 
las exigencias prácticas que el gobierno imponía a los científicos, 
por ello el amplio espectro que mostraba la obra de Vygotski 
dejaba patente su interés en producir una psicología que tuviera 
repercusiones en la educación y la práctica médica. En cualquier 
caso, para Vygotski, la necesidad de llevar adelante un trabajo 
teórico en un contexto práctico no suponía contradicción alguna. 
Comenzó su carrera como profesor de literatura, de modo que 
la mayoría de sus primeros artículos trataban de problemas acer- 
ca de la práctica educacional, especialmente sobre la educación 
de los disminuidos físicos y mentales. Fue uno de los fundadores 
del Instituto de Deficientes en Moscú, con el que siempre man- 
tuvo relaciones a lo largo de su vida profesional. Al estar en 
contacto con semejantes problemas médicos, como la ceguera 
congénita, la afasia y el retraso mental profundo, Vygotski halló 
la oportunidad de comprender los procesos mentales de todo 
individuo y establecer programas de tratamiento y curación. Así 
pues, resultaba consecuente con su opinión teórica general el he- 
cho de que su trabajo tuviera que llevarse a cabo en una so- 
ciedad que trataba, por todos los medios, de eliminar el analfa- 
betismo y crear programas educativos para desarrollar al máximo 
el potencial de cada niño. 

La participación de Vygotski en los debates acerca de la 
formulación de una psicología marxista lo involucró en violen- 
tas discusiones a finales de la década de los veinte hasta princi- 
pios de la década de 1930. En dichas discusiones, la ideología, 
la psicología y la política se hallaban entremezcladas, ya que los 
distintos grupos se disputaban el derecho de representar a la 
psicología. Con la expulsión de Kornilov del Instituto de Psi- 
cología en 1930, Vygotski y sus discípulos gozaron, durante un 


30 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


breve período, de cierto poder, pero, no obstante, Vygotski no fue 
nunca reconocido como el líder oficial, 

En los años que precedieron a su muerte, Vygotski pronun- 
ció numerosas conferencias y escribió extensamente acerca de 
los problemas de la educación, utilizando a menudo el término 
«paidología», que chapuceramente su traduce como «psicología 
educacional». Generalmente, despreciaba la paidología que hacía 
hincapié en los tests de capacidad intelectual, imitando a los 
tests de CI que estaban en pleno auge en Europa y Estados 
Unidos. Su ambición consistía en reforzar la paidología de acuer- 
do con las líneas trazadas en el capítulo 6 de este volumen; no 
obstante, su ambición iba mucho más lejos que su propia compren- 
sión. Vygotski fue erróncamente acusado de defender los tests 
psicológicos colectivos y se le criticó de «gran chauvinista ruso» 
por afirmar que las personas analfabetas (como las que viven en 
las zonas no industrializadas del Asia central) no habían desa- 
rrollado todavía las capacidades intelectuales asociadas a la civi- 
lización moderna, Dos años después de su muerte, el comité cen- 
tral del Partido Comunista hizo público un decreto prohibiendo 
todas las pruebas psicológicas en la Unión Soviética. Al mismo 
tiempo, todas las revistas psicológicas de mayor importancia de- 
jaron de publicarse por lo menos durante veinte años. El período 
de agitación intelectual y experimentación estaba tocando a su fin. 

A pesar de ello, las ideas de Vygotski no murieron con él. 
Incluso antes de su muerte, él y sus discípulos fundaron un labo- 
ratorio en Jarkov, dirigido por A. N. Leontiev (decano de la 
Facultad de Psicología de la Universidad de Moscú) y más tarde 
por A. V. Zaporozhets (director del Instituto de Educación Prees- 
colar). Luria completó su educación médica en la última mitad 
de la década de los treinta y continuó realizando su trabajo de 
investigación mundialmente famoso acerca de la psicología evolu- 
tiva y la neuropsicología. Muchos de los primeros discípulos 
de Vygotski mantenían posiciones importantes en el Instituto 
de Deficientes y en el Instituto de Psicología dentro de la Aca- 
demia Soviética de Ciencias Pedagógicas, así como en los depar- 
tamentos de psicología de la universidad, como los de la Uni- 
versidad de Moscú. 


INTRODUCCIÓN 31 


Tal como demuestra el estudio de cualquier compendio sobre 
la investigación psicológica soviética, Vygotski continuó y con- 
tinúa influyendo en la investigación en una amplia variedad de 
áreas básicas y aplicadas, relacionadas con los procesos cognos- 
citivos, su desarrollo y disolución. Sus ideas no se han mantenido 
inalteradas, ni por sus discípulos, pero permanecen como una 
parte viva del pensamiento psicológico soviético. 


LA UTILIZACIÓN DEL MÉTODO EXPERIMENTAL 
POR PARTE DE VYGOTSKI 


Las referencias que hace Vygotski en el texto, relativas a ex- 
perimentos realizados en su laboratorio, producen a veces cierto 
malestar en el lector. Casi no presenta datos primarios y los 
resúmenes son muy generales. ¿Dónde están los tests estadísticos 
que registran si las observaciones reflejan o no efectos «reales»? 
¿Qué es lo que prueban dichos estudios? ¿Prestan realmente 
alguna ayuda a las teorías generales de Vygotski, o, a pesar de 
sus negaciones, está manejando la psicología de modo especula- 
tivo sin someter sus proyectos principales a los tests empíricos? 
Aquellos que están impregnados de la metodología de la psico- 
logía experimental tal como se practica en la mayoría de los labo- 
ratorios norteamericanos, indudablemente se verán inclinados a re- 
husar el término «experimento» en los estudios de Vygotski y a 
considerar los mismos como meras demostraciones en cierto modo 
interesantes, o como simples estudios piloto. Y en muchos aspec- 
tos así fueron. 

Nos ha parecido útil recordar la naturaleza de los manuscritos 
que constituyen la base del presente volumen. En realidad, no 
son un resumen de la serie de investigaciones de las que se han 
extrapolado proyectos generales. En estos escritos, Vygotski esta- 
ba interesado en presentar los principios básicos de su teoría 
y método. Describió el limitado conjunto de trabajo empírico 
que le servía para ilustrar y apoyar dichos principios. La descrip- 
ción de los estudios específicos es esquemática y los descubri- 
mientos se dan a menudo como conclusiones generales más que 


32 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


como datos primarios. Muchos de estos estudios han sido publi- 
cados más detalladamente por sus discípulos, y podemos hallar 
algunos de ellos en inglés.* No obstante, la mayoría fueron diri- 
gidos por estudiantes como investigaciones piloto y nunca se pre- 
pararon para ser publicados. El laboratorio de Vygotski existió 
tan sólo durante una década; su muerte a causa de la tuberculo- 
sis podía sobrevenir en cualquier momento. Las implicaciones 
de su teoría fueron muchas y muy variadas, pero el tiempo era 
tan breve que todas las energías se concentraban en abrir nuevas 
directrices de investigación más que en seguir hasta el final una 
línea determinada. Esta tarea quedó para los discípulos de Vy- 
gotski y para sus sucesores, quienes adoptaron sus ideas incorpo- 
rándolas a nuevas líneas de investigación.? Sin embargo, el estilo 
de experimentación en estos ensayos representa algo más que 
una respuesta a las urgentes condiciones en que se llevaron a 
cabo. El concepto que Vygotski tenía del experimento difería del 
de la psicología americana; así pues, es esencial comprender esta 
diferencia para poder apreciar la contribución de Vygotski a la 
psicología cognoscitiva contemporánea. 

Como todo estudiante de un curso experimental introducto- 
rio sabe, el propósito de un experimento, tal como se presenta 
convencionalmente, es determinar las condiciones que controlan 
la conducta, La metodología parte de este objetivo: la hipótesis 
experimental predice aspectos de los materiales o tarea de estímu- 
lo que determinarán aspectos especiales en la respuesta; el experi- 
mentador trata de ejercer el máximo control sobre los materiales, 
tarea y respuesta, para poder comprobar el pronóstico. La cuanti- 
ficación de las respuestas facilita la base para la comparación a 
través de los experimentos y para extraer inferencias acerca de 
las relaciones de causa-y-efecto. En pocas palabras, el experi- 


6. Z. M. Istomina, «El desarrollo de la memoria voluntaria en niños de 
edad preescolar», Psicología Soviética, 13, n2 4 (1975): 5-64. 
7. M. Cole e l. teman, eds., A Handbook of Contemporary Soviet 
Psycholo Basic Books, Nueva York Todo y D, B. El. 
aa The psychology of Presc / Children, T Press, Cambri 


INTRODUCCIÓN 33 


mento está destinado a crear ciertas actuaciones bajo condiciones 
que maximizan su interpretabilidad. 

Sin embargo, para Vygotski, el objeto de la experimentación 
es completamente distinto. Los principios de su aproximación 
básica (presentados en el capítulo 5 de la presente obra) no pro- 
ceden de una crítica puramente metodológica de prácticas expe- 
rimentales establecidas; sino que fluyen de su teoría de la natu- 
raleza de los procesos psicológicos superiores y de la tarea de la 
explicación científica en psicología. Si los procesos psicológicos 
superiores se originan y sufren cambios en el curso del apren- 
dizaje y desarrollo, la psicología sólo podrá comprenderlos total- 
mente determinando su origen y trazando su historia. Á primera 
vista, podría parecer que semejante tarea excluye el método expe- 
rimental y requiere el estudio de la conducta individual durante 
largos períodos. No obstante, Vygotski estaba convencido (y lo 
demostró ingeniosamente) de que el experimento podía desem- 
peñar un importante papel al hacer visibles aquellos procesos 
que normalmente están ocultos bajo la superficie del comporta- 
miento habitual. Escribió que en un experimento concebido ade- 
cuadamente, el investigador podría crear procesos que «condensa- 
ran el curso real del desarrollo de una determinada función», 
A este método de investigación lo denominó método «genético- 
experimental», término que compartió con Heinz Werner, un 
destacado contemporáneo cuyas aportaciones evolutivas y com- 
parativas a la psicología eran bien conocidas por Vygotski, 

Para que el experimento sea un medio efectivo para el es- 
tudio del «desarrollo de los procesos» dJebe proporcionar la 
máxima oportunidad para que el sujeto se comprometa en una 
gran variedad de actividades que puedan ser observadas, y no 
estrictamente controladas. Una de las técnicas que Vygotski uti- 
lizaba efectivamente para este propósito era la de introducir 
obstáculos y dificultades en la tarea, que rompieran con los méto- 
dos rutinarios de resolver problemas. Así, por ejemplo, en el 
estudio de la comunicación de los niños y la función del lenguaje 
egocéntrico, Vygotski estableció una situación de trabajo que 
exigía que los niños se comprometieran en actividades cooperati- 
vas con otros que no compartían su lenguaje (niños extranjeros 


34 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


o sordos). Otro de sus métodos consistía en proporcionar cami- 
nos alternativos para solucionar los problemas, incluyendo al 
mismo tiempo una enorme variedad de materiales (Vygotski los 
denominaba «ayudas externas») que podían ser utilizados de di- 
versas maneras para satisfacer las exigencias de la tarea impuesta. 
A través de una cuidadosa observación del uso que los niños 
hacen de estas ayudas externas, en las distintas edades y bajo 
condiciones diferentes de la dificultad de la tarea, Vygotski in- 
tentaba reconstruir las series de cambios en las operaciones inte- 
lectuales que normalmente se manifiestan en el curso del desa- 
rrollo biográfico del niño. Una tercera técnica consistía en impo- 
ner al pequeño una tarea que superara su conocimiento y capa- 
cidades, a fin de descubrir los comienzos rudimentarios de nuevas 
habilidades. Este procedimiento queda perfectamente ilustrado 
en estudios realizados sobre la escritura (capítulo 7), en los que 
se repartía papel y lápiz a niños pequeños que apenas si cami- 
naban, y se les pedía que dibujaran ciertos sucesos. De este modo, 
se revelaba al investigador los inicios de la comprensión del niño 
acerca de la naturaleza del simbolismo gráfico. 

En todos estos procedimientos, los datos críticos que sumi- 
nistra el experimento no constituyen el nivel de manipulación 
como tal, sino los métodos a través de los cuales se completa 
la manipulación. El contraste entre el trabajo experimental con- 
vencional (que se centra en la manipulación en sí) y el traba- 
jo de Vygotski (que presta mayor atención al proceso) halla su 
expresión contemporánea en los recientes estudios sobre la me- 
moria de los niños, realizados por investigadores americanos. 
Muchos de los mencionados estudios (incluyendo también cierto 
número de los nuestros) presentan a niños de distintas edades 
unas listas de palabras que han de recordar, analizando después 
la capacidad de manipulación, el número de palabras recordadas 
y el orden en que fueron memorizadas. Á partir de estos indi- 
cios, los investigadores trataron de hacer inferencias acerca de si 
los niños pequeños se embarcaban en actividades de organiza- 
ción como estrategia de la memoria, y, si así era, hasta qué punto 
se comprometían. Por otra parte, John Flavell y sus colegas, ha- 
ciendo uso de procedimientos muy similares a los de los dis- 


INTRODUCCIÓN 35 


cípulos de Vygotski, proporcionaron a los niños una serie de 
materiales que debían recordar, advirtiéndoles que podían hacer 
lo que quisieran para ayudarse a recordar. Á continuación ob- 
servaron atentamente los intentos de los niños por clasificar los 
objetos, los tipos de grupos y conjuntos que hacían, y otros indi- 
cios de las tendencias de los pequeños a utilizar estrategias de 
organización para poder memorizar las cosas. Al igual que con 
Vygotski, la cuestión central es: ¿Qué están haciendo los niños? 
¿De qué modo intentan satisfacer las exigencias impuestas en la 
tarea? 

En relación con lo expuesto, quisiéramos esclarecer un con- 
cepto básico de la aportación teórica y el método experimental de 
Vygotski, que, en nuestra opinión, ha sido interpretado errónea- 
mente. En varios lugares de sus textos, Vygotski, respecto a la 
estructura del comportamiento, utiliza un término que nosotros 
hemos traducido por «mediatizar». Algunas veces, dicho término 
aparece acompañado de una sigla que describe un estímulo, una 
respuesta, y un «vínculo mediador» entre aquéllos (por ejem- 
plo, S-X-R). Este mismo término, y virtualmente el mismo dia- 
grama, fueron introducidos en la teoría del aprendizaje en Amé- 
rica, a finales de los años treinta, haciéndose sumamente popu- 
lares en la década de los cincuenta, cuando se llevaron a cabo 
intentos de extender las teorías estímulo-respuesta del aprendi- 
zaje a la conducta humana compleja, especialmente al lenguaje. 
Es importante recordar que Vygotski 10 era un teórico del apren- 
dizaje estímulo-respuesta y nunca trató de que su idea de la con- 
ducta mediatizada fuera introducida en este contexto. Lo que sí 
quería transmitirnos a través de dicha noción era que, en las for- 
mas superiores del comportamiento humano, el individuo modifica 
activamente la situación estímulo como una parte del proceso 
de responder a la misma. Toda la estructura entera de esta acti- 
vidad producía la conducta que Vygotski trataba de señalar con 
el término «mediatizar». 

De las aproximaciones teóricas de Vygotski y de su método 
de experimentación se desprenden varias implicaciones. Una de 
ellas es que los resultados experimentales son de naturaleza tanto 
cualitativa como cuantitativa. Las descripciones detalladas, basa- 


36 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


das en cuidadosas observaciones, componen una parte importan- 
te de los hallazgos experimentales. Para algunos, tales descu- 
brimientos pueden parecer simplemente anecdóticos; sin embar- 
go, Vygotski sostenía que si se extraen objetivamente y con rigor 
científico, dichas observaciones adquieren el status de hechos 
perfectamente válidos. 

Otras consecuencias de esta aproximación a la experimenta- 
ción es la que permite derribar las barreras que tradicionalmente 
se erigen entre «laboratorio» y «campo». Las intervenciones y 
observaciones experimentales pueden realizarse exactamente igual, 
en el juego, en la escuela, y en clínicas, así como en el labora- 
torio psicológico, Las delicadas observaciones e intervenciones 
imaginativas descritas en este libro son prueba de dicha posi- 
bilidad. 

Otra consecuencia de esta aproximación a la experimenta- 
ción es que permite derribar las barreras que tradicionalmente 
mucho más cómodamente que el clásico método junto a otros 
métodos de las ciencias sociales relacionadas con la historia, in- 
cluyendo la historia de la cultura y de la sociedad, así como la 
historia del niño. Para Vygotski, los estudios sociológicos y 
antropológicos debían ir acompañados de la observación y el ex- 
perimento en la gran empresa de explicar el progreso de la 
conciencia y el intelecto humano. 


PRIMERA PARTE 


TEORÍA Y DATOS BÁSICOS 


Hidden page 


CAPÍTULO I 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO 
EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 


El objetivo básico que se propone el presente volumen es el 
de caracterizar los aspectos humanos de la conducta, y ofrecer 
hipótesis acerca del modo en que dichos rasgos se han ido for- 
mando en el curso de la historia humana y del modo en que se 
desarrollan a lo largo de la vida de un individuo. 

Este análisis está interesado en tres cuestiones fundamenta- 
les: 1) ¿Cuál es la relación entre los seres humanos y su entorno 
físico y social? 2) ¿Cuáles fueron las nuevas formas de actividad 
responsables del establecimiento del trabajo como medio fun- 
damental para relacionar a los seres humanos con la naturaleza y 
cuáles son las consecuencias psicológicas de dichas formas de 
actividad? 3) ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre el uso 
de las herramientas y el desarrollo del lenguaje? Ninguno de es- 
tos interrogantes ha sido tratado en profundidad por los estu- 
diosos interesados en la comprensión de la psicología animal y 
humana. 

Karl Stumpf, un eminente psicólogo alemán de principios de 
siglo, basó sus estudios en un conjunto de premisas completa- 
mente distintas de las que yo emplearé aquí.* Comparó el estudio 


l. K. Stumpf, «Zur Methodik der Kinderpsychologie», Zeitsch. f. púdag. 
Psychol., 2 (1900). di 


40 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


de los niños con el estudio de la botánica, subrayando el carác- 
ter botánico del desarrollo, que asoció a la maduración de todo 
el organismo. 

El hecho es que la maduración per se es un factor secundario 
en el desarrollo de las formas más complejas y singulares de la 
conducta humana, La progresiva evolución de dichas formas de 
conducta se caracteriza por complicadas transformaciones cuali- 
tativas de una forma de comportamiento en otra (o, como diría 
Hegel, una transformación de cantidad en calidad). El concep- 
to de maduración, como un proceso pasivo, no puede descri- 
bir de modo apropiado estos fenómenos complejos. Sin embargo, 
como Á. Gesell ha señalado acertadamente, en nuestras aproxi- 
maciones al desarrollo seguimos empleando la analogía botánica 
en nuestra descripción de la evolución del niño (por ejemplo, 
decimos que la temprana educación de los niños tiene lugar en 
un «kindergarten»).? Últimamente, algunos psicólogos han sugerido 
que este modelo botánico debe ser rechazado. 

En respuesta a estas críticas, la psicología moderna ha subido 
los peldaños de la ciencia adoptando los modelos zoológicos 
como base para una nueva aproximación general a la compren- 
sión del desarrollo de los niños. La psicología infantil, antes 
prisionera de la botánica, se halla ahora en manos de la zoología. 
Las observaciones en que se apoyan estos nuevos modelos pro- 
vienen casi totalmente del mundo animal, y las respuestas rela- 
cionadas con las cuestiones acerca de los niños se buscan en los 
experimentos que se llevan a cabo con animales. Tanto los re- 
sultados de tales experimentos con animales como los procedi- 
mientos utilizados para obtener dichos resultados hallan su pro- 
pio camino del laboratorio animal al parvulario. 

Esta convergencia de la psicología animal e infantil ha con- 
tribuido de modo significativo al estudio de las bases biológicas 
de la conducta humana. Á partir de ello, se han establecido 
numerosos vínculos entre la conducta del niño y la de los anima- 
les, especialmente en lo que respecta al estudio de los procesos 


2. A, Gesell, The Mental Growth of the Preschool Child, Macmillan, 
Nueva do 1925 (ed. rusa, Gosizdat., Moscú-Leningrado, 1930). 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 41 


psicológicos elementales. No obstante, ha surgido una paradoja. 
Cuando el modelo botánico estaba de moda, los psicólogos hacían 
hincapié en el carácter único de las funciones psicológicas supe- 
riores y en la dificultad que suponía el estudio de las mismas 
mediante la experimentación. Sin embargo, esta aproximación 
zoológica a los procesos intelectuales superiores —aquellos pro- 
cesos que son específicamente humanos— ha llevado a los psi- 
cólogos a interpretar las funciones intelectuales superiores como 
una continuación directa de los procesos animales correspon- 
dientes. Este tipo de teorías es especialmente evidente en el 
análisis de la inteligencia práctica en los niños, cuyo aspecto más 
importante consiste en el uso de instrumentos por parte del 
pequeño. 


INTELIGENCIA PRÁCTICA EN NIÑOS Y ANIMALES 


El trabajo de Wolfgang Kóhler es harto significativo en el 
estudio de la inteligencia práctica? Llevó a cabo innumerables 
experimentos con monos durante la primera guerra mundial, y 
comparó algunas de sus observaciones sobre la conducta de los 
chimpancés con determinados tipos de respuestas en los niños. 
Esta analogía directa entre la inteligencia práctica en el niño y 
la respuesta similar de los monos se convirtió en el principio 
guía de los trabajos experimentales en este campo. 

Las investigaciones de K. Buhler trataban de establecer tam- 
bién similitudes entre el niño y el mono.* Estudió el modo en 
que los niños pequeños cogen los objetos, su capacidad de dar 
un rodeo mientras persiguen un objetivo, y la manera de utilizar 
los instrumentos más primitivos. Estas observaciones, así como 
un experimento suyo en el que se le pedía a un niño que quitara 
un anillo de un palo, ilustran una aproximación análoga a la 


: pa W. Kúhler, The Mentality of Apes, Harcourt, Brace, Nueva York, 
4. K. Buhler, The Mental Development of the Child, Harcourt, Brace, 
Nueva York, 1930 (ed. rusa, 1924). 


42 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


de Kúhler. Buhler interpretó las manifestaciones de inteligencia 
práctica en el niño como si fueran exactamente las mismas a las 
que estamos familiarizados con los chimpancés. En realidad, exis- 
te una fase en la vida del pequeño que Buhler calificó como «la 
edad del chimpancé» (p. 48). Un niño de diez meses al que esta- 
ba estudiando, demostró ser capaz de tirar de una cuerda para 
poder obtener un dulce que estaba atado al otro extremo. Sin 
embargo, la habilidad para sacar un anillo de un palo levantán- 
dolo en lugar de tratar de ponerlo de lado no aparece hasta la 
mitad del segundo año de vida? Aunque estos experimentos se 
interpretaran como apoyo para la analogía entre el niño y los 
monos, lleyaron a Buhler al importante descubrimiento, que ex- 
plicamos más adelante en otro capítulo, de que los comienzos 
de la inteligencia práctica en el niño (que calificó de «pensamien- 
to técnico»), al igual que las acciones del chimpancé, son inde- 
pendientes del lenguaje. 

Las observaciones detalladas de Charlotte Buhler con niños 
durante su primer año de vida sostienen también esta conclu- 
sión* Descubrió que las primeras manifestaciones de inteligencia 
práctica se dan a los seis meses de vida. No obstante, no es única- 
mente el uso de los instrumentos lo que se desarrolla de este modo 
en la historia del niño, también el movimiento sistemático y la 
percepción, el cerebro y las manos, es decir, todo el organismo del 
pequeño entra en acción. Por consiguiente, el sistema de actividad 
del niño está determinado en cada etapa específica tanto por el 
grado de desarrollo orgánico del niño como por su grado de do- 
minio en el uso de los instrumentos. 

K. Buhler estableció el importante principio evolutivo de que 
los inicios del lenguaje inteligente están precedidos por el pensa- 
miento técnico, y éste comprende la fase inicial del desarrollo 
cognoscitivo. Su directriz, al afirmar con énfasis especial las sem- 
blanzas de la conducta del pequeño con el chimpancé, ha sido 


Child o 
a o 
6. C. Bu ra A Fa el First Y ear of Life, Day, Nueva Pork, 1930. 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 43 


secundada por muchos otros. Sin embargo, al extrapolar esta 
idea, los peligros de los modelos zoológicos y las analogías entre 
el comportamiento humano y el animal encuentran su más clara 
expresión. Las trampas son escasas en la investigación que hace 
hincapié en el período preverbal del desarrollo del niño, tal como 
hizo Buhler. No obstante, elaboró una conclusión cuestionable, a 
partir de su trabajo con niños bastante pequeños: «Los logros 
del chimpancé son totalmente independientes del lenguaje, y en el 
caso del hombre, incluso en edad más tardía, el pensamiento téc- 
nico, o sencillamente el pensamiento referido a instrumentos, está 
mucho menos íntimamente relacionado con el lenguaje y los con- 
ceptos que con otras formas de pensamiento».* 

Buhler partía de la suposición de que la relación entre la inteli- 
gencia práctica y el lenguaje, que caracteriza al niño de diez meses, 
permanece intacta a lo largo de toda su vida. Este análisis que 
postula la independencia de la acción inteligente del lenguaje es 
contrario a nuestros propios descubrimientos, que nos revelan la 
integración del lenguaje y el pensamiento práctico en el curso del 
desarrollo, 

Shapiro y Gerke nos ofrecen un importante análisis del desa- 
rrollo del pensamiento práctico en los niños, basado en experimen- 
tos semejantes a los estudios de Kóhler sobre los chimpancés, a 
quienes hacía resolver problemas. Éstos postulan que el pensa- 
miento práctico de los niños es similar al pensamiento adulto en 
ciertos aspectos, mientras que en otros es distinto, y subrayan el 
importante papel que desempeña la experiencia social en el de- 
sarrollo humano. Según su punto de vista, la experiencia social 
ejerce su efecto a través de la imitación; cuando el niño imita el 


7. K. Buhler, Mental Developrrient, pp. 49-51, Véase también C. Buhler, 
First Year. La capacidad lingilística de los chimpancés suele ser un tema 
corriente de controversias entre psicólogos y lingilistas. Parece evidente que 
los chimpancés son capaces de desarrollar un sistema de signos más comple- 
jo de lo que imaginó Buhler, y Vygutsxi escribió mumerosos párrafos al 
respecto. Sin embargo, las Ea, respecto a la capacidad cognoscitiva 
y lingúística apoyada por estas observaciones siguen todavía discutiéndose 
A 

8. A. Shapiro y E. D. Gerke, descritos en M. Ya. Basov, Fundamer- 
tos de Paidologia general, Gosizdat., Moscú-Leningrado, 1928, 


44 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


modo en que los adultos hacen uso de las herramientas y objetos 
domina ya el principio de sentirse involucrado en una determinada 
actividad, Dichos autores afirman que las acciones repetidas se 
acumulan unas sobre otras como en una fotografía con varias 
exposiciones; los rasgos más comunes se hacen patentes y las 
diferencias se desvanecen. El resultado es un esquema cristalizado, 
un principio de actividad definido. El niño, a medida que va al- 
macenando experiencia, adquiere un número cada vez mayor de 
modelos que es capaz de comprender. Dichos modelos representan 
un diseño acumulativo de todas las acciones similares; al mismo 
tiempo, son también un indicio de los posibles tipos de acción en 
el futuro. 

Sin embargo, la noción de adaptación de Shapiro y Gerke está 
demasiado firmemente vinculada a una concepción mecánica de la 
repetición. Para ellos, la experiencia social sirve únicamente para 
proporcionar al niño esquemas motores; no toman en considera- 
ción los cambios que se producen en la estructura interna de las 
operaciones intelectuales del niño. En sus descripciones acerca de 
observaciones de niños resolviendo problemas que les han sido 
planteados, los autores se ven obligados a señalar el «papel espe- 
cífico realizado por el lenguaje» en los esfuerzos prácticos y de 
adaptación del niño en crecimiento. No obstante, su descripción 
de dicho rol es muy extraña. «El lenguaje», afirman, «sustituye 
y compensa la adaptación real; no actúa como puente que con- 
duce a experiencias pasadas sino que lleva a una adaptación pu- 
ramente social que únicamente se logra a través del experimen- 
tador.» Este análisis no toma en consideración la contribución 
que lleva a cabo el lenguaje al desarrollo de una nueva organiza- 
ción estructural de actividad práctica. 

Guillaume y Meyerson ofrecen una conclusión diferente en lo 
que respecta al rol del habla en la asimilación de las formas hu- 
manas típicas de conducta? A partir de sus harto interesantes ex- 
perimentos acerca del uso de herramientas entre los monos, lle- 


garon a la conclusión de que los métodos utilizados por los 


9, P. Guillaume e l. erson, «Recherches sur Pusage de l'instrument 
chez les singes», Journal de Psychologie, 27 (1930): pp. 177-236. 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 45 


simios para realizar una tarea determinada son similares y coinci- 
den en ciertos puntos con los empleados por individuos que su- 
fren de afasia (es decir, personas privadas del lenguaje). Sus 
hallazgos apoyan mi suposición de que el lenguaje desempeña un 
papel esencial en la organización de las funciones psicológicas su- 
periores.” 

Estos ejemplos experimentales nos devuelven nuevamente al 
principio de nuestro repaso de teorías psicológicas relativas al 
desarrollo infantil. Los experimentos de Buhler indican que la 
actividad práctica del niño pequeño anterior al desarrollo del len- 
guaje es idéntica a la del mono, mientras que Guillaume y Me- 
yerson aseguran que la conducta del mono es semejante a la ob- 
servada en personas privadas de lenguaje. Ambas líneas de trabajo 
centran nuestra atención en la importancia de comprender la ac- 
tividad práctica de los niños cuando éstos empiezan a hablar. Mi 
propio trabajo, así como el de mis colaboradores, está abocado 
al esclarecimiento de estos mismos problemas. No obstante, nues- 
tras premisas difieren notablemente de las de los investigadores 
precedentes. Nuestro interés básico es describir y determinar el 
desarrollo de aquellas formas de inteligencia práctica que son 
especificamente humanas. 


RELACIONES ENTRE EL LENGUAJE Y EL USO DE INSTRUMENTOS 


En sus clásicos experimentos con monos, Kóhler demostró la 
futilidad de intentar desarrollar en los animales incluso los signos 
más elementales y las operaciones simbólicas. Llegó a la conclu- 
sión de que el uso de utensilios por parte de los monos es total- 
mente independiente de la actividad simbólica. Posteriores intentos 
destinados a cultivar el lenguaje productivo en el mono han de- 
sembocado en resultados negativos. Una vez más, dichos experi- 


10. Vygotski apenas realizó investigaciones sobre la afasia. El error de 
esta conclusión y las subsiguientes modificaciones de su teoría relativa a la 
a e ra Luria; véase Traumatic Apbhasia, 

ton, ya, 1970. 


46 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


mentos demostraron que el comportamiento motivado de un ani- 
mal es independiente de cualquier tipo de lenguaje y de la acti- 
vidad de utilizar signos. El estudio de la utilización de instrumen- 
tos, al margen del empleo de signos, es frecuente en los trabajos 
de investigación sobre la historia natural de la inteligencia prácti- 
ca; por otra parte, los psicólogos interesados en el estudio del 
desarrollo de los procesos simbólicos en el niño han seguido tam- 
bién el mismo procedimiento. Por consiguiente, el origen y desa- 
rrollo del lenguaje, así como de todas las otras actividades que 
utilizan signos han sido tratados al margen de la organización de 
la actividad práctica en el niño. Los psicólogos prefirieron estu- 
diar el desarrollo del empleo de signos como un ejemplo de in- 
telecto puro y no como producto de la historia evolutiva del 
niño. A menudo atribuían el uso de signos al descubrimiento es- 
pontáneo por parte del niño de la relación entre los signos y sus 
significados. Tal como sostenía W, Stern, el reconocimiento de que 
los signos verbales poseen un significado constituye «el mayor des- 
cubrimiento en la vida del niño».! Numerosos autores sitúan este 
feliz «momento» en el paso del año a los dos años de vida, y lo con- 
sideran como el producto de la actividad mental del niño. Un 
examen detallado del desarrollo del lenguaje y de otras formas 
del uso de signos se estimó innecesario. Sin embargo, habitual- 
mente se ha supuesto que la mente del pequeño contiene todos 
los estadios del futuro desarrollo intelectual; éstos existen en su 
forma completa, a la espera del momento adecuado para hacer 
su aparición. 

No sólo se pensaba que el lenguaje y la inteligencia práctica 
tenían distinto origen, sino que se consideraba que su participa- 
ción en operaciones comunes no poseía ninguna importancia psi- 
cológica básica (como en el trabajo de Shapiro y Gerke). Incluso 
cuando el lenguaje y el empleo de instrumentos estaban Íntima- 
mente ligados en una operación, se estudiaban como procesos 
separados pertenecientes a dos clases completamente distintas de 


11, W. Stern, Psychology of Early Childhood up to tbe Sixth Year of 
Age, od Rinehart and Winston, ii York, 1924 (ed. rusa, Petrogrado, 
1915) 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 47 


fenómenos. Como mucho, su aparición simultánea se consideraba 
como una consecuencia accidental de factores externos. 

Aquellos que se dedican al estudio de la inteligencia práctica, 
así como los que estudian el desarrollo del lenguaje, a menudo no 
logran vislumbrar la interrelación de estas dos funciones. En con- 
secuencia, la conducta adaptativa de los niños y la actividad de 
utilizar signos se tratan como fenómenos paralelos; este punto 
de vista nos lleva al concepto de Piaget de lenguaje «egocéntri- 
co».” Este no atribuía al lenguaje un papel importante en la 
organización de las actividades del pequeño, ni subrayaba sus 
funciones comunicativas, aunque se viera obligado a admitir su 
importancia práctica. 

Aunque la inteligencia práctica y el uso de los signos puedan 
operar independientemente la una del otro en los niños peque- 
ños, la unidad dialéctica de estos sistemas en el ser humano adulto 
es la esencia de la conducta humana compleja. Nuestro análisis 
concede a la actividad simbólica una específica función organizado- 
ra que se introduce en el proceso del uso de instrumentos y 
produce nuevas formas de comportamiento. 


INTERACCIÓN SOCIAL Y TRANSFORMACIÓN DE LA ACTIVIDAD 
PRÁCTICA 


Basándonos en la discusión planteada en el apartado prece- 
dente e ilustrada por el trabajo experimental que más adelante 
describiremos, podemos extraer la siguiente conclusión: el so- 
mento más significativo en el curso del desarrollo intelectual, que 
da a luz las formas más puramente bumanas de la inteligencia 
práctica y abstracta, es cuando el lenguaje y la actividad práctica, 


12, y Piaget, The Language and Thought of the Child, Meridian Books, 
Nueva York, 1955 (también International Library of Psychology, 1925). Las 
diferencias entre los puntos de vista de Vygotski y Piaget acerca del desarro- 
llo temprano del lenguaje y el pr del lenguaje e ai se exponen 
extensamente en el capítulo 3 de la obra de Vygotski Thougbt and Language, 
MIT Press, Cambridge, 1962 y en el volumen de ensayos de Piaget, Seis 
estudios de psicologia, Barral Editores, Barcelona, 1970. 


48 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


dos lineas de desarrollo antes completamente independientes, con- 
vergen. Aunque durante su período preverbal, el uso que el pe- 
queño hace de los instrumentos sea comparable al de los monos, 
tan pronto como el lenguaje hace su aparición junto con el 
empleo de los signos y se incorpora a cada acción, ésta se trans- 
forma y se organiza de acuerdo con directrices totalmente nuevas. 
El uso específicamente humano de las herramientas se realiza, 
pues, de este modo, avanzando más allá del uso limitado de instru- 
mentos entre los animales superiores. 

Antes de llegar a dominar su propia conducta, el niño comien- 
za a dominar su entorno con la ayuda del lenguaje. Ello posibilita 
nuevas relaciones con el entofno además de la nueva organiza- 
ción de la propia conducta. La creación de estas formas de con- 
ducta esencialmente humanas produce más adelante el intelecto, 
convirtiéndose, después, en la base del trabajo productivo: la for- 
ma específicamente humana de utilizar las herramientas. 

Observaciones de niños en una situación experimental similar 
a la de los monos de Kóhler muestran que los pequeños no sólo 
actúan tratando de alcanzar una meta, sino que también hablan. 
Como si de una norma se tratara, la conversación surge espontá- 
neamente y continúa casi sin interrupción a lo largo de todo el 
experimento. Aumenta y se hace persistente cada vez que la 
situación se va complicando y la meta se hace más difícil de al- 
canzar. Los intentos de bloquearla (como muestran los experi- 
mentos de mi colaborador R. E. Levina) resultan infructuosos o 
excluyen al niño de la tarea, 

Levina planteó problemas prácticos para niños de cuatro y 
cinco años, problemas tales como alcanzar un dulce de un arma- 
rio. El dulce estaba colocado fuera del alcance del niño, de modo 
que éste no podía cogerlo directamente. A medida que el peque- 
ño se iba enfrascando más y más en la tarea de alcanzar el dulce, 
el lenguaje «egocéntrico» empezó a manifestarse como parte in- 
tegrante de sus activos esfuerzos. Al principio, ese lenguaje con- 
sistía en una descripción y análisis de la cuestión, pero gradual- 
mente adoptó un carácter «planificador», reflexionando sobre los 
posibles caminos que podrían llevarle a la solución del problema. 
Por último, se incluyó como parte de la solución. 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 49 


Por ejemplo, a una niña de cuatro años y medio se le pidió 
que alcanzara un dulce de un armario con un taburete y un palo 
como posibles herramientas. La descripción de Levina reza de 
este modo: (Se sube a un taburete, observa silenciosamente, pal- 
pando con el palo una estantería), «Encima del taburete.» (Mira 
al experimentador. Coge el palo con la otra mano.) «¿Es éste el 
dulce?» (Duda.) «Lo podré alcanzar desde el otro taburete, me 
pondré de pie y lo cogeré.» (Agarra el segundo taburete.) «No, no 
llego. Podría usar el palo.» (Coge el palo y golpea suavemente 
el dulce.) «Ahora se moverá.» (Golpea el dulce.) «Se cayó, yo no 
podía alcanzarlo con el taburete, pero el palo funcionó.» * 

En tales circunstancias parece que es natural y necesario para 
los niños hablar mientras actúan; en nuestra investigación hemos 
descubierto que el lenguaje no sólo acompaña a la actividad prácti- 
ca, sino que también desempeña un papel específico en su realiza- 
ción. Así pues, nuestros experimentos demostraron dos hechos 
importantes: 

1) Para el niño el hablar es tan importante como el actuar 
para lograr una meta. Los niños no hablan sólo de lo que están 
haciendo; su acción y conversación son parte de una única y misma 
función psicológica dirigida hacia la solución del problema plan- 
teado. 

2) Cuanto más compleja resulta la acción exigida por la si- 
tuación y menos directa sea su solución, tanto mayor es la impor- 
tancia del papel desempeñado por el lenguaje en la operación 
como un todo. Á veces el lenguaje adquiere una importancia tal 
que, si no se permitiera hablar, los niños pequeños no podrían 
realizar la tarea encomendada. 

Estas observaciones me llevaron a la conclusión de que los 
niños resuelven tareas prácticas con la ayuda del lenguaje, asi 
como con la de sus ojos y de sus manos. Esta unidad de percep- 


13, Véase R. E. Levina, respecto a las ideas de Vygotski sobre el papel 
que desempeña el lenguaje en los niños, Voprosi Psikbologii, 14 (1938): 
pp. 105-115, Aunque ina hiciera dichas observaciones a finales de los 
años veinte, éstas han quedado sin publicar excepto en lo que a esta 
breve explicación se refiere. 


50 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


ción, lenguaje y acción, que en última instancia produce la inter- 
nalización del campo visual, constituye el tema central para cual- 
quier análisis del origen de las formas de conducta específicamente 
humanas. 

Para desarrollar el primero de estos dos puntos, hemos de 
preguntar: ¿Qué es lo que en realidad distingue las acciones del 
niño que habla de las acciones de un mono cuando están resol. 
viendo problemas prácticos? 

Lo primero que impresiona al experimentador es la libertad 
incomparablemente mayor de las operaciones de los niños, su 
mayor independencia de la estructura de la situación visual con- 
creta. Los niños, con la ayuda del lenguaje, crean mayores posi- 
bilidades de las que los monos pueden realizar a través de la 
acción. Una importante manifestación de esta mayor flexibilidad 
es que el niño es capaz de ignorar la línea directa entre el actor 
y la meta. Al contrario, se entretiene en una serie de actos pre- 
liminares, sirviéndose de lo que llamamos métodos instrumenta- 
les o mediatos (indirectos). En el proceso de resolución de una 
tarea, el pequeño es capaz de incluir estímulos que no están 
ubicados dentro del campo visual inmediato. Al utilizar las pala- 
bras (una clase de estos estímulos) para crear un plan específico, el 
niño alcanza un rango mucho más amplio de efectividad, utili- 
zando como herramientas no sólo aquellos objetos que están al 
alcance de su mano, sino buscando y preparando estímulos que 
puedan ser útiles para la resolución de la tarea, planeando accio- 
nes futuras. 

En segundo lugar, las operaciones prácticas de un niño que 
ya puede hablar son mucho menos impulsivas y espontáneas que 
las del mono. Éste lleva a cabo una serie de intentos incontrolados 
para resolver el problema planteado. En cambio, el niño que 
utiliza el lenguaje divide la actividad en dos partes consecutivas. 
Planea cómo resolver el problema a través del lenguaje y luego 
lleva a cabo la solución a través de la actividad abierta. La ma- 
nipulación directa queda reemplazada por un complejo proceso 
psicológico mediante el cual la motivación interna y las intencio- 
nes, pospuestas en el tiempo, estimulan su propio desarrollo y 
realización. Este nuevo tipo de estructura psicológica está ausen- 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 51 


te en los monos, incluso en sus formas más rudimentarias. 

Por último, hay que señalar que el lenguaje no sólo facilita la 
mani n efectiva de objetos por parte del niño, sino que tam- 
bién controla el comportamiento del pequeño. Así pues, con la 
ayuda del lenguaje, a diferencia de los monos, los niños adquieren 
la capacidad de ser sujetos y objetos de su propia conducta. 

La investigación experimental del lenguaje egocéntrico de los 
niños se interesó por varias actividades, tales como las ilustradas 
por Levina, produciendo el segundo punto de gran importancia 
demostrado por nuestros experimentos: la cantidad relativa de 
lenguaje egocéntrico, medida con los métodos de Piaget, aumenta 
en relación con la dificultad de la tarea exigida. Basándonos en 
estos experimentos, mis colaboradores y yo desarrollamos la hi- 
pótesis de que el lenguaje egocéntrico de los niños debía consi- 
derarse como la forma transicional entre el lenguaje externo e 
interno, Funcionalmente, el lenguaje egocéntrico es la base para 
el lenguaje interior, mientras que en su forma externa se halla 
encajonado en el lenguaje comunicativo. 

Para aumentar la producción de lenguaje egocéntrico no hay 
más que complicar la tarea, de modo que el niño no pueda utilizar 
directamente los instrumentos para solucionar el problema. Cuan- 
do el pequeño se encuentra ante tal desafío, el uso emocional 
del lenguaje aumenta así como sus esfuerzos por lograr una so- 
lución menos automática y más inteligente. Buscan verbalmente 
un nuevo plan, y sus expresiones revelan la íntima conexión exis- 
tente entre lenguaje egocéntrico y socializado. Ello puede com- 
probarse perfectamente cuando el experimentador sale de la habi- 
tación o no responde a las peticiones de ayuda por parte de los 
niños. Al verse privados de la oportunidad de desarrollar un 
lenguaje social, los niños conectan inmediatamente al lenguaje ego- 
céntrico. 

Si bien la interrelación de estas dos funciones del lenguaje 
resulta evidente en la mencionada situación, es importante recor- 
dar que el lenguaje egocéntrico está vinculado al lenguaje social 


14, J. Piaget, Language and Thought, p. 110, 


52 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


de los niños por muchas formas transicionales. La primera ilustra- 
ción significativa del vínculo existente entre estas dos funciones 
del lenguaje se da cuando los niños descubren que son incapaces 
de resolver un problema por sí solos. Entonces se dirigen hacia 
un adulto y describen verbalmente el método que no pueden 
llevar a cabo solos. El mayor cambio de la capacidad del niño en 
el uso del lenguaje como instrumento para resolver problemas 
tiene lugar en una etapa posterior de su desarrollo, cuando el 
lenguaje socializado (que, en un principio, se utiliza para dirigirse 
a un adulto) se interioriza. En lugar de acudir al adulto, los 
niños recurren a sí mismos; de este modo, el lenguaje adquiere 
una función intrapersonal además de su uso interpersonal. En el 
momento en que los niños desarrollan un método de conducta 
para guiarse a sí mismos, y que antes había sido utilizado en 
relación con otra persona, en el momento en que organizan sus 
propias actividades de acuerdo con una forma de conducta social, 
consiguen aplicar una actitud social a sí mismos. La historia del 
proceso de internalización del lenguaje social es también la histo- 
ria de la socialización de la inteligencia práctica del niño. 

La relación entre lenguaje y acción es una relación dinámica 
en el curso del desarrollo del niño. La relación estructural puede 
cambiar incluso durante un experimento. El cambio crucial se 
produce del siguiente modo: En un primer estadio el lenguaje 
acompaña a las acciones del pequeño y refleja las vicisitudes de la 
resolución de problemas de forma caótica y desorganizada. En un 
estadio posterior, el lenguaje se acerca cada vez más al punto de 
partida del proceso, de modo que acaba por preceder a la acción. 
Funciona como una ayuda a un plan que ha sido concebido pero 
no realizado en la conducta. En el lenguaje de los niños podemos 
hallar una interesante analogía mientras dibujan (véase también el 
capítulo 8), Los niños pequeños sólo ponen nombre a sus dibujos 
una vez los han terminado, necesitan verlos antes de decidir qué 
son. Á medida que van creciendo, adquieren la capacidad de 
decidir por adelantado aquello que van a dibujar. Este desplaza- 
miento del proceso de denominación significa un cambio en la 
función del lenguaje. En un principio, el lenguaje sigue a las 
acciones, está provocado y dominado por la actividad. Sin em- 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 53 


bargo, en los estadios superiores, cuando el lenguaje se desplaza 
hacia el punto de partida de una actividad, surge una nueva 
relación entre la palabra y la acción. Ahora el lenguaje guía, de- 
termina y domina el curso de la acción; la función planificadora 
del lenguaje hace su aparición junto con la ya existente función 
del lenguaje de reflejar el mundo externo.' 

Al igual que un molde da forma a una sustancia, las palabras 
pueden transformar una actividad en una estructura. No obstante, 
dicha estructura puede ser modificada o remodelada cuando los 
niños aprenden a utilizar el lenguaje de modo que les permita ir 
más allá de las experiencias precedentes al planear una acción fu- 
tura. En contraste con la noción del descubrimiento repentino 
divulgado por Stern, nosotros consideramos la actividad verbal 
e intelectual como una serie de estadios en los que las funciones 
comunicativas y emocionales del lenguaje están desarrolladas por 
el advenimiento de la función planificadora. Como consecuencia 
de ello, el pequeño adquiere la capacidad de emprender operacio- 
nes complejas que se prolongan durante un tiempo suplementario. 

A diferencia del mono, del que Kóhler nos dice que es «el 
esclavo de su propio campo visual», los niños adquieren una 
independencia respecto a su entorno concreto; dejan de actuar 
en el espacio inmediato y evidente. Una vez han aprendido a uti- 
lizar de modo efectivo la función planificadora de su lenguaje, su 
campo psicológico cambia radicalmente. La visión del futuro pasa 
a ser parte integrante de sus aproximaciones a su entorno. En los 
capítulos siguientes describiré el curso evolutivo de algunas de 
estas funciones psicológicas centrales con mayor detalle. 

Para resumir lo que hasta ahora se ha dicho en este apartado, 
repetiremos: La capacidad específicamente humana de desarrollar 
el lenguaje ayuda al niño a proveerse de instrumentos auxiliares 
para la resolución de tareas difíciles, a vencer la acción impulsiva, 
a planear una solución del problema antes de su ejecución y a 
dominar la propia conducta. Los signos y las palabras sirven a 


15, En el capítulo 7 de Thought and Lan , podemos encontrar una 
descripción más completa de dichos Sat po em 


54 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


los niños, en primer lugar y sobre todo, como un medio de con- 
tacto social con las personas. Las funciones cognoscitivas y comu- 
nicativas del lenguaje se convierten en la base de una nueva for- 
ma superior de actividad en los niños, distinguiéndolos de los 
animales. 

Sin embargo, los cambios que acabo de describir no se produ- 
cen de modo unidimensional y uniforme. Nuestras investigaciones 
han demostrado que los niños muy pequeños resuelven problemas 
utilizando extrañas mezclas de procesos. A diferencia de los adul- 
tos, que reaccionan de modo distinto frente a los objetos y las 
personas, los niños pequeños son capaces de fundir acción y len- 
guaje cuando responden tanto a los objetos como a los seres 
sociales. Esta fusión de actividad es análoga al sincretismo en la 
percepción, el cual ha sido descrito por numerosos psicólogos evo- 
lucionistas. 

La desigualdad de la que estoy hablando puede observarse 
claramente en una situación en la que los niños pequeños, cuando 
no logran resolver fácilmente la tarea impuesta, combinan inten- 
tos directos destinados a obtener el resultado deseado con una 
cierta confianza en el lenguaje emocional. Una veces el lenguaje 
expresa los deseos del pequeño, mientras que otras sirve de 
sustituto en el logro real del objetivo. El niño puede intentar 
resolver la tarea a través de formulaciones verbales y mediante 
súplicas para obtener la ayuda del experimentador, Esta mezcla 
de.distintas formas de actividad era, al principio, desconcertante; 
pero posteriores observaciones dirigieron nuestra atención a una 
secuencia de acciones que desvelan el significado de la conducta 
de los niños en tales circunstancias. Por ejemplo, después de lle- 
var a cabo una serie de acciones inteligentes e interrelacionadas 
que deberían ayudarle a resolver un determinado problema sa- 
tisfactoriamente, el niño, al encontrarse con una dificultad, aban- 
dona repentinamente cualquier intento y se dirige al experimen- 
tador en busca de ayuda. Cualquier obstáculo que se interponga 
a los esfuerzos del niño al tratar de solucionar el problema puede 
interrumpir su actividad. La súplica verbal del pequeño a otra 
persona es un esfuerzo más para llenar el vacío que ha revelado su 
actividad. Al formular una pregunta, el niño indica que, de hecho, 


INSTRUMENTO Y SÍMBOLO EN EL NIÑO 55 


ya ha trazado un plan para resolver la tarea que se halla frente 
a él, pero es incapaz de realizar todas las operaciones necesarias. 

Á través de repetidas experiencias de este tipo, los niños 
aprenden silenciosamente (mentalmente) a planear sus actividades. 
Al mismo tiempo, consiguen la ayuda de otra persona, de acuerdo 
con los requerimientos del problema planteado. La capacidad que 
tiene el niño de controlar la conducta de otra persona se conviet- 
te en una parte necesaria de la actividad práctica del niño. 

Al principio, el hecho de resolver el problema junto con otra 
persona no está diferenciado en lo que respecta a los papeles de- 
sempeñados por el niño y su ayudante; se trata de un todo gene- 
ral, sincrético. Más de una vez hemos observado que en el curso 
de la resolución de una tarea, los niños se desconciertan porque 
empiezan a combinar la lógica de lo que están haciendo con la 
lógica del mismo problema en la medida en que ha de ser resuel- 
to con la cooperación de otra persona. A veces la acción sincré- 
tica se manifiesta cuando los niños se dan cuenta de la inutilidad 
de sus esfuerzos directos para resolver un problema. Como en 
el ejemplo del trabajo de Levina, los niños se dirigen a los obje- 
tos de su atención tanto con palabras como con palos, demostran- 
do así el vínculo fundamental e inseparable entre lenguaje y ac- 
ción en la actividad del pequeño; esta unidad se hace especial- 
mente patente cuando la comparamos a la separación de estos 
procesos existentes en los adultos. 

En pocas palabras, los niños enfrentados a un problema ligera- 
mente complicado para ellos hacen gala de una compleja variedad 
de respuestas, incluyendo los intentos directos para alcanzar el 
objetivo, el uso de instrumentos, el lenguaje dirigido hacia la 
persona que realiza el experimento o el lenguaje que simplemen- 
te acompaña a la acción, y las llamadas verbales y directas al 
objeto de su atención. 

Si lo analizamos desde el punto de vista dinámico, esta mez- 
cla de lenguaje y acción tiene una función muy específica en la 
historia del desarrollo del niño; demuestra la lógica de su pro- 
pia génesis. A partir de los primeros días del desarrollo del niño, 
sus actividades adquieren un significado propio en un sistema de 
conducta social y, al dirigirse hacia un objetivo concreto, se re- 


56 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


fractan a través del prisma del entorno del pequeño. El camino 
que va del niño al objeto y del objeto al niño pasa a través 
de otra persona. Esta compleja estructura humana es el producto 
de un proceso evolutivo profundamente enraizado en los vínculos 


existentes entre la historia individual y la historia social. 


CarítTuLO II 


DESARROLLO DE LA PERCEPCIÓN 
Y DE LA ATENCIÓN 


La conexión existente entre el uso de instrumentos y el len- 
guaje afecta a varias funciones psicológicas, especialmente a la 
percepción, a las operaciones sensorio-motrices y a la atención, 
cada una de las cuales es parte integrante de un sistema dinámico 
de conducta. La investigación evolutivo-experimental indica que 
las conexiones y relaciones entre las distintas funciones constitu- 
yen sistemas que cambian radicalmente en el curso del desarrollo 
del niño como ocurre con las funciones individuales. Mediante un 
análisis de cada una de las funciones mencionadas examinaré el 
modo en que el lenguaje introduce cambios cualitativos, tanto 
en su forma como en su relación con otras funciones, 

La obra de Kóhler hacía hincapié en la importancia de la es- 
tructura del campo visual para la organización de la conducta 
práctica del mono. El proceso entero de la resolución de un proble- 
ma está básicamente determinado por la percepción. Respecto 
a ello, Kóhler tenía sobrados motivos para creer que dichos ani- 
males están limitados por su campo sensorial en mayor grado de 
lo que lo están los seres humanos adultos. Son incapaces de modi- 
ficar su campo sensorial mediante el esfuerzo voluntario. En reali. 
dad quizá resultaría útil considerar como una ley general la depen- 
dencia de todas las formas naturales de percepción en la estructura 
del campo sensorial. 


58 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Sin embargo, la percepción de un niño, al tratarse de un ser 
bumano, no se desarrolla como una continuación directa y ulterior 
perfección de las formas de la percepción animal, ni siquiera de 
aquellos animales más próximos al género humano. Los experimen- 
tos realizados para esclarecer dicho problema nos llevan al des- 
cubrimiento de algunas leyes básicas que caracterizan las formas 
superiores de la percepción humana. 

El primer conjunto de experimentos hacen referencia a los 
estados evolutivos de la percepción de láminas en los niños. An- 
teriormente, Binet había llevado a cabo experimentos semejan- 
tes, describiendo aspectos específicos de la percepción en los niños 
pequeños y su dependencia en los mecanismos psicológicos supe 
riores, y Stern los había analizado detalladamente.* Ambos auto- 
res encontraron que el modo en que los niños pequeños descri- 
ben las láminas difiere según los distintos estadios. Un niño de 
dos años suele limitar su descripción a los objetos inconexos que 
figuran en las láminas. En cambio los niños mayores describen 
las acciones e indican las relaciones complejas entre los objetos 
separados que aparecen en el dibujo. Stern dedujo de tales ob- 
servaciones que el estadio en que los niños perciben objetos se- 
parados precede al estadio posterior en que perciben acciones y 
relaciones además de los objetos, es decir, a la etapa en que per- 
ciben la lámina como un todo. Sin embargo, muchas observacio- 
nes psicológicas indican que los procesos perceptivos del niño 
se hallan inicialmente unidos y que sólo más tarde se diferencian. 

Nosotros, por nuestra parte, resolvimos la contradicción entre 
estas dos posiciones mediante un experimento exactamente igual 
al realizado por Stern acerca de las descripciones de láminas; en 
él pedimos a los niños que nos comunicaran el contenido de una 
lámina sin hablar. Indicamos que la descripción debía hacerse 
mediante una pantomima. El niño de dos años, que según el es- 
quema de Stern se hallaba todavía en el estudio del «objeto» se- 
parado, percibió las figuras dinámicas del dibujo y las reprodujo 
fácilmente utilizando la pantomima. Lo que Stern consideró como 


1. A. Binet, «Perception des enfants», Revue Pbhilosopbique, 30 (1890): 
pp. 582-611. Stern, Psychology of Early Childhood. : 


PERCEPCIÓN Y ATENCIÓN 59 


una característica de las habilidades perceptivas del niño resultó 
ser un producto de las limitaciones de su desarrollo lingilístico o, 
en otras palabras, un rasgo de su percepción verbalizada. 

Una serie de observaciones relacionadas una con otras demos- 
tró que el rotular las cosas con nombres es la función primaria 
del lenguaje de los niños pequeños. Ello permite al pequeño ele- 
gir un objeto determinado, separarlo de la situación global que 
está percibiendo. Sin embargo el niño embellece al mismo tiem- 
po sus primeras palabras con gestos expresivos, que compensan 
sus dificultades al comunicarse a través del lenguaje. Gracias a las 
palabras, los niños distinguen elementos separados, superando 
con ello la estructura natural del campo sensorial y formando nue- 
vos (artificialmente introducidos y dinámicos) centros estructura- 
les. El niño comienza a percibir el mundo no sólo a través de 
sus ojos, sino también a través de su lenguaje. En consecuencia, 
la inmediatez de la percepción «natural» queda sustituida por un 
proceso mediato y complejo; como tal, el lenguaje se convierte 
en una parte esencial del desarrollo cognoscitivo del niño. 

Más tarde, los mecanismos intelectuales relacionados con el 
lenguaje adquieren una nueya función; la percepción verbalizada 
en el niño ya no está limitada al hecho de etiquetar las cosas con 
nombres. En este estadio de desarrollo, el lenguaje adopta una 
función sintetizadora, que, a su vez, es también instrumental al 
lograr formas más complejas de percepción cognoscitiva. Estos 
cambios dotan a la percepción humana de un carácter totalmente 
nuevo, distinto de los procesos análogos en los animales superio- 
res. 

El papel del lenguaje en la percepción es sumamente importan- 
te debido a las tendencias opuestas implícitas en la naturaleza 
de la percepción visual y del lenguaje. En un campo visual, los 
elementos pendientes se perciben simultáneamente; en este senti- 
do, la percepción visual es completa. Por otra parte, el lenguaje 
requiere un sistema de secuencias. Cada elemento está clasificado 
individualmente y luego relacionado en una estructura de frase, 
haciendo del lenguaje algo esencialmente analítico. 

Nuestras investigaciones han demostrado que, incluso en eta- 
pas muy tempranas del desarrollo, el lenguaje y la percepción es- 


60 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


tán relacionados. En la resolución de tareas no verbales, aun- 
que se haya alcanzado la solución sin haber emitido ningún sonido, 
el lenguaje desempeña un importante papel en lo que al resultado 
final se refiere. Estos hallazgos verifican la tesis de la lingúística 
psicológica, tal como hace años la formuló A. Potebnya, quien 
sostenía la inevitable interdependencia entre el pensamiento y el 
lenguaje humanos? 

Una característica especial de la percepción humana —<ue 
emerge en una edad muy temprana— es la percepción de objetos 
reales. No existe analogía alguna para este rasgo en la percepción 
animal. Con ello quiero decir que yo no veo el mundo simplemen- 
te con colores y formas, sino que también percibo el mundo con 
sentido y significado. Yo no veo simplemente una cosa redonda y 
negra con dos manecillas, sino que veo un reloj y puedo distinguir 
perfectamente una manecilla de la otra. Algunos pacientes con 
lesiones cerebrales, al ver un reloj, dicen que tienen ante sus ojos 
una cosa redonda y blanca con dos delgadas listas de acero, pero 
no saben que es un reloj; estas personas han perdido su conexión 
real con los objetos. Dichas observaciones nos indican que toda 
percepción humana consiste en percepciones categorizadas más 
que en percepciones aisladas. 

La transición evolutiva hacia formas de conducta cualitativa- 
mente nuevas no se limita únicamente a cambios en el ámbito de 
la percepción. Esta es parte de un sistema dinámico de conducta, 
de ahí que la relación entre las transformaciones de los procesos 
perceptivos y las transformaciones en otras actividades intelectua- 
les sea de vital importancia. Este punto queda perfectamente ilus- 
trado por nuestros estudios respecto a la conducta selectiva, que 
muestra la relación cambiante entre percepción y acción motriz 
en los niños pequeños. 


ESTUDIOS DE CONDUCTA SELECTIVA EN LOS NIÑOS 


Les pedimos a unos niños de cuatro y cinco años que pulsa- 


2. A. A. Potebnya, Pensamiento y lenguaje, Tarkof, 1892, p. 6. 


PERCEPCIÓN Y ATENCIÓN 61 


ran una de las cinco teclas de un teclado mientras identificaban 
una serie de estímulos gráficos asignados a cada tecla. Esta tarea, 
al exceder la capacidad de los niños, causa serias dificultades y re- 
quiere esfuerzos mayores para resolver el problema. Quizás el re- 
sultado más notable sea que todo el proceso de selección que lleva 
a cabo el niño es externo y se halla centrado en la esfera motriz, 
permitiendo así al experimentador observar la verdadera naturale- 
za del proceso de elección en los movimientos del pequeño. El 
niño realiza su selección mientras lleva a cabo los movimientos 
que requiere la elección. 

La estructura de la decisión del pequeño no se parece en nada 
a los procesos del adulto. Éste, en primer lugar, toma una deci- 
sión interna y después realiza la elección en la forma de un único 
movimiento que ejecuta el plan. En lo que al niño se refiere, 
la elección es, en cierto modo, semejante a una selección aplaza- 
da entre sus propios movimientos. Las vacilaciones en la percep- 
ción se reflejan directamente en la estructura del movimiento. 
Los movimientos del niño están llenos de tentativas difusas que 
se interrumpen y se suceden las unas a las otras. Basta con un 
simple vistazo al mapa que trazan los movimientos del niño para 
convencerse de la naturaleza motriz básica del proceso. 

La diferencia más importante entre los procesos selectivos en 
el niño y en el adulto es que, para el primero, la serie de movi- 
mientos de tanteo constituye el proceso de selección. El niño no 
elige el estímulo (la tecla necesaria) como punto de partida para 
el movimiento consiguiente, sino que escoge el movimiento uti- 
lizando la instrucción como guía para verificar los resultados. 
Así pues, el pequeño resuelve su elección, no a través de un pro- 
ceso directo de percepción visual, sino a través del movimiento, 
dudando entre dos estímulos mientras sus dedos revolotean y se 
mueven de una tecla a otra, yendo de arriba abajo. Cuando el 
niño dirige su atención a un nuevo objetivo, creando con ello un 
nuevo foco en la estructura dinámica de la percepción, su mano 
se mueve obedeciendo hacia este centro al unísono con los ojos. 
Resumiendo, el movimiento no se halla en absoluto separado de 
la percepción: los procesos coinciden de modo casi idéntico. 

Por lo que a la conducta de los animales superiores se refiere, 


62 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


la percepción visual forma parte de un todo mucho más complejo. 
El mono no percibe pasivamente la situación visual; una estruc- 
tura de conducta compleja, que consiste en factores reflexivos, 
afectivos, motores e intelectuales, se dirige hacia la adquisición 
del objeto que lo atrae. Los movimientos del mono constituyen 
una continuación dinámica inmediata de su percepción. En los 
niños, esta temprana y difusamente estructurada respuesta lleva 
consigo un cambio fundamental tan pronto como se utiliza, en el 
proceso selectivo, una función psicológica más compleja. En los 
animales, el proceso natural se transforma en una operación psi- 
cológica superior. 

Después del experimento que acabamos de describir, tratamos 
de simplificar la tarea de selección marcando cada tecla con un 
signo correspondiente que sirviera de estímulo adicional y diri- 
giera y organizara el proceso selectivo, Se le pedía al pequeño, 
ante la presencia de un estímulo-meta, que pulsara la tecla mar- 
cada con la señal correspondiente. A la temprana edad de cinco 
o seis años, el niño ya es capaz de completar fácilmente dicha 
tarea. La suma de este nuevo ingrediente cambia radicalmente la 
estructura del proceso selectivo. La operación elemental y «natu- 
ral» queda sustituida por otra nueva y mucho más complicada. 
La tarea más simple evoca una respuesta de estructura más com- 
pleja. Cuando el niño presta atención a la señal auxiliar para 
encontrar la tecla correspondiente al estímulo dado, no exhibe ya 
esos impulsos motores que emergen directamente de la percep- 
ción. Por otro lado, tampoco se dan aquellos movimientos inse- 
guros y dubitativos que observábamos en la primera reacción 
selectiva cuando no utilizábamos ayudas auxiliares. 

El empleo de signos auxiliares destruye la fusión del campo 
sensorial y el sistema motor, posibilitando así nuevas formas de 
conducta. Entre los movimientos iniciales y finales de la respues- 
ta selectiva se crea una «barrera funcional»; el impulso directo 
de moverse es desviado por circuitos preliminares. El niño que, 
en un principio, resolvía el problema de forma impulsiva, trata 
ahora de solucionarlo a través de una conexión establecida inter- 
namente entre el estímulo y el signo auxiliar correspondiente. El 
movimiento, que al principio había sido la elección, sirve ahora 


PERCEPCIÓN Y ATENCIÓN 63 


tan sólo para completar la operación ya preparada. El sistema de 
signos reestructura todo el proceso psicológico y capacita al niño 
para dominar sus movimientos. Al mismo tiempo, reconstruye el 
proceso selectivo sobre una base totalmente nueva. El movimien- 
to se separa de la percepción directa y se somete al control de 
las funciones de los signos- incluidas en la respuesta selectiva. 
Este desarrollo representa una rotura fundamental con la histo- 
ria natural de la conducta e inicia la transición del comporta- 
miento primitivo de los animales a las actividades intelectuales 
superiores de los seres humanos. 

La atención debería darse en primer lugar entre las princi- 
pales funciones de la estructura psicológica que subyace al uso 
de herramientas. Empezando por Kúóhler, los estudios han seña- 
lado que la capacidad o incapacidad de dirigir la propia atención 
es un determinante esencial del éxito o el fracaso de cualquier 
operación práctica, Sin embargo, la diferencia entre la inteligencia 
práctica de los niños y de los animales es que aquéllos son capaces 
de reconstruir su percepción liberándose así de la estructura 
determinada del campo. Con la ayuda de la función indicativa 
de las palabras, el niño comienza a dominar su atención creando 
nuevos centros estructurales en la situación percibida. Tal como 
afirmó Koffka, el niño es capaz de determinar por sí solo el «cen- 
tro de gravedad» de su campo perceptivo; su conducta no está 
regulada únicamente por la proyección de los elementos indivi- 
duales, El pequeño evalúa la importancia relativa de estos ele- 
mentos, escogiendo nuevas «imágenes» de su entorno y am- 
pliando así las posibilidades de controlar sus actividades.* 

Por otra parte, para reorganizar su campo visual y espacial, 
el niño, con la ayuda del lenguaje, crea un campo temporal que, 
para él, es tan perceptible y real como el campo visual. El niño 
que domina ya el lenguaje tiene la capacidad de dirigir su aten- 
ción de un modo dinámico. Puede captar cambios en su situación 
inmediata desde el punto de vista de actividades pasadas, al igual 


3, K. Koffka, The Growtb of the Mind, Routledge and Kegan Paul, 
Londres, 1924 


64 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


que es capaz de actuar en el presente desde el punto de vista 
del futuro, 

Para el mono, la tarea es irresoluble a menos que el objetivo 
y el objeto necesario para alcanzarlo estén simultáneamente ante 
sus ojos. En cambio, para el niño, esta pequeña dificultad es fácil 
de superar controlando verbalmente su atención y, con ello, reor- 
ganizando su campo perceptivo. El mono percibirá el palo unos 
instantes, pero luego deja de prestarle atención una vez ha cam- 
biado su campo visual y aparece frente a él el objetivo a alcan- 
zar. El mono ha de ver el palo para poder prestarle atención; en 
cambio, el niño puede prestar atención para ver. 

Así pues, el campo de atención del niño abarca, no sólo uno, 
sino todos los campos perceptivos potenciales que forman es- 
tructuras dinámicas y sucesivas. La transición de la estructura 
simultánea del campo visual a la estructura sucesiva del campo 
dinámico de atención se logra a través de la reconstrucción de las 
actividades separadas que son parte de las operaciones necesarias. 
Cuando ello sucede, podemos decir que el campo de atención se 
ha alejado del campo perceptivo y se ha desarrollado, al igual 
que un componente de una serie dinámica de actividades psico- 
lógicas. 

La posibilidad de combinar elementos de los campos visuales 
presentes y pasados (por ejemplo, herramienta y objetivo) en un 
solo campo de atención conduce, a su vez, a una reconstrucción 
básica de otra función vital, la merroria. (Véase capítulo 3.) A tra- 
vés de formulaciones verbales de situaciones y actividades pasa- 
das, el niño se libera de las limitaciones del recuerdo directo y 
es capaz de sintetizar el pasado y el presente para seguir sus 
propósitos. Los cambios que se llevan a cabo en la memoria son 
similares a aquellos que se dan en el campo perceptivo del niño, 
donde los centros de gravedad aparecen distintos y se altera la 
relación entre figura y fondo. La memoria del niño no sólo hace 
que los fragmentos del pasado sean válidos, sino que acaba convir- 
tiéndose en un muevo método de unir elementos de la experien- 
cia pasada con el presente. 

Creado con la ayuda del lenguaje, el campo temporal para la 
acción se extiende tanto hacia adelante como hacia atrás. La fu- 


PERCEPCIÓN Y ATENCIÓN 65 


tura actividad que puede incluirse en una actividad continua está 
representada por signos. Al igual que en el caso de la memoria 
y la atención, la inclusión de signos en la percepción temporal 
no conduce a una simple prolongación de la operación, sino, al 
contrario, crea las condiciones necesarias para el desarrollo de un 
único sistema que abarca elementos efectivos del pasado, pre- 
sente y futuro. Este sistema psicológico naciente en el niño rodea 
dos nuevas funciones: las representaciones simbólicas y las de- 
terminaciones de la acción proyectada. 

Este cambio en la estructura de la conducta del niño está re- 
lacionado con ciertas alteraciones básicas en las necesidades y 
motivaciones del pequeño. Cuando Lindner comparó los méto- 
dos mediante los cuales los niños sordos resolvían sus tareas con 
los métodos utilizados por el mono de Kóbhler, observó que los 
impulsos que guían al mono y los que guían al niño para lograr 
el dominio de un objetivo no eran los mismos.* Los estímulos 
«instintivos» que predominan en el animal, en el niño se con- 
vierten en secundarios. Los nuevos palos: intensos y de raíces 
sociales, proporcionan al niño la dirección a seguir. K. Lewin 
describió estos impulsos como Quwasi-Beduerfnisse (casi-necesida- 
des) y sostenía que su inclusión en una tarea determinada conduce 
a la reorganización de todo el sistema afectivo y voluntario del 
niño. Estaba convencido de que con el desarrollo de estas casi- 
necesidades, el estímulo emocional del pequeño se transformaba 
de una preocupación por el resultado en la naturaleza de la so- 
lución. En los experimentos con monos, la «tarea» (Aufgabe) no 
existe más que a los ojos del experimentador; por lo que al ani- 
mal respecta, tan sólo existe el cebo y los obstáculos que se 
yerguen en su camino hacia él. Sin embargo, el niño se esfuerza 
por resolver el problema planteado, por lo que su objetivo es 
totalmente distinto. Gracias a su capacidad de formar casi-nece- 
sidades, el niño puede disgregar la operación en sus distintas 


4. R. Lindner, Das Taubstummne Kind in Vergleich mit vollstandigen 
Kinder, Leipzig, 1925, 
5. K. Lewin, Wille, Vorsatz und Beduerfniss, Springer, Berlín, 1926. 


66 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


partes, convirtiendo a cada una de ellas en un problema diferente 
que él mismo se formula con la ayuda del lenguaje. 

En su excelente análisis de la psicología de la actividad pro- 
yectada, Lewin ofrece una clara definición de la actividad volun- 
taria como producto del desarrollo histórico-cultural de la con- 
ducta y como rasgo único de la psicología humana. El hecho de 
que el hombre despliegue una extraordinaria libertad incluso res- 
pecto a la intención más absurda y sin sentido es sorprendente 
en sí mismo, afirma. Dicha libertad es incomparablemente menos 
característica en los niños, y quizá también en los seres humanos 
analfabetos. Existen razones para creer que la actividad volunta- 
ria, más que el intelecto altamente desarrollado, es lo que distin- 
gue a los seres humanos de los animales que biológicamente están 
más próximos a ellos. 


CaprítuLo III 


DOMINIO DE LA MEMORIA Y EL PENSAMIENTO 


A la luz de lo que mis colaboradores y yo aprendimos acer- 
ca de las funciones del lenguaje en la reorganización de la per- 
cepción y creación de nuevas relaciones entre las funciones psi- 
cológicas, emprendimos un amplio estudio de otras formas de 
actividad con signos en los niños en todas sus manifestaciones 
(dibujo, escritura, lectura, uso de sistemas numéricos, etc.). Estu- 
diamos también la posibilidad de que otras operaciones no rela- 
cionadas con la inteligencia práctica se rigieran según las mismas 
leyes de desarrollo que descubrimos al analizar la inteligencia 
práctica. 

Numerosos experimentos realizados por mis colegas y por 
mí mismo trataban de dichos problemas; sin embargo, ahora, 
basándonos en los datos obtenidos a partir de ellos, podemos 
describir de forma esquemática las leyes básicas que caracteri- 
zan la estructura y desarrollo de las operaciones con signos en 
el niño. Todo ello se presentará a través de una polémica sobre 
la memoria, que es excepcionalmente apropiada para el estudio 
de los cambios que introducen los signos en las funciones psico- 
lógicas básicas, ya que desvela de modo patente el origen social 
de los signos, así como el papel crucial que desempeñan en el 
desarrollo del individuo. 


68 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 
ORÍGENES SOCIALES DE LA MEMORIA INDIRECTA (MEDIATA) 


Una investigación comparativa de la memoria humana pone 
de manifiesto que, incluso en los estadios más tempranos del de- 
sarrollo social, existen dos tipos de memoria esencialmente dis- 
tintos. Uno de ellos, que prevalece en el comportamiento de las 
personas analfabetas, se caracteriza por la impresión inmediata 
de las cosas, por la retención de experiencias actuales como base 
de las huellas mnémicas (memoria). Llamamos memoria natural 
a este tipo de memoria, que queda perfectamente ilustrado en 
los estudios de E. R, Jaensch sobre la imaginería eidética.! Esta 
clase de memoria está muy cercana a la percepción, porque surge 
a partir de la influencia directa de estímulos externos en los seres 
humanos. Desde el punto de vista de la estructura, todo el pro- 
ceso está caracterizado por la cualidad de inmediatez. 

No obstante, la memoria natural no es el único tipo existen- 
te, incluso en el caso de hombres y mujeres analfabetos. Por el 
contrario, otros tipos de memoria pertenecientes a una línea de 
desarrollo totalmente distinta coexisten con la memoria natural. 
Tanto el uso de palos con muescas y nudos? como las comienzos 
de la escritura y las ayudas de la memoria simple demuestran 
que, incluso en los primeros estadios del desarrollo histórico, los 
seres humanos fueron más allá de los límites de las funciones 
psicológicas que les eran propias por naturaleza, progresando 
hacia una nueya organización de su conducta culturalmente ela- 
borada. Un análisis comparativo muestra que dicha actividad está 
ausente incluso en las especies superiores de animales; estamos 
convencidos de que estas operaciones con signo ¿on producto 
de las condiciones específicas del desarrollo social, 

Incluso operaciones comparativamente simples como hacer 
un nudo o marcar señales en un palo para recordar alguna cosa, 


l. E. R. Jaensch, Eidetic Imagery, Harcourt, Brace, Nueva York, 1930. 

2. V ¡ se refiere aquí a la técnica de utilizar cabos anudados 
como mecanismo mnémico entre los indios del Perú. En el texto no se 
da referencia alguna, pa a e A A 
de otros manuscritos, parece que las . B. . 
proporcionan dichos ejemplos 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 69 


cambian la estructura psicológica del proceso de memoria. Di- 
chas operaciones extienden la operación de la memoria más allá 
de las dimensiones biológicas del sistema nervioso humano y per- 
miten incorporar estímulos artificiales o aurtogenerados, que deno- 
minamos signos, Esta facultad, propia de los seres humanos, re- 
presenta una forma de conducta totalmente nueva. La diferencia 
esencial entre ésta y las funciones elementales podemos hallarla 
en la estructura de las relaciones estimulo-respuesta de cada una 
de ellas. La característica central de las funciones elementales 
es que están directamente y totalmente determinadas por los 
estímulos procedentes del entorno, En lo que respecta a las fun- 
ciones superiores, el rasgo principal es la estimulación autoge- 
nerada, es decir, la creación y uso de estímulos artificiales que 
se convierten en las causas inmediatas de la conducta. 


ESTRUCTURA DE LAS OPERACIONES CON SIGNOS 


Toda forma elemental de conducta presupone una reacción 
directa a la tarea impuesta al organismo (que puede expresarse 
mediante la fórmula simple de S—=>R). Sin embargo, la estruc- 
tura de las operaciones con signos requiere un vínculo interme- 
dio entre el estímulo y la respuesta. Este vínculo intermedio 
es un estímulo (signo) de segundo orden introducido en la ope- 
ración, donde cumple una función especial; crea una nueva re- 
lación entre S y R. El término «introducido» indica que el indi- 
viduo debe estar activamente comprometido a establecer dicho 
vínculo. Este signo posee al mismo tiempo la importante carac- 
terística de invertir la acción (es decir, opera en el individuo, no 
en el entorno). 

Por consiguiente, el proceso simple de estímulo-respuesta 
queda sustituido por un acto complejo y mediato, que represen- 
tamos del modo simbolizado en la figura 1 (véase página 70). 
En este nuevo proceso, el impulso directo para reaccionar está 
inhibido, mientras que se incorpora un estímulo auxiliar que fa- 
cilita la realización de la operación de modo indirecto. 

Estudios cuidadosos han demostrado que este tipo de organi- 


70 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


XxX 
Figura 1 


zación es básico para todos los procesos psicológicos superiores, 
aunque en formas mucho más sofisticadas que las apuntadas ante- 
riormente. El vínculo intermedio en esta fórmula mo es simple- 
mente un método para aumentar la operación ya existente, ni 
un mero vínculo adicional en una cadena S-R. Debido a que este 
estímulo auxiliar posee la función específica de invertir la acción, 
puede transferir la operación psicológica a formas superiores y 
cualitativamente nuevas y permitir a los seres humanos, me- 
diante la ayuda de estímulos extrínsecos, el control de su con- 
ducta desde fuera. El uso de los signos conduce a los individuos 
a una estructura específica de conducta que surge del desarrollo 
biológico y crea nuevas formas de un proceso psicológico cultu- 
ralmente establecido. 


LAS PRIMERAS OPERACIONES CON SIGNOS EN LOS NIÑOS 


Los experimentos que presentamos a continuación, realizados 
por A. N, Leontiev en nuestros laboratorios, demuestran con es- 
pecial nitidez el papel que desempeñan los signos en la memoria 
y atención voluntarias. 

Se pedía a los niños que jugaran a un juego en el que debían 
contestar a un conjunto de preguntas sin utilizar ciertas palabras 


3. Estas e O lo N. Leontiev, «Stu- 
dies on the Cultural t of the Child», Journal of Genetic Psy- 
chology, 40 (1932): pp. 52-83, 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 71 


en sus respuestas. Así pues, se presentaba a cada niño tres o 
cuatro tareas que diferían en las restricciones impuestas respecto 
a las contestaciones y en el tipo de ayudas de estímulos poten- 
ciales que el niño podía utilizar. En cada tarea, se le hacían al 
niño dieciocho preguntas, siete de las cuales estaban relacionadas 
con colores (por ejemplo, «¿De qué color es...?»). El niño tenía 
que contestar cada pregunta rápidamente y utilizando una sola 
palabra. La tarea inicial se realizó exactamente de este modo. 
En la segunda tarea, comenzamos a introducir reglas adicionales 
que el niño tenía que cumplir si quería salir airoso de la prueba. 
Por ejemplo, había dos colores, cuya nombre estaba prohibido 
pronunciar, y además, tampoco se podía repetir ningún color. La 
tercera tarea tenía las mismas normas que la segunda, pero al niño 
se le entregaban nuevas fichas de colores como ayuda para rea- 
lizar el juego («estas fichas pueden ayudarte a vencer»), La cuarta 
tarea era como la tercera, y se utilizaba en los casos en que el 
niño no se servía de las fichas de colores y empezaba a hacerlo 
únicamente al finalizar la tercera tarea. Ántes y después de cada 
tarea hacíamos preguntas al pequeño para determinar si com- 
prendía y recordaba las instrucciones. 

Á continuación exponemos un conjunto de preguntas para 
una tarea típica (en este caso están prohibidos el color verde y 
el amarillo): 1) ¿Tienes algún compañero de juego? 2) ¿De qué 
color es tu camisa? 3) ¿Has viajado alguna vez en tren? 4) ¿De 
qué color son los vagones del tren? 5) ¿Te gustaría ser gordo? 
6) ¿Has estado alguna vez en el teatro? 7) ¿Te gusta jugar en 
la sala? 8) ¿De qué color es el suelo? 9) ¿Y las paredes? 10) ¿Sa- 
bes escribir? 11) ¿Has visto alguna vez lilas? 12) ¿De qué color 
son las lilas? 13) ¿Te gustan las cosas dulces? 14) ¿Has estado 
alguna vez en el campo? 15) ¿De qué colores pueden ser las 
hojas? 16) ¿Sabes nadar? 17) ¿Cuál es tu color favorito? 
18) ¿Qué se puede hacer con un lápiz? 

En la tercera y cuarta tarea, los siguientes colores figuraban 
en las fichas que servían de ayuda: negro, blanco, rojo, azul, 
amarillo, verde, lila, marrón y gris. 

Los resultados correspondientes a treinta sujetos comprendi- 
dos entre los cinco y los veintisiete años se resumen en la tabla 1, 


72 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


que contiene el promedio de errores cometidos en las tareas 2 
y 3 y la diferencia entre ambas. Si examinamos en primer lugar 
los datos de la tarea número 2, podremos comprobar que se da 
una ligera disminución en los errores entre las edades de cinco 
a trece años para acentuarse considerablemente en la edad adul- 
ta. En lo que a la tarea número tres se refiere, la disminución 
más acusada se produce entre los grupos de cinco y seis años 
y los de ocho y nueve años. La diferencia entre las mencionadas 
tareas es mínima tanto para los niños en edad preescolar como 
para los adultos. Observamos una mayor diferencia en los niños 
de edad escolar. 


TABLA 1. Errores en la tarea de colores probibidos 


Número de Errores (promedio) 
Edad sujetos Tarea 2 Tarea 3 Diferencia 


17 3, 3,6 0,3 
8-9 E 3,3 1,5 1,8 
8 3,1 0,3 2,8 
8 1,4 0,6 0,8 


Los procesos que dan origen a las cifras resumen quedan más 
claros si examinamos las transcripciones representativas de los 
niños en los distintos grupos. Los niños en edad preescolar (de 
cinco a seis años) generalmente eran incapaces de descubrir el 
modo en que habían de utilizar las fichas de color auxiliares y 
tenían enormes problemas en ambas tareas. Incluso después de 
tratar de explicarles cómo podían ayudarse con las fichas de co- 
lores, a esta edad, los niños eran totalmente incapaces de utili- 
zar estos estímulos externos para organizar su propia conducta. 

La transcripción que sigue corresponde a un niño de cinco 
años: 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 13 
TAREA 4. Colores probibidos: azul y rojo (con fichas) 
2. ¿De qué color son las casas? Rojas [sin prestar atención a los 
colores prohibidos]. 
3. ¿Está brillando el sol? Sí. 


4. ¿De qué color es el cielo? Blanco [sin mirar la ficha; pero 
después de responder busca la fi- 
cha blanca]. ¡Aquí está! [La coge 
y la sostiene en la mano.] 


8. ¿De qué color son los toma- Rojos. [Mira las fichas.] 


tes? 

9. ¿Y de qué color son los li- Blancos, ¡como esto! [señalando 
bros de ejercicios? la ficha blanca]. 

12. ¿De qué color son las pelo- Blancas [mirando la ficha]. 
tas? 

13. ¿Vives en la ciudad? No. 
¿Crees que has ganado? No lo sé; sí, 


¿Qué es lo que no tienes que No decir el color rojo ni el azul, 
hacer si quieres ganar? 


¿Y qué más? No puedo repetir la misma pala- 
bra dos veces, 


Esta transcripción indica que las «ayudas» desconcertaban 
realmente a este niño. Su repetido empleo del «blanco» como 
respuesta se dio cuando su atención quedó fijada en la ficha 
blanca. Las ayudas son, para él, únicamente un rasgo accidental 
de la situación. No obstante, no hay duda de que, algunas veces, 
los niños en edad preescolar demuestran los inicios del uso de 
signos externos. Desde este punto de vista, hay ciertos casos de 
especial interés. Por ejemplo, después de indicar a un niño que 
utilizara las fichas para llevar a cabo su tarea («coge las fichas, 


14 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


te ayudarán a ganar»), buscó los colores prohibidos y colocó 
las fichas fuera de su vista, intentando así evitar el pronunciar 
dichos colores. 

A pesar de su aparente variedad, los métodos para utilizar 
las fichas pueden reducirse a dos tipos básicos. En primer lugar, 
el niño puede colocar fuera de su vista los colores prohibidos, 
extender las fichas restantes y, a medida que va respondiendo 
a las preguntas, apartar a un lado los colores que va mencio- 
nando. Este es el método menos efectivo, pero el que se utiliza 
en primer lugar en las edades más tempranas. En este caso, la 
ficha sirve únicamente para registrar el color mencionado. Al 
principio, los niños no suelen dirigirse a las fichas antes de res- 
ponder a la pregunta acerca de un color, sólo después de haberlo 
nombrado buscan entre las fichas la que han citado, la giran, y 
la sacan o la separan del resto. Este es indudablemente el acto 
de memorización más simple con ayuda de medios externos. Sólo 
más adelante, las condiciones del experimento permitirán una 
segunda y nueva función de las fichas, Antes de nombrar un 
color el niño hace una selección ayudándose con las fichas. No 
hay ninguna diferencia en el hecho de que el niño mire las fi- 
chas que todavía no ha utilizado o que preste atención a los 
colores que ya ha nombrado. En ambos casos las fichas se inter- 
ponen en el proceso y sirven como medio para regular su activi- 
dad. La ocultación de los colores prohibidos, que es una caracte- 
rística distintiva del primer método de utilización de las fichas, 
no conduce todavía a la sustitución completa de una operación 
menos madura por otra mucho más compleja; representa simple- 
mente un paso en esa misma dirección. El hecho de que así 
suceda se explica, en parte, por la mayor simplicidad de esta 
operación al dominar la memoria y, en parte, por una actitud 
«mágica» del niño respecto a varias ayudas potenciales para re- 
solver el problema. j 

Los siguientes ejemplos de una niña de trece años ilustran 
dichos puntos: 


18, 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 75 


TAREA 2. Colores probibidos: verde y amarillo (sin fichas) 


. ¿Tienes compañeros de juegos? 
. ¿De qué color es tu blusa? 
. ¿Has viajado alguna vez en tren? 


. ¿De qué color son los vagones? 


. ¿Te gusta ser una chica? 
. ¿Has estado alguna vez en el teatro? 
. ¿Te gusta jugar en la sala? 

. ¿De qué color es el suelo? 


. ¿Y las paredes? 
. ¿Sabes escribir? 
. ¿Has visto lilas alguna vez? 
. ¿De qué color son las lilas? 
. ¿Te gustan los dulces? 
. ¿Has estado alguna vez en el campo? 
. ¿Y de qué color son las hojas? 


. ¿Sabes nadar? 
. ¿Cuál es tu color favorito? 


¿Qué se puede hacer con un lápiz? 
¿Qué te parece, has ganado o has 


perdido? 


¿Qué es lo que no debías haber 
dicho? 


¿Y qué más? 


Si. 
Gris. 
Sí. 


Grises. [Se da cuenta de 
que ha repetido dos ve 
ces el mismo color, ríe.] 


Si. 

SÍ. 

Si, 

Gris. [Duda.] Otra vez 
he repetido. 
Blancas. 

Sí. 

Si. 

De color lila. 
Si, 

Sí. 


Verdes; no, no debía ha- 
ber dicho verde; marrón, 
rojo, a veces, 

Si. 

Amarillo. ¡No puedo de- 
cirlo! [Levanta las manos 
y se coge la cabeza. ] 


. Escribir. 


He perdido. 
Verde y amarillo. 


No repetir colores. 


76 


LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


TAREA 3. Colores probibidos: azul y rojo (con fichas) 


El sujeto separa los colores prohibidos, los aparta y esparce las demás 
fichas en una fila delante suyo. 


1, 
2, 


Es A 


¿Paseas a menudo por la calle? 
¿De qué color son las casas? 


. ¿Está brillando el sol? 
. ¿De qué color es el cielo? 


. ¿Te gustan los confites? 

. ¿Has visto alguna vez una rosa? 
. ¿Te gustan las verduras? 

. ¿De qué color son los tomates? 
. ¿Y los libros de ejercicios? 

. ¿Tienes juguetes? 

. ¿Juegas a pelota? 

. ¿Y de qué color son las pelotas? 


. ¿Vives en la ciudad? 
. ¿Viste la manifestación? 
. ¿De qué color son las banderas? 


. ¿Tienes libros? 
. ¿De qué color son las cubiertas? 


. ¿Cuándo oscurece? 


Sí. 

Gris. [Después de respon- 
der, mira las fichas y co- 
loca boca abajo la de co- 
lor gris.) 
Espléndidamente. 

Blanco. [Primero mira la 
ficha y luego la gira.] 

Sí. 

Sí. 

Sí 

Verdes. [Gira la ficha.] 
Amarillos. [Gira la ficha.] 
No. 

Sí, 

Gris [sin mirar las fichas; 
después de responder, 
mira y se da cuenta del 
error]. 


Sí. 

Sí. 

Negras. [Primero mira las 
fichas y luego gira la co- 
rrespondiente. ] 


Sí. 
De color lila [gira la fi- 
cha]. 


Por la noch. 


MEMORIA Y PENSAMIENTO vir 


Nuestros resultados, tal como se reflejan en estas transcripcio- 
nes y en la tabla 1, indican tres estadios básicos en el desarrollo 
de la memoria mediata. En el primer estadio (edad preescolar) 
el niño no es capaz de dominar su conducta organizando estímu- 
los especiales. Las fichas de colores que podrían ayudar al niño 
en su tarea no aumentan en absoluto la efectividad de dicha ope- 
ración. Aunque las fichas actúen como estímulos, no adquieren 
una función instrumental. El segundo estadio de desarrollo se 
caracteriza por una acusada diferencia en los índices de ambas 
tareas principales. La introducción de las fichas como sistema 
auxiliar de estímulos externos incrementa considerablemente la 
efectividad de los actos del niño. En este estadio predomina el 
signo externo. El estímulo auxiliar es un instrumento psicológico 
que actúa desde fuera, En el tercer estadio (entre los adultos) la 
diferencia entre su actuación en las dos tareas planteadas dis- 
minuye y los coeficientes son casi similares, aunque en una base 
nueva y superior. Ello no significa que la conducta de los adultos 
sea directa y natural. En este estadio superior de desarrollo la 
conducta permanece mediata, Sin embargo, podemos comprobar 
que en la tercera tarea los estímulos auxiliares están emancipa- 
dos de las formas externas primarias. Tiene lugar lo que denomi- 
namos internalización; el signo externo que necesitan los niños 
en edad escolar ha sido transformado en un signo interno produ- 
cido por el adulto como medio para recordar, Esta serie de 
tareas aplicada a individuos de distintas edades muestra cómo 
se desarrollan las formas externas de conducta mediata. 


LA HISTORIA NATURAL DE LAS OPERACIONES CON SIGNOS 


Aunque el aspecto indirecto (o mediato) de las operaciones 
psicológicas sea un rasgo esencial de los procesos mentales supe- 
riores, sería un grave error, como ya he señalado respecto a los 
inicios del lenguaje, creer que las operaciones indirectas aparecen 
como resultado de una pura lógica. El niño no las inventa ni 
las descubre bajo la forma de una percepción repentina o una 
brillante suposición (la llamada reacción del «ajá»). El pequeño 


78 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


no es capaz de deducir repentina e irrevocablemente la relación 
que existe entre el signo y el método para usarlo. Por otra parte, 
tampoco desarrolla de modo intuitivo una actitud abstracta de- 
rivada, por así decirlo, de «las profundidades de la mente del 
niño». Esta noción metafísica, según la cual el esquema psico- 
lógico inherente existe antes que cualquier experiencia, desembo- 
ca inevitablemente en una concepción a priori de las funciones 
psicológicas superiores. 

Nuestras investigaciones nos han llevado a conclusiones to- 
talmente distintas. Hemos podido comprobar que las operacio- 
nes con signos aparecen como resultado de un proceso complejo 
y prolongado, sujeto a todas las leyes básicas de la evolución 
psicológica. Ello significa que, en los niños, la actividad de utili- 
zar signos no es algo simplemente inventado ni transmitido por 
los adultos; es más bien algo que surge de lo que originaria- 
mente no es una operación con signos, convirtiéndose en tal 
después de una serie de transformaciones cualitativas. Cada una 
de esas transformaciones proporciona las condiciones necesarias 
para acceder al siguiente estadio, siendo a su vez condicionada 
por el estadio anterior; de este modo, las transformaciones están 
vinculadas como estadios de un único proceso, de naturaleza his- 
tórica. En este aspecto, las funciones psicológicas superiores no 
constituyen excepción alguna en lo que se refiere a las reglas 
generales que se aplican a los procesos elementales; por otro 
lado, están también sujetas a las leyes fundamentales del desa- 
rrollo, que no hace excepciones, y surgen en el curso del de- 
sarrollo psicológico del niño como resultado del mismo proceso 
dialéctico, no como algo introducido del exterior o del interior. 

Si incluimos la historia de las funciones psicológicas superio- 
res como un factor en el desarrollo psicológico, hemos de llegar 
a un nuevo concepto del desarrollo mismo. Dentro de un pro- 
ceso de desarrollo general, pueden distinguirse dos líneas de de- 
sarrollo cualitativamente distintas, de origen diferente: los pro- 
cesos elementales, de origen biológico, por una parte, y las fun- 
ciones psicológicas superiores, de origen sociocultural, por la 
otra. La bistoria de la conducta del niño nace a partir de la 
interrelación de estas dos líneas. La historia del desarrollo de 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 19 


las funciones psicológicas superiores es imposible sin un estudio 
preliminar de su prehistoria, de sus raíces biológicas y de su dis- 
posición orgánica. Las raíces evolutivas de dos formas de con- 
ducta fundamentales y culturales surgen durante la infancia: el 
uso de instrumentos y el lenguaje humano. Eso solo coloca ya 
a la infancia en el centro de la prehistoria del desarrollo cultural. 

El potencial para las complejas operaciones con signos está 
contenido en los primeros estadios del desarrollo individual. Sin 
embargo, las observaciones muestran que entre el nivel inicial 
(conducta elemental) y los niveles superiores (formas mediatas 
de conducta) se encuentran numerosos sistemas psicológicos tran- 
sicionales, En la historia de la conducta, estos sistemas transicio- 
nales se sitúan entre los biológicamente dados y los cultural- 
mente adquiridos. Nos referimos a dicho proceso como a la bis- 
toria natural del signo. 

Otro paradigma experimental especialmente diseñado para el 
estudio de la memoria mediata nos proporciona la oportunidad 
de observar esta historia natural del signo. N. G. Morozova pre- 
sentó a unos niños una serie de palabras que había que me- 
morizar y unos dibujos auxiliares que podían ser utilizados como 
mediadores.* Descubrió que durante la etapa preescolar, la idea 
de utilizar los dibujos auxiliares (signos) con un propósito de- 
terminado, es decir, como medio para recordar algo, está todavía 
ausente en el niño. Aunque el pequeño se dirija hacia el dibujo 


A 


a 


XK ————a Y 


Figura 2 


Puede age: una rele rabia de esta técnica en 
A. R. Luria, « tal o in Twins», Character 
and mm Pl 5 Arias pp. 3347. 


80 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


auxiliar para memorizar una determinada palabra, esta operación 
inversa no le resulta nada sencilla. En esta etapa, el sujeto no 
suele recordar el estímulo primario cuando se le muestra el 
estímulo auxiliar. El signo evoca más bien una nueva serie 
asociativa o sincrética representada por el esquema de la figura 2. 
La operación todavía no ha progresado hacia el nivel más avan- 
zado, que está mediado por el uso de rasgos culturalmente ela- 
borados. En contraste con la figura 2, el esquema típico de la 
memoria mediata puede representarse del siguiente modo: 


A A 
Xx 
Figura 3 


En el proceso representado por la figura 2, Y puede condu- 
cir a una serie completa de nuevas asociaciones, entre las cuales 
el sujeto puede llegar otra vez al punto de partida A. No obs- 
tante, esta secuencia está todavía desprovista de su carácter vo- 
luntario e instrumental. En el segundo esquema, el signo auxiliar 
de la palabra, X, posee la cualidad de invertir la acción a fin 
de que el sujeto pueda recuperar A. 

Los pasos que conducen del esquema representado en la fi- 
gura 2 al de la figura 3 pueden ilustrarse mediante los siguientes 
ejemplos, tomados del trabajo de mis estudiantes. L. V. Zankov 
puso de manifiesto que los niños pequeños, especialmente entre 
las edades de cuatro y seis años, tienen que confiar en vínculos 
ya hechos y provistos de significado entre el signo «evocador» y 
la palabra que hay que recordar. Si en lugar de ello se les pre- 
sentaran figuras o símbolos sin significado alguno como ayudas 


5. L. V, Zankov, Memoria, Uchpedgiz., Moscú, 1949, 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 81 


para la memoria, indudablemente los rechazarían y se negarían 
a hacer uso de ellos; ni tan sólo intentarían inventar conexiones 
entre la imagen-sugerencia y la palabra que han de recordar. 
Tratarían más bien de transformar estos símbolos en copias di- 
rectas de la palabra a recordar. 

Por ejemplo, la figura /Y , representada como pista para 
evocar la palabra «cubo», para que pudiera recordar dicha pala- 
bra tuvieron que invertirla totalmente, y sólo cuando la figura se 
pareció realmente a un cubo MJ pudo ejercer su función evo- 
cadora. Lo mismo ocurrió con la figura 07] que sólo se con- 
virtió en signo de la palabra «banco» después de invertir su posi- 
ción (EJ ). En todos estos casos, los niños relacionaron las 
figuras con las palabras estímulo cambiando el significado del 
signo, en lugar de utilizar el vínculo intermedio ofrecido por el 
experimentador. La introducción de estos símbolos desprovistos 
de significado animó a los niños a emprender una intensa acti- 
vidad mnémica en lugar de confiarse en vínculos ya elaborados, 
pero, al mismo tiempo, les llevó a tratar a los signos estímulo 
como una representación directa del objeto a recordar. Cuando 
ello resultaba imposible, el niño se negaba a memorizar. 

Un fenómeno similar al mencionado es el que figura en el 
estudio de U. C. Yussevich con niños pequeños y que no llegó 
a publicarse. Los estímulos auxiliares, imágenes sin relación di- 
recta con la palabra presentada, raramente se utilizaban como 
signos. El niño miraba la imagen tratando de ver en ella el ob- 
jeto que tenía que recordar. Por ejemplo, cuando se le pedía 
que recordara la palabra «sol» con la ayuda de un dibujo que 
representaba un hacha, el niño lo hizo fácilmente; señaló un 
punto amarillo que había en el dibujo y exclamó: «Aquí está, el 
sol». Este niño sustituyó el potencialmente complejo instru- 
mental de memorización por la búsqueda de una representación 
directa del estímulo en cuestión (análogo a una imagen eidética). 
El pequeño buscó una representación eidética en el signo auxiliar. 
Tanto en el ejemplo de Zankov como en el de Y ussevich, el niño 
reprodujo la palabra en cuestión a través de un proceso de repre- 
sentación directa en lugar de hacerlo a través de la simbolización 
mediata. 


82 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Los trabajos de Leontiev acerca del desarrollo de las opera- 
ciones con signos en la memoria nos brindan ejemplos que apo- 
yan los puntos teóricos discutidos anteriormente, así como los 
estadios posteriores en el desarrollo de las operaciones con sig- 
nos en la memoria.* Leontiev entregó un conjunto de veinte pala- 
bras para memorizar a un grupo de niños de distintas edades y ni- 
vel mental. El material se presentó de tres maneras. Primero, las 
palabras se pronunciaban verbalmente a intervalos de tres se- 
gundos aproximadamente, y el niño debía recordarlas todas. En 
una segunda prueba, se le presentaba al niño un conjunto de 
veinte imágenes, que debía usar como ayuda para recordar las 
palabras. Las imágenes no eran representaciones exactas de las pa- 
labras, pero estaban relacionadas con las mismas. Por último, en 
la tercera serie, se emplearon veinte imágenes sin ninguna rela- 
ción obvia con las palabras a recordar. Los principales puntos 
que se esperaba dilucidar con este estudio eran, en primer lugar, 
hasta qué punto puede el niño transformar su recuerdo en una 
actividad mediata, utilizando imágenes como ayudas auxiliares 
de la memoria, y, en segundo lugar, cómo depende el éxito de 
la tarea de los diferentes grados de dificultad representados por 
las dos series potencialmente mediatas. 

Tal como era de esperar, los resultados variaban según el 
grupo de niños y la dificultad de la tarea. Los niños normales 
(de diez a doce años de edad) recordaron las dos veces la misma 
cantidad de palabras, tanto si las imágenes resultaban útiles como 
ayudas para la memoria como sin ellas. Eran capaces de utilizar 
ambas series de imágenes igualmente bien. Los niños ligera- 
mente retrasados de la misma edad se beneficiaban bien poco, o 
nada, de la presencia de los dibujos; en lo que respecta a los 
niños con retraso mental profundo, los estímulos auxiliares inter- 
ferían realmente en la realización de la tarea. 

Las transcripciones originales de dicho estudio muestran cla- 
ramente los niveles intermedios de funcionamiento en los que el 
pequeño presta atención al estímulo del dibujo auxiliar e incluso 


6. A.N. Leontiev, «El desarrollo de la memoria mediata», Problemi De- 
fektologiga, n.* 4 (1928). 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 83 


lo asocia a la palabra que ha de recordar, pero no puede integrar 
el estímulo en su sistema de memorización. De este modo, un 
niño seleccionó el dibujo de una cebolla para recordar la pala- 
bra «cena». Cuando se le preguntó por qué había elegido aque- 
lla imagen, dio una respuesta perfectamente satisfactoria, «por- 
que como una cebolla». Sin embargo, fue incapaz de recordar la 
palabra «cena» durante el experimento. El presente ejemplo 
muestra que la habilidad en formar asociaciones elementales no 
es suficiente como para asegurar que la relación asociativa reali- 
zará plenamente la función instrumental necesaria para provocar 
el recuerdo de una determinada palabra. Este tipo de evidencia 
nos lleva a la conclusión de que el desarrollo de las funciones 
psicológicas mediatas (en este caso la memoria mediata) repre- 
senta una línea especial de desarrollo que no coincide total- 
mente con la evolución de los procesos elementales. 

Debería añadir también que la adición de imágenes como 
ayudas para la memoria no facilitó la tarea de los adultos. La 
causa del «fracaso» está directamente opuesta a las razones sub- 
yacentes al fallo de las ayudas de la memoria que afectan a los 
niños con grave retraso. En el caso de los adultos, el proceso 
de la memoria mediata se halla tan desarrollado que se produce 
incluso en ausencia de las ayudas externas especiales. 


MEMORIA Y PENSAMIENTO 


Las actividades que se realizan para memorizar las cosas no 
cambian simplemente a medida que el niño va haciéndose ma- 
yor; el papel de estas actividades en el sistema de las funciones 
psicológicas sufre también cambios. La memoria inmediata apa- 
rece en el contexto de las operaciones psicológicas que acompa- 
ñan a la memoria mediata; por consiguiente, los resultados expe- 
rimentales hacen suponer que algunas funciones psicológicas 
quedan sustituidas por otras. En otras palabras, con un cambio 
en el nivel evolutivo se produce un cambio no tanto en la estruc- 
tura de una sola función (a la que podemos denominar memoria) 
como en el carácter de aquellas funciones con cuya ayuda se 


84 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


facilita la memorización; lo que realmente cambia son las rela- 
ciones interfuncionales que vinculan la memoria a otras funciones. 

La memoria de los niños mayores no sólo es distinta de la 
de los niños pequeños, sino que también desempeña un papel 
diferente en la actividad cognoscitiva del niño mayor. En la 
temprana infancia, la memoria es una de las funciones psicológi- 
cas centrales sobre la que se erigen las demás funciones. Nuestros 
análisis sostienen que, en el niño pequeño, el pensamiento está, 
en muchos aspectos, determinado por su memoria y no es, de 
ningún modo, lo mismo que el pensamiento de un niño más 
maduro. Para el niño pequeño, pensar significa recordar; en nin- 
guna otra etapa posterior a la primera infancia encontramos una 
relación tan Íntima entre estas dos funciones psicológicas. 

Expondré ahora tres ejemplos. El primero es la definición 
de conceptos en los niños, basados en sus recuerdos. Si se le 
pide a un niño que explique lo que es un caracol, dirá que es 
pequeño, que se desliza y que por debajo asoma su pie; si se le 
pregunta qué es una abuela, es probable que responda: «Tiene 
un regazo suave». En ambos casos, el niño nos brinda un claro 
resumen de las impresiones que estos conceptos le han causado 
y que en estos momentos vuelve a recordar. El contenido del 
acto del pensamiento en el niño, cuando trata de definir concep- 
tos, no está tan determinado por la estructura lógica del concepto 
mismo como por los recuerdos concretos que posee el pequeño. 
El pensamiento es de carácter sincrético y refleja el hecho de 
que, en el niño, depende ante todo de su memoria. 

Otro ejemplo es el del desarrollo de los conceptos visuales 
en niños muy pequeños. Las investigaciones acerca del pensa- 
miento de los niños cuando se les insta a trasladar una relación 
aprendida con un conjunto de estímulos a otro conjunto similar, 
han puesto en evidencia que su traslado no es más que una me- 
morización respecto a instancias aisladas. Sus representaciones 
generales del mundo se basan en el recuerdo de instancias con- 
cretas, sin poseer todavía el carácter de una abstracción.” 


7. Véase H. Werner, Comparative Psychology of Mental Development, 
Science Editions, Nueva York, 1961, pp. 216 y ss. 


MEMORIA Y PENSAMIENTO B5 


El último ejemplo se refiere al análisis del significado del 
mundo. Las investigaciones realizadas en este ámbito muestran 
que las conexiones subyacentes a las palabras son fundamental- 
mente distintas en el niño pequeño y en el adulto. Los concep- 
tos de los niños se vinculan a una serie de ejemplos y se elaboran 
de modo similar al que nosotros representamos los nombres pro- 
pios. Para ellos, nombrar palabras no significa indicar conceptos 
familiares, sino nombrar grupos enteros conocidos de objetos visua- 
les unidos por lazos visuales. De este modo, la experiencia del pe- 
queño y la influencia «no mediata» de su experiencia están docu- 
mentadas en su memoria, determinando directamente toda la 
estructura del pensamiento del niño. 

Todos estos factores sugieren que, desde el punto de vista 
del desarrollo psicológico, la característica definitiva de los pri- 
meros estadios del desarrollo cognoscitivo es la memoria, no el 
pensamiento abstracto. No obstante, a lo largo del desarrollo 
se produce una transformación, especialmente en la adolescencia. 
Los estudios que se han llevado a cabo acerca de la memoria 
a esta edad han puesto de manifiesto que hacia el final de la 
infancia las relaciones interfuncionales que incluyen a la memoria 
invierten su dirección. Para el niño pequeño, pensar significa 
recordar; sin embargo, para el adolescente, recordar significa pen- 
sar. Su memoria está tan «logicalizada» que recordar se reduce a 
establecer y hallar reacciones lógicas; reconocer es descubrir aquel 
elemento que la tarea exige que sea hallado. 

Esta logicalización indica cómo cambian las relaciones entre 
las funciones cognoscitivas a la largo del desarrollo. En la etapa 
transicional, todas las ideas y conceptos, todas las estructuras 
mentales, dejan de organizarse de acuerdo con tipos familiares 
para constituirse en conceptos abstractos. 

No puede haber duda alguna de que recordar una cosa pen- 
sando en conceptos es una tarea completamente distinta a la 
de pensar en complejos, aunque los procesos sean compatibles 
el uno con el otro! Por ello, el desarrollo de la memoria de los 


B. Véase Vygorski, Thought and Language, capitulo 6. para un debate 
más amplio sobre esta distinción. 


86 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


niños ha de estudiarse no sólo respecto a los cambios que se 
producen en el interior de la memoria misma, sino también res- 
pecto a la relación existente entre la memoria y otras funciones. 


Cuando una persona ata un nudo a un pañuelo para recor- 
dar algo, lo que está haciendo, en esencia, es construir el proce- 
so de memorización a través de un objeto externo para llegar al 
punto deseado; transforma el hecho de recordar en una actividad 
externa. Este dato solo es suficiente para demostrar la caracterís- 
tica fundamental de las formas superiores de conducta. En la 
forma elemental se recuerda casualmente una cosa; en las formas 
superiores, los seres humanos recuerdan cosas. En el primer caso, 
se forma un vínculo temporal debido a la aparición simultánea 
de dos estímulos que afectan al organismo; en el segundo, la 
propia persona crea, por su iniciativa, un vínculo temporal a 
través de una combinación artificial de estímulos. 

La esencia íntima de la memoria humana consiste en el hecho 
de que los seres humanos recuerdan activamente con la ayuda de 
signos. Podríamos decir que la característica básica de la conduc- 
ta humana en general es que las personas influyen en sus rela- 
ciones con el entorno, y a través de dicho entorno modifican su 
conducta, sometiéndola a su control, Se ha señalado repetidas 
veces que la esencia básica de la civilización consiste en levantar 
monumentos para no olvidar. Tanto en el hecho de construir mo- 
numentos como en el de hacer nudos observamos manifestaciones 
de los rasgos fundamentales y característicos que distinguen la 
memoria humana de la animal. 


CaprítuLO IV 


INTERNALIZACIÓN DE LAS FUNCIONES 
PSICOLÓGICAS SUPERIORES 


Al comparar los principios que regulan los reflejos condicio- 
nados e incondicionados, Pavlov utiliza el ejemplo de la llamada 
telefónica. La llamada tiene la posibilidad de conectar directa- 
mente dos puntos a través de una línea especial. Esto corres- 
ponde a un reflejo incondicionado. Otra posibilidad de la llamada 
telefónica es la de transmitir a través de una estación central 
especial con ayuda de conexiones temporales y sin límites. Esto 
corresponde a un reflejo condicionado. El córtex cerebral, órgano 
que cierra el circuito del reflejo condicionado, desempeña un pa- 
pel importante en esta estación central, 

El mensaje fundamental de nuestro análisis de los procesos 
que subyacen a la creación de signos (señalización) puede ex- 
presarse mediante la misma metáfora, aunque de forma más 
generalizada. Tomemos, por ejemplo, el caso de hacer nudos 
para recordar algo o de echar suertes para tomar una decisión, 
En ambas situaciones, no hay duda de que se ha formado una 
conexión temporal condicionada, es decir, del segundo tipo des- 
crito por Pavlov. No obstante, si deseamos comprender los me- 
canismos esenciales de lo que está sucediendo, nos vemos obli- 
gados a tomar en consideración, no sólo la función del mecanismo 
del teléfono, sino también la del operador, que enchufó y co- 
nectó la línea. En nuestro ejemplo, la conexión la efectuó la 


88 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


persona que hizo el nudo. Este rasgo distingue las formas supe- 
riores de conducta de las inferiores. 

La creación y utilización de signos como método auxiliar para 
resolver un problema psicológico determinado (recordar, compa- 
rar algo, relatar cosas, elegir, etc.) es un proceso análogo a la 
creación y utilización de instrumentos en lo que al aspecto psi- 
cológico se refiere. El signo actúa como un instrumento de acti- 
vidad psicológica, al igual que una herramienta lo hace en el 
trabajo. No obstante, dicha analogía, como cualquier otra, no 
implica la identificación de estos conceptos similares. No debería- 
mos esperar encontrar demasiadas similitudes con las herramien- 
tas en esos medios de adaptación que llamamos signos. Áparte 
de los rasgos similares y comunes compartidos por estos dos 
tipos de actividad, hallamos diferencias esenciales, 

En este punto queremos ser lo más precisos posible. Apoyán- 
dose en el significado figurativo del término, muchos psicólogos 
han utilizado la palabra «herramienta» para referirse a la fun- 
ción indirecta de un objeto, como medio para realizar una activi- 
dad. Expresiones tales como «la lengua es la herramienta del 
pensamiento» o «aides de mémoire» suelen estar despojadas 
de cualquier contenido concreto y difícilmente significan algo 
más de lo que realmente son: simples metáforas y maneras dis- 
tintas de expresar el hecho de que ciertos objetos u operacio- 
nes desempeñen un papel auxiliar en la actividad psicológica. 

Por otra parte, no han sido más que intentos de investir tales 
expresiones con un significado literal, para igualar el signo con la 
herramienta. Al borrar la distinción fundamental entre ambos tér- 
minos, esta aproximación pierde las características específicas de 
cada tipo de actividad, dejándonos con una forma psicológica ge- 
neral de determinación. Esta es la posición adoptada por Dewey, 
uno de los principales representantes del pragmatismo. Define la 
lengua como la herramienta de las herramientas, traspasando la 
definición de Aristóteles de la mano humana al lenguaje. 

Desearía poner de manifiesto que la analogía que propongo 
entre signo y herramienta es totalmente distinta de las aproxi- 
maciones que acabo de comentar. El significado incierto y con- 


INTERNALIZACIÓN DE FUNCIONES SUPERIORES 89 


fuso que suele acompañar al uso figurativo de la palabra «herra- 
mienta» no ayuda para nada a simplificar la tarea del investigador. 
Su función es la de descubrir la verdadera relación, no la figura- 
tiva, que existe entre la conducta y sus medios auxiliares. ¿Po- 
dríamos imaginar que el pensamiento o la memoria son análogos 
a la actividad externa? ¿Los «medios de actividad» juegan el 
papel indefinido de apoyar a los procesos psicológicos que, a su 
vez, se apoyan en aquéllos? ¿De qué naturaleza es este apoyo? 
¿Qué significa, en general, ser un «medio» del pensamiento o 
de la memoria? Los psicólogos que gustan de emplear estas ex- 
presiones no nos proporcionan respuesta alguna para dichas pre- 
guntas, 

No obstante, la posición de estos psicólogos que tratan tales 
expresiones de modo literal resulta ser todavía más confusa. Hay 
conceptos que, aunque tengan aspecto psicológico, no pertenecen 
realmente a la psicología —como «técnica»—, sino que han sido 
adoptados por ésta sin fundamentos. Sólo podemos igualar los 
fenómenos psicológicos y no psicológicos si ignoramos la esen- 
cia de cada tipo de actividad, así como las diferencias entre su 
papel histórico y su naturaleza. Las distinciones entre herra- 
mientas como medio para el trabajo, o para dominar la natura- 
leza, y lenguaje como medio para el intercambio social, quedan 
anuladas en el concepto general de adaptaciones artificiales. 

Lo que nosotros pretendemos es comprender el papel con- 
ductual del signo en toda su unicidad. Este objetivo ha motiva- 
do nuestros estudios empíricos sobre el modo en que están 
unidos el uso del signo y la herramienta, que en el desarrollo 
cultural del niño están separados. Como punto de partida hemos 
adoptado tres condiciones. La primera hace referencia a la analo- 
gía y puntos comunes que existen en ambos tipos de actividad, 
la segunda clarifica las diferencias básicas y la tercera trata de 
demostrar el vínculo psicológico real que hay entre una y otra, 
o por lo menos dar a entender su existencia, 

Como ya hemos señalado, la analogía básica entre signo y 
herramienta descansa en la función mediadora que caracteriza a 
ambas. Por ello, pueden ser incluidas, desde la perspectiva psi- 


90 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Actividad mediata 


Figura 4 


cológica, bajo una misma categoría. Podemos expresar la rela- 
ción lógica entre el uso de signos y herramientas, utilizando el 
esquema de la figura 4, que muestra pada concepto incluido bajo 
otro concepto más general de actividad indirecta (mediata). 

Dicho concepto fue investido por Hegel con un sentido más 
amplio y general, pues vio en él un rasgo característico de la 
razón humana: «La razón», escribió, «es tan astuta como pode- 
rosa. Su astucia consiste principalmente en su actividad media- 
dora, que, haciendo actuar a los objetos y reaccionar los unos 
con los otros de acuerdo con su naturaleza, sin ninguna interfe- 
rencia directa en el proceso, lleva a cabo las intenciones de la 
razón».' Marx cita esta definición cuando habla de las herramien- 
tas de trabajo, para demostrar que el hombre «utiliza las pro- 
piedades mecánicas, físicas, químicas de las cosas para hacerlas 
actuar sobre otras cosas como medios de poder y de acuerdo 
con sus fines»? 

Este análisis proporciona una base firme para asignar el uso 
de signos a la categoría de actividad mediata, ya que la ausencia 
del signo consiste en modificar la conducta del hombre a través 
del mismo. En ambos casos la función indirecta (mediata) apa- 
rece en primer plano. No definiré ya la relación de estos con- 
ceptos entre sí, o su relación con otro concepto más genérico de 


l: G. Hire, Emaidpida, Erster Teil. Die Logik», Berlín, 1840, 
p. 382, citado en K. Marx pital. 
2. K. Marx, El capital, Grijalbo (OME 40), Barcelona, 1976, p. 195. 


INTERNALIZACIÓN DE FUNCIONES SUPERIORES 91 


actividad mediata. Únicamente señalaré que, bajo ninguna cir- 
cunstancia, pueden considerarse isomórficos respecto de las fun- 


ciones que realizan, así como tampoco son susceptibles de agotar 
totalmente el concepto de actividad mediata. Podrían mencio- 
narse gran número de actividades mediatas; la actividad cognos- 
citiva no está limitada al uso de las herramientas o de los signos. 

En el plano puramente lógico de la relación entre ambos 
conceptos, nuestro esquema representa los dos medios de adap- 
tación como líneas divergentes de actividad mediata. Dicha di- 
vergencia es la base de nuestro segundo punto. Una diferencia 
esencial entre signo y herramienta, y la base para la divergencia 
real de ambas líneas, son los distintos modos en que orientan 
la actividad humana. La función de la herramienta no es otra 
que la de servir de conductor de la influencia humana en el ob- 
jeto de la actividad; se halla externamente orientada y debe aca- 
rrear cambios en los objetos. Es un medio a través del cual la 
actividad humana externa aspira a dominar y triunfar sobre la na- 
turaleza. Por otro lado, el signo no cambia absolutamente nada 
en el objeto de una operación psicológica. Así pues, se trata de 
un medio de actividad interna que aspira a dominarse a sí mismo; 
el signo, por consiguiente, está internamente orientado. Dichas 
actividades difieren tanto la una de la otra que la naturaleza de 
los medios que utilizan no puede ser nunca la misma en ambos 
CASOS. | 
Por último, el tercer punto hace referencia al vínculo real 
existente entre estas actividades y, de ahí, al lazo real de su desa- 
rrollo en ontogénesis y filopénesis. El dominio de la naturaleza 
y el de la conducta están sumamente relacionados, puesto que la 
alteración de la naturaleza por parte del hombre altera, a su 
vez, la propia naturaleza del hombre. En filogénesis podemos 
reconstruir dicho vínculo mediante evidencias documentales con- 
vincentes, aunque fragmentarias, mientras que en ontogénesis po- 
demos trazar el citado vínculo experimentalmente. 

No obstante, una cosa sí es cierta. Así como la primera uti- 
lización de las herramientas rechaza la noción de que el desarro- 
llo representa el simple despliegue del sistema de actividad or- 
gánicamente predeterminado del niño, la primera utilización de 


92 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


los signos demuestra que no puede haber un único sistema de 
actividad interno orgánicamente predeterminado para cada fun- 
ción psicológica. El uso de medios artificiales, la transición a la 
actividad mediata, cambia fundamentalmente todas las funciones 
psicológicas, al tiempo que el uso de herramientas ensancha de 
modo ilimitado la serie de actividades dentro de las que operan 
las nuevas funciones psicológicas. En este contexto, podemos 
emplear el término de función psicológica superior, o conducta 
superior, al referirnos a la combinación de herramienta y signo 
en la actividad psicológica. 

Hasta ahora se han descrito varias fases de las operaciones 
que requieren el uso de signos. En la fase inicial, resulta de 
suma importancia para el esfuerzo del niño la confianza en los 
signos externos. Sin embargo, a lo largo del desarrollo de estas 
operaciones se producen cambios radicales: la operación entera 
de actividad mediata (por ejemplo, el acto de memorizar) em- 
pieza a asentarse como un proceso puramente interno. Paradóji- 
camente, los estadios tardíos de la conducta del niño parecen ser 
exactamente los mismos que los estadios primitivos de la me- 
morización, que se caracterizaban por un proceso directo. El niño 
pequeño no confía en los medios externos; utiliza más bien una 
aproximación «natural», «eidética». Si juzgamos únicamente a 
partir de las apariencias externas, parece que el niño mayor haya 
comenzado a memorizar más y mejor; que haya perfeccionado y 
desarrollado de alguna manera sus viejos métodos de memoriza- 
ción. En los niveles superiores parece haber abandonado toda 
confianza en los signos. No obstante, esta apariencia no es más que 
ilusoria. El desarrollo, como suele ocurrir, avanza, no en círculo, 
sino en espiral, atravesando siempre el mismo punto en cada 
nueva revolución, mientras avanza hacia un estadio superior. 

Llamamos internalización a la reconstrucción interna de una 
operación externa. Un buen ejemplo de este proceso podríamos 
hallarlo en el desarrollo del gesto de señalar. Al principio, este 
ademán no es más que un intento fallido de alcanzar algo, un 
movimiento dirigido hacia cierto objeto que designa la actividad 
futura. El niño intenta alcanzar un objeto situado fuera de su 
alcance; sus manos, tendidas hacia ese objeto, permanecen sus- 


INTERNALIZACIÓN DE FUNCIONES SUPERIORES 93 


pendidas en el aire. Sus dedos se mueven como si quisieran aga- 
rrar algo. En este estadio inicial, el acto de señalar está repre- 
sentado por los movimientos del pequeño, que parece estar seña- 
lando un objeto: eso y nada más, 

Cuando acude la madre en ayuda del pequeño y se da cuenta 
de que su movimiento está indicando algo, la situación cambia 
radicalmente. El hecho de señalar se convierte en un gesto para 
los demás. El fracasado intento del niño engendra una reacción, 
no del objeto que desea, sino de otra persona. Por consiguiente, 
el significado primario de este fracasado movimiento de apode- 
rarse de algo queda establecido por los demás. Únicamente más 
tarde, cuando el niño es capaz de relacionar su fallido movimien- 
to de agarrar con la situación objetiva como un todo, comienza 
a interpretar dicho movimiento como acto de señalar. En esta 
coyuntura, se produce un cambio en esta función del movimien- 
to: de un movimiento orientado hacia un objeto se convierte en 
un movimiento dirigido a otra persona, en un medio de esta- 
blecer relaciones. El movimiento de asir se transforma en el 
acto de señalar. Como consecuencia de este cambio, el movi- 
miento mismo queda físicamente simplificado, y lo que de él 
resulta es la forma de señalar que denominamos gesto. Se con- 
vierte en un verdadero gesto sólo después de manifestar objeti- 
vamente todas las funciones de señalar para otros y de ser com- 
prendido por los demás como tal. Su significado y funciones se 
crean, al principio, por una situación objetiva y luego por la 
gente que rodea al niño. 

Tal como se deduce de la descripción del acto de señalar, 
realizada más arriba, el proceso de internalización consiste en 
una serie de transformaciones: 

a) Una operación que inicialmente representa una actividad 
externa se reconstruye y comienza a suceder internamente, Es 
de especial importancia para el desarrollo de los procesos men- 
tales superiores la transformación de la actividad que se sirve 
de signos, cuya historia y característica quedan ilustradas por el 
desarrollo de la inteligencia práctica, de la atención voluntaria 
y de la memoria. 

b) Un proceso interpersonal queda transformado en otro in- 


94 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


trapersonal. En el desarrollo cultural del niño, toda función apa- 
rece dos veces: primero, a nivel social, y más tarde, a nivel 
individual; primero entre personas (interpsicológica), y después, 
en el interior del propio niño (intrapsicológica). Esto puede apli- 
carse igualmente a la atención voluntaria, a la memoria lógica 
y a la formación de conceptos, Todas las funciones superiores 
se originan como relaciones entre seres humanos. 

c) La transformación de un proceso interpersonal en un 
proceso intrapersonal es el resultado de una prolongada serie de 
sucesos evolutivos. El proceso, aun siendo transformado, conti- 
núa existiendo y cambia como una forma externa de actividad 
durante cierto tiempo antes de internalizarse definitivamente. Para 
muchas funciones, el estadio de signos externos dura indefinida- 
mente, es decir, es su estadio final de desarrollo. En cambio, 
otras funciones se desarrollan mucho más y se convierten gradual- 
mente en funciones internas. No obstante, sólo adquieren el 
carácter de procesos internos como resultado final de un desa- 
rrollo prolongado, Su internalización está vinculada a cambios en 
las leyes que rigen su actividad y se incorporan en un nuevo sis- 
tema con sus propias leyes. 

La internalización de las formas culturales de conducta impli- 
ca la reconstrucción de la actividad psicológica en base a las 
operaciones con signos. Los procesos psicológicos, tal como apa- 
recen en los animales, dejan de existir; se incorporan a este 
sistema de conducta y se desarrollan y reconstruyen culturalmente 
para formar una nueva entidad psicológica. El uso de signos 
externos se reconstruye también radicalmente. Los cambios evo- 
lutivos en las operaciones con signos son semejantes a aquellos 
que se producen en el lenguaje. Los aspectos del lenguaje externo 
o comunicativo, así como los del lenguaje egocéntrico, se «interna- 
lizan» para convertirse en la base del lenguaje interno. 

La internalización de las actividades socialmente arraigadas e 
históricamente desarrolladas es el rasgo distintivo de la psicología 
humana, la base del salto cualitativo de la psicología animal a la 
humana, Hasta aquí, se conoce el perfil más escueto de este 
proceso. 


CapríTULO V 
PROBLEMAS DE MÉTODO 


En general, cualquier aproximación fundamentalmente nueva 
a un problema científico conduce inevitablemente a nuevos méto- 
dos de investigación y análisis. El examen de nuevos métodos 
que resultan apropiados al modo en que se plantean los proble- 
mas requiere algo más que una simple modificación de los mé- 
todos anteriormente aceptados. La experimentación psicológica 
contemporánea no constituye ninguna excepción en este aspecto; 
sus métodos han reflejado siempre el modo en que se contempla- 
ban y resolvían los problemas psicológicos fundamentales. Por 
ello, nuestra crítica de las opiniones vigentes relativas a la natu- 
raleza esencial y desarrollo de los procesos psicológicos ha de 
desembocar en una revisión de los métodos de investigación. 

A pesar de la enorme diversidad en los detalles de proce- 
dimiento, todos los experimentos psicológicos descansan virtual- 
mente en lo que llamamos esquema estímulo-respuesta. Con ello 
queremos decir que, sin importar qué proceso psicológico deter- 
minado se esté discutiendo, el psicólogo trata de enfrentar al 
sujeto a una especie de situación de estímulo destinada a influir 
en él de un modo determinado, para luego examinarlo y analizar 
la(s) respuesta(s) provocada(s) por dicha situación estímulo. Des- 
pués de todo, la verdadera esencia de la experimentación es la 
de evocar el fenómeno en estudio de modo artificial (y por ello 
controlable) e investigar las variaciones de las respuestas que se 
dan al mismo tiempo que los cambios en el estímulo. 


96 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


A simple vista, puede parecer que las distintas escuelas de 
psicología no estarían de acuerdo con esta metodología. La psi- 
cología objetiva de Watson, Bejterev y otros surgió como opo- 
sición a las teorías subjetivas de Wundt y la escuela de Wiirz- 
burg. No obstante, un examen más detallado de las diferencias 
entre las escuelas de psicología revela que aquellas discrepancias 
surgen a partir de la interpretación teórica que los psicólogos 
asignan a las consecuencias de los distintos entornos y no de las 
variaciones en la aproximación metodológica dentro de cuyo 
marco se lleyan a cabo las observaciones. 

El hecho de basarse en un esquema estímulo-respuesta es un 
rasgo típico de estas escuelas de psicología, cuyas teorías, al igual 
que sus experimentos, se apoyan en interpretaciones de la con- 
ducta según el estímulo-respuesta. La teoría de Pavlov, por ejem- 
plo, ha utilizado la noción de excitación cortical provocada por 
distintos estímulos para explicar el modo en que se forman las 
conexiones en el cerebro, facilitando así el aprendizaje del orga- 
nismo a responder a los hasta ahora estímulos neutros. En lo que 
a la psicología introspectiva se refiere, resulta menos obvia la 
aplicación del mismo esquema, ya que tanto el marco como la 
teoría parecen no coincidir. Sin embargo, si tomamos a Wundt 
como ejemplo, encontraremos que el esquema estímulo-respuesta 
proporcionaba el contexto en el que el teórico-experimentador po- 
día obtener descripciones de los procesos que se suponía habían 
sido puestos de manifiesto por el estímulo. 

La adopción del esquema estímulo-respuesta por parte de la 
psicología introspectiva, en la década de 1880, supuso un avance 
revolucionario para la psicología, ya que la acercó mucho más al 
método y espíritu de las ciencias naturales, preparando el camino 
para las aproximaciones psicológicas objetivas que no tardarían 
en hacer su aparición. Sin embargo, el hecho de sostener que 
tanto la psicología introspectiva como la objetiva comparten un 
esquema metodológico común no implica, en absoluto, que no 
haya diferencias importantes entre ambas. Hago hincapié en este 
esquema metodológico común, porque su reconocimiento nos ayu- 
da a apreciar el hecho de que la psicología introspectiva estaba 
enraizada en el suelo firme de las ciencias naturales y que los 


PROBLEMAS DE MÉTODO 97 


procesos psicológicos han sido, durante mucho tiempo, compren- 
didos dentro de un contexto reactivo. 

Es también importante señalar que el método experimental 
fue formulado por primera vez por psicólogos introspectivos en el 
área de la psicofísica y de la psicofisiología que trataba de los 
fenómenos psicológicos más simples, fenómenos que podían ser 
interpretados de modo plausible como directamente unidos a 
los agentes externos. Wundt, por ejemplo, comprendió la verda- 
dera esencia del método psicológico como una alteración sistemá- 
tica de los estímulos que provocan un cambio en el proceso psi- 
cológico vinculado a los mismos. Buscó el modo más objetivo de 
registrar las manifestaciones externas de dichos procesos internos, 
que, según él, eran las expresiones introspectivas del sujeto. 

Al mismo tiempo, es importante recordar que, para Wundt, 
el estímulo y respuesta funcionaban únicamente para establecer 
el marco, dentro del cual podían estudiarse los sucesos básicos y 
los procesos psicológicos de modo seguro y controlado. Las ma- 
nifestaciones introspectivas de estos procesos eran la evidencia 
suprema relativa a su naturaleza; interpretación esta po comparti- 
da por los investigadores posteriores. 

Nuestra descripción del esquema básico de la experimentación 
psicológica, tal como Wundt la practicaba, implica algunas limi- 
taciones en su aplicación: dicha experimentación únicamente era 
adecuada para el estudio de los procesos elementales de un carác- 
ter psicofisiológico. Las funciones psicológicas superiores no per- 
mitían ser estudiadas de esta manera, quedando pues totalmente 
cerradas a la psicología experimental. Si recordamos las tipos de 
experimentación sobre el desarrollo cognoscitivo de los niños que 
caracterizaban las investigaciones revisadas en los primeros capí- 
tulos de la presente obra, comprenderemos fácilmente por qué los 
primeros investigadores se centraban en las funciones psicológicas 
elementales; esta limitación es una característica intrínseca del 
método experimental como se aceptaba generalmente en psicolo- 
gía, Wundt comprendió y aceptó este hecho, que constituye el 
motivo por el cual evitó los estudios experimentales de las fun- 
ciones psicológicas superiores. 

A partir de lo que antecede, debería quedar claro que un 


98 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


esquema estímulo-respuesta para elaborar observaciones experi- 
mentales 1o puede servir de base a un estudio apropiado de las 
formas superiores de conducta específicamente humanas. Como 
mucho, puede ayudarnos únicamente a registrar la existencia de 
las formas inferiores y subordinadas, que no adoptan la esencia 
de las formas superiores. Utilizando los métodos corrientes, tan 
sólo podemos determinar la variación cuantitativa en la com- 
plejidad de estímulos y en las respuestas de los distintos animales 
y seres humanos en diferentes estadios de desarrollo. 

Estoy convencido de que, basada en una aproximación mate- 
rialista dialéctica al análisis de la historia humana, la conducta 
del hombre difiere cualitativamente de la del animal, al igual que 
la adaptabilidad y desarrollo histórico de los seres humanos se 
diferencia de la adaptabilidad y desarrollo de los animales. La 
evolución psicológica del individuo es parte integrante del desa- 
rrollo histórico general de nuestra especie, y así debe ser enten- 
dida. Si aceptamos esta posición, significa que debemos hallar 
una nueva metodología para la experimentación psicológica. 

La clave de nuestro método, que intentaré describir analíti- 
camente en los siguientes capítulos, procede directamente de la 
diferencia que Engels señaló entre las aproximaciones naturalis- 
tas y dialécticas relativas a la comprensión de la historia humana. 
En el análisis histórico, el naturalismo, de acuerdo con la noción 
de Engels, se manifiesta en la suposición de que únicamente la 
naturaleza es susceptible de afectar a los seres humanos y que 
tan sólo las condiciones naturales determinan el desarrollo his- 
tórico. Al mismo tiempo que admite la influencia de la naturaleza 
sobre el hombre, la aproximación dialéctica postula que el hom. 
bre, a su vez, modifica la naturaleza y crea, mediante los cambios 
que provoca en ella, nuevas condiciones naturales para su exis- 
tencia! Esta posición es la clave de nuestra aproximación al 
estudio e interpretación de las funciones psicológicas superiores 
del hombre y sirve de base para los nuevos métodos de experi- 
mentación y análisis por los que abogamos. 


1. F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, Crítica (OME 36), Barcelona, 
1979, pp. 234-235, 


PROBLEMAS DE MÉTODO 90 


Todos los métodos estímulo-respuesta comparten la insufi- 
ciencia que Engels adscribe a las aproximaciones naturalistas en 
historia. Ambos consideran la relación entre la conducta humana 
y la naturaleza como unidireccionalmente reactiva. No obstante, 
mis colaboradores y yo creemos que el comportamiento humano 
llega a alcanzar esta «reacción transformadora respecto a la natu- 
raleza» que Engels atribuía a las herramientas. Entonces, debe- 
mos buscar los métodos adecuados a nuestra concepción. Necesi- 
tamos también, además de los nuevos métodos, un nuevo esquema 
analítico. 

He subrayado que uno de los objetivos básicos de nuestra in- 
vestigación consiste en proporcionar un análisis de las formas 
superiores de conducta, pero la situación de la psicología contem- 
poránea es tal que el problema del análisis mismo debe discutirse 
si nuestra aproximación ha de extenderse más allá de los ejem- 
plos específicos que hemos experimentado. 

La base de nuestra aproximación al análisis de las funciones 
psicológicas superiores está formada por tres principios. 


Análisis del proceso, no del objeto. El primer principio nos 
lleva a distinguir entre el análisis de un objeto y el análisis de 
un proceso. Tal como declaró Koffka, el análisis psicológico ha 
tratado casi siempre a los procesos que analiza como si fueran 
objetos fijos y estables. La tarea del análisis consistía en dividir 
estas formas en sus componentes. El análisis psicológico de los 
objetos debería contrastarse con el análisis de los procesos, que 
requiere un despliegue dinámico de los principales puntos que 
constituyen la historia de los procesos. Por consiguiente, la psi- 
cología evolutiva, no la psicología experimental, proporciona una 
nueva aproximación al análisis, que nos es de suma utilidad. Al 
igual que Werner, abogamos por la aproximación evolutiva como 
algo esencial para la psicología experimental? Todo proceso psico- 
lógico, tanto si se trata del desarrollo del pensamiento como de 


2. H. Werner, The Comparative Psychology of Mental Development, 
International Universities Press, Nueva York, 1948, 


100 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


la conducta voluntaria, es un proceso que sufre cambios ante 
nuestros propios ojos. El desarrollo en cuestión puede limitarse a 
unos pocos segundos, o incluso a fracciones de segundo (como 
en el caso de la percepción normal). No obstante, también (como 
en los procesos mentales complejos) puede durar varios días o in- 
cluso semanas. Bajo ciertas condiciones resulta factible trazar 
dicho desarrollo. El trabajo de Werner suministra un ejemplo de 
cómo puede aplicarse a la investigación experimental un punto de 
vista evolutivo, Sirviéndose de semejante aproximación, uno pue- 
de provocar un determinado desarrollo, bajo condiciones de labo- 
ratorio. 

Nuestro método podría denominarse experimental-evolutivo, 
en el sentido de que crea o provoca artificialmente un proceso de 
desarrollo psicológico. Dicha aproximación es igualmente apropia- 
da para el objetivo básico del análisis dinámico. Si reemplazamos 
el análisis del objeto por el análisis del proceso, resulta que la 
tarea básica de investigación se convierte en una reconstrucción 
de cada estadio en el desarrollo del proceso: éste debe ser devuel- 


to a sus estadios iniciales. 


Explicación versus descripción. En psicología asociacionista 
e introspectiva, el análisis es esencialmente una descripción y no 
una explicación tal como nosotros la comprendemos. La simple 
descripción no revela las relaciones dinámico-causales reales que 
subyacen a los fenómenos. 

K. Lewin compara el análisis fenomenológico, basado en ras- 
gos externos (fenotipos), con lo que él llama análisis genotípico, 
en el que un fenómeno se explica en base a su origen más que a 
su apariencia externa? La diferencia entre estos dos puntos de 
vista puede dilucidarse mediante cualquier ejemplo biológico. Una 
ballena, desde el punto de vista de su apariencia externa, está 
más próxima a la familia de los peces que a la de los mamíferos, 
pero, en lo que a su naturaleza biológica respecta, está más cerca 


3, K. Lewin, A Dynamic Theory of Personality, McGraw-Hill, Nueva 
York, 1935, 


PROBLEMAS DE METODO 101 


de una vaca o de un ciervo que de un lucio o un tiburón. De 
acuerdo con Lewin, podemos aplicar esta distinción entre los pun- 
tos de vista fenotípicos (descriptivos) y genotípicos (explicativos) 
en psicología. Al hablar de estudio evolutivo de un problema, me 
refiero concretamente al descubrimiento de su génesis, de su base 
causal dinámica. Por análisis fenotípico entiendo aquel análisis 
que comienza directamente con los rasgos y manifestaciones co- 
rrientes de un objeto. Podríamos citar numerosos ejemplos, en 
psicología, en los que se han cometido graves errores debido a la 
confusión de que han sido objeto estos dos puntos de vista. En 
nuestro estudio del desarrollo del lenguaje, hemos hecho hincapié 
en la importancia de la distinción entre similitudes fenotípicas y 
genotípicas. 

En su aspecto externo y descriptivo, las primeras manifesta- 
ciones del lenguaje en un niño de un año y medio a dos años de 
edad son semejantes al lenguaje adulto. En base a su similitud, 
investigadores de talla, como Stern, han llegado a la conclusión 
de que en esencia el niño de dieciocho meses es ya consciente de 
la relación existente entre signo y significado.* En otras palabras, 
clasifica en el mismo rango fenómenos que no tienen nada en 
común desde el punto de vista evolutivo. Por otra parte, el len- 
guaje egocéntrico —que en sus manifestaciones externas difiere 
esencialmente del lenguaje interno— debe ser clasificado junto 
con el lenguaje interno, desde el punto de vista evolutivo. 

Nuestra investigación acerca del lenguaje de los niños peque- 
ños nos conduce al principio básico formulado por Lewin: dos 
procesos fenotípicamente idénticos o similares pueden ser radical. 
mente distintos el uno del otro en sus aspectos dinámico-causales 
y viceversa; dos procesos que están muy próximos en lo que a 
su naturaleza dinámico-causal se refiere, pueden ser fenotípica- 
mente distintos. 

Ya he señalado que la aproximación fenotípica categoriza los 
procesos de acuerdo con sus similitudes externas. Marx explicó 
la aproximación fenotípica de modo general, al afirmar que «si la 


4. W, Stern, Psichology of Early Childhood. 


102 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


esencia de los objetos coincidiera con la forma “de sus manifesta- 
ciones externas, la ciencia sería totalmente superflua»; observa- 
ción sumamente razonable? Si todos los objetos fueran fenotípica 
y genotípicamente equivalentes (es decir, si los verdaderos funda- 
mentos de su formación y operación se expresaran a través de su 
manifestación externa), la experiencia cotidiana sería suficiente 
para reemplazar al análisis científico. Todo lo que viéramos sería 
tema de nuestro conocimiento científico. 

En realidad, la psicología nos muestra, a cada paso, que aun- 
que dos tipos de actividad puedan tener la misma manifestación 
externa, en origen o esencia, su naturaleza puede diferir profun- 
damente. En tales casos, son necesarios recursos especiales del 
análisis científico para poner al descubierto las diferencias internas 
que se hallan ocultas tras las semejanzas externas. La tarea pri- 
mordial del análisis es la de revelar dichas relaciones. En este 
sentido, el análisis científico real difiere radicalmente del análisis 
introspectivo y subjetivo, que, debido a su naturaleza, no puede 
aspirar a ir más allá de la pura descripción. El tipo de análisis por 
el que abogamos trata de poner al descubierto la esencia, en lugar 
de las características percibidas de los fenómenos psicológicos. 

Así pues, no estamos en absoluto interesados en una descrip- 
ción de la experiencia inmediata puesta de manifiesto por un des- 
tello de luz, tal como hace el análisis introspectivo; en realidad, 
tratamos de comprender los vínculos reales que existen entre los 
estímulos externos y las respuestas internas que subyacen a las 
formas superiores de conducta designadas por las descripciones in- 
trospectivas. De este modo, el análisis psicológico, en el sentido 
que nosotros le damos, rechaza las descripciones nominales y trata 
de determinar las relaciones dinámico-causales. Sin embargo, tal 
explicación sería también imposible si ignoráramos las manifesta- 
ciones externas de las cosas. El análisis objetivo incluye, necesa- 
riamente, una explicación científica, tanto de las manifestaciones 
externas como del proceso en estudio. No se halla limitado a una 
perspectiva evolutiva, ni repudia la explicación de las idiosincra- 


5. En el texto no se incluyen referencias exactas, ia en sus demás 
obras Vygotski ofrece amplias citas de El capital, vol. 


PROBLEMAS DE MÉTODO 103 


sias fenotípicas corrientes, sino que las subordina al descubrimien- 
to de su origen real. 


El problema de la «conducta fosilizada». El tercer principio 
subyacente a nuestra aproximación analítica está basado en el he- 
cho de que, en psicología, hallamos a menudo procesos que ya 
han desaparecido, es decir, procesos que han recorrido un largo 
estadio de desarrollo histórico y han terminado por fosilizarse. 
Estas formas fosilizadas de conducta se encuentran más fácil. 
mente en los procesos psicológicos llamados automáticos o meca- 
nizados, que, a causa de su antiguo origen, se repiten ahora millo- 
nes de veces, quedando totalmente mecanizados, Han perdido su 
apariencia original, de modo que su aspecto externo no nos dice 
absolutamente nada acerca de su naturaleza interna. Su carácter 
automático crea grandes dificultades al análisis psicológico, 

Los procesos que, tradicionalmente, hemos denominado como 
atención voluntaria e involuntaria, proporcionan un ejemplo ele- 
mental que demuestra cómo ciertos procesos esencialmente dis- 
tintos adquieren una similitud externa como resultado de su auto- 
matización. Evolutivamente hablando, estos dos procesos difieren 
profundamente. No obstante, en psicología experimental se con- 
sidera un hecho, tal como lo formuló Titchener, que la atención 
voluntaria, una vez establecida, funciona exactamente igual que la 
atención involuntaria.* En términos de Titchener, la atención «se- 
cundaria» cambia constantemente en atención «primaria». Des- 
pués de describir y comparar ambos tipos de atención, Titchener 
afirmó: «Existe, sin embargo, un tercer estadio en el desarrollo 
de la atención, que consiste nada menos que en un retorno al 
primer estadio». El estadio último y superior en el desarrollo de 
todo proceso puede mostrar una semejanza puramente fenotípica 
con los primeros estadios. Así pues, si partimos de una aproxi- 
mación fenotípica, resulta imposible distinguir entre las formas 
superiores e inferiores de dicho proceso. El único modo de 


6. E. Titchener, Manual de psicología, Moscú, 1914, 


104 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


estudiar este tercer y último estadio del desarrollo de la atención 
es a través de la comprensión de éste en todas sus diferencias e 
idiosincrasias. En pocas palabras, hemos de comprender su origen. 
A continuación, hemos de centrarnos, no en el producto del desa- 
rrollo, sino en el proceso mismo, por el que se establecen las 
formas superiores. Al actuar de este modo, el investigador se ve 
a menudo forzado a alterar el carácter automático, mecanizado y 
fosilizado de las formas superiores de conducta y devolverlas a su 
fuente original a través del experimento. Este es el objetivo del 
análisis dinámico. 

Las funciones rudimentarias e inactivas no permanecen como 
restos de la evolución biológica, sino como reminiscencias del 
desarrollo histórico de la conducta. En consecuencia, el estudio 
de las funciones rudimentarias debe ser el punto de partida para 
desplegar una perspectiva histórica en los experimentos psicoló- 
gicos. En este caso, el presente y el pasado se hallan fundidos, 
viéndose el presente a la luz de la historia. Nos encontramos, 
aquí, en dos planos simultáneamente: en el que es y en el que 
fue. La forma fosilizada es el extremo del hilo que une el pre- 
sente al pasado, los estadios superiores de desarrollo a los pri- 
marios. 

El concepto de una psicología históricamente fundada ha sido 
erróneamente comprendido por numerosos investigadores que es- 
tudian el desarrollo del niño. Para ellos, estudiar algo desde el 
punto de vista histórico significa, por definición, estudiar sucesos 
pasados. Por ello, imaginan que existe una barrera infranqueable 
entre el estudio histórico y el estudio de las formas de conducta 
actuales. Estudiar algo desde el punto de vista bistórico significa 
estudiarlo en su proceso de cambio; esta es la exigencia básica del 
método dialéctico. En investigación, el hecho de abarcar el pro- 
ceso de desarrollo de una determinada cosa en todas sus fases y 
cambios —desde el principio hasta el fin— significa fundamental- 
mente descubrir su naturaleza, su esencia, ya que «únicamente a 
través del movimiento puede un cuerpo mostrar lo que realmente 
es». Ásí pues, el estudio histórico de la conducta no es un aspecto 
auxiliar del estudio teórico, sino que más bien constituye su 


PROBLEMAS DE MÉTODO 105 


verdadera base. Tal como postuló P. P. Blonski: «La conducta 
tan sólo puede comprenderse como historia de la conducta» .' 

La búsqueda de un método se convierte en uno de los princi- 
pales problemas que abarca la tarea de comprender las formas 
esencialmente bumanas de la actividad psicológica. En este caso, 
el método es, simultáneamente, requisito previo y producto, la 
herramienta y el resultado del estudio. 

En pocas palabras, el objetivo del análisis psicológico y sus 
factores esenciales son los siguientes: 1) el análisis del proceso 
en oposición al análisis del objeto; 2) el análisis que revela re- 
laciones causales, reales o dinámicas en oposición a la enumera- 
ción de los rasgos externos de un proceso, es decir, el análisis 
debe ser explicativo, no descriptivo; 3) el análisis evolutivo 
que regresa a la fuente original y reconstruye todos los puntos 
del desarrollo de una determinada estructura. El resultado del 
desarrollo no será ni una estructura puramente psicológica, tal 
como considera la psicología descriptiva que ha de ser el re- 
sultado, ni una simple suma de procesos elementales, tal como 
preveía la psicología asociacionista, sino una forma cualitativa- 
mente nueva que aparece en el proceso de desarrollo. 


LA PSICOLOGÍA DE LAS RESPUESTAS DE ELECCIÓN COMPLEJA 


A fin de ilustrar las distintas aproximaciones al análisis psico- 


lógico, expondré en detalle dos análisis diferentes de una misma 
tarea. En ella, el sujeto está expuesto a uno a más estímulos 
(visuales o auditivos). La respuesta exigida difiere de acuerdo con 
el número de estímulos y los intereses del investigador: algunas 
aproximaciones tratan de disolver la reacción en una serie de pro- 
cesos elementales cuya duración puede aumentarse o disminuirse 
para establecer las leyes de combinación; otras intentan describir 
la reacción emocional del sujeto mientras responde al estímulo. 
En ambos casos, los análisis introspectivos de las respuestas de 


7. P. P. Blonski, Ensayos de psicologia cientifica, Moscú, 1921. 


106 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


los sujetos se utilizan como dato básico. En dichos experimentos 
las insuficiencias de las formulaciones previas suministran ilustra- 
ciones útiles de nuestros principios analíticos básicos.* 

Un rasgo característico de estos análisis es que las respuestas 
simples y complejas se distinguen, en un principio, por la com- 
plejidad cuantitativa de los estímulos: se dice que una reacción 
simple se da cuando se presenta un estímulo solo, mientras que 
la complejidad de la respuesta aumenta con un número cada vez 
mayor de estímulos. Una suposición esencial en esta línea de pen- 
samiento es que la complejidad de la tarea es idéntica a la com- 
plejidad de la respuesta interna del sujeto. 

Esta identidad queda perfectamente expresada en las fórmulas 
algebraicas comúnmente utilizadas en el análisis de las respuestas 
de estas tareas. Si presentamos un solo estímulo, podemos escri- 
bir una ecuación en la que la reacción compleja es equivalente a 
una reacción simple (reconocimiento sensorial): R.= R,, donde R; 
es la respuesta a la reacción compleja total y R, es la respuesta 
a una sola reacción de reconocimiento. En cambio, si presentamos 
dos o más estímulos, de los cuales el sujeto debe elegir uno 
solo, la ecuación se convierte en la siguiente: R; = R, + D, en 
la que D es el tiempo que transcurre hasta la discriminación entre 
el estímulo que constituye el objetivo y el otro restante. Utilizan- 
do estas dos ecuaciones, podríamos establecer el tiempo necesario 
para una reacción simple y para la reacción discriminatoria. Si 
complicamos la tarea instando al sujeto a que escoja una respuesta 
distinta para cada estímulo (por ejemplo, pulsar la tecla de la 
izquierda con el estímulo A y la de la derecha con el estímulo B), 
obtenemos la fórmula de la clásica reacción de elección: R:=R,+ 
+D+C, donde C es el tiempo necesario para elegir el movimien- 
to correcto, por ejemplo, pulsar la tecla correspondiente al estímu- 
lo presentado. 

Una descripción verbal de la teoría subyacente a este conjunto 


8. Para una discusión más amplia acerca de la importancia de los expe- 
rimentos sobre el tiempo de reacción en la psicología de principios de 
siglo, véase E. G. Boring, «The Psychology of Controversy», Psychological 
Review, 36 (1929): pp. 97-121. 


PROBLEMAS DE MÉTODO 107 


de fórmulas sería la siguiente: la respuesta discriminatoria es una 
reacción simple más la discriminación; la reacción de elección es 
una reacción simple más la discriminación más la elección. Una 
respuesta superior y más compleja se considera como la suma 
aritmética de sus componentes elementales. 

Los partidarios de esta aproximación analítica la aplican am- 
pliamente. Así, por ejemplo, Cattell sostiene que deduciendo el 
tiempo necesario para captar y nombrar una palabra del tiempo 
necesario para comprenderla, traducirla en otra lengua y nom- 
brarla, podemos obtener una dimensión pura del proceso de tra- 
ducción? Resumiendo, incluso los procesos superiores como la 
producción y comprensión del lenguaje pueden analizarse según 
estos métodos. Sería difícil imaginar una noción más mecánica 
de las formas superiores y complejas de la conducta. 

Sin embargo, esta aproximación analítica conduce a una serie 
de dificultades. La observación empírica que contradice esta teoría 
procede de Titchener, quien señaló que el tiempo necesario para 
llevar a cabo una reacción de elección cuidadosamente preparada 
puede ser exactamente el mismo que el tiempo de reacción para 
una respuesta sensorial simple. Mediante la lógica del análisis 
resumido en las fórmulas expuestas más arriba, ello resulta im- 
posible. 

En nuestra opinión, la premisa básica subyacente a toda esta 
línea de análisis es incorrecta. No es cierto que una reacción com- 
pleja consista en una cadena de procesos separados que podrían 
añadirse y sustraerse arbitrariamente. Cualquier reacción de este 
tipo refleja procesos que dependen de todo el proceso de apren- 
dizaje a todos los niveles de práctica. Este análisis mecánico sus- 
tituye las relaciones existentes entre estímulos por las relaciones 
reales subyacentes al proceso de elección. Este tipo de sustitución 
refleja un intelectualismo general en psicología, que trata de com- 
prender los procesos psicológicos en las manipulaciones que cons- 


9. Algunas de las notas de Cattell sobre los estudios del tiempo de 
reacción están reeditadas en W. Dennis, RKeadings in the History of Psy- 
chbology, Appleton-Century-Crofts, Nueva York, 1948. 


108 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


tituyen el experimento mismo; los procedimientos experimentales 
se convierten en sustitutos de los procesos psicológicos. 

Al tiempo que varios eruditos demostraban la insuficiencia 
del análisis psicológico basado en una descomposición mecánica de 
las respuestas en sus elementos, estas críticas se enfrentan al 
problema de que sus análisis introspectivos de las reacciones 
complejas deben limitarse a la descripción: la descripción de las 
respuestas externas queda reemplazada por la descripción de 
las sensaciones internas. En ambos casos, nos hallamos limitados 
al análisis psicológico fenotípico. 

El análisis introspectivo, en el que los observadores altamen- 
te entrenados deben tomar nota de cualquier aspecto de su propia 
experiencia consciente, no puede llevarnos tan lejos. Un resultado 
curioso de este trabajo, tal como lo expuso Ach en la discusión 
acerca de los estudios de la reacción de elección, ha sido el des- 
cubrimiento de que en la reacción de elección no hay sensaciones 
conscientes de elección.” Titchener puntualizó que había que te- 
ner presente que los nombres adjudicados a una reacción simple 
o compleja (por ejemplo, «diferenciación» o «elección») hacen 
referencia a las condiciones externas de la tarea. Nosotros no 
diferenciamos en la reacción de diferenciación ni elegimos en la 
reacción de elección. 

Este tipo de análisis rompió la identidad entre los procedi- 
mientos experimentales y los procesos psicológicos. Los nombres 
de los procesos como «elección» y «diferenciación» se conside- 
raban como reliquias de una primitiva era de la psicología cuando 
todavía se desconocía la experimentación: los observadores in- 
trospectivos hacían una neta distinción entre los nombres de los 
procesos y su experiencia consciente a fin de poder disimular el 
problema. 

Estos estudios introspectivos desembocaron en la conclu- 
sión de que una situación que parece requerir procesos de elec- 
ción no proporciona base alguna para hablar de una respuesta de 
elección psicológica; ello se vio sustituido por una descripción de 


10. N. Ach, Uber die Willenstatigkeit und das Denken, 1905, 


PROBLEMAS DE MÉTODO 109 


las sensaciones de los individuos durante el experimento. No obs- 
tante, nadie podía aportar evidencia alguna de que estas sensa- 
ciones eran parte integrante del determinado proceso de respuesta. 
Parece más probable que sean únicamente uno de sus componen- 
tes y requieran también una explicación; nos inclinamos a concluir 
que la introspección es a menudo incapaz de procurar una descrip- 
ción exacta, sin mencionar ya una correcta explicación, del aspecto 
subjetivo de la respuesta. Por las mismas razones, son de esperar 
frecuentes discrepancias entre las descripciones introspectivas de 
los distintos observadores que pueblan este ámbito de investiga- 
ción. Debería quedar perfectamente claro que el análisis intros- 
pectivo no puede proporcionar una explicación causal real o diná- 
mica de un proceso; para que ello sea posible, debemos dejar de 
confiar en las apariencias fenotípicas y situarnos en un punto de 
vista evolutivo. 

La investigación acerca de las reacciones complejas ilustra 
también la confianza de la psicología en el análisis de los proce- 
sos, aunque sólo después de que éstos se hayan fosilizado. Esto 
fue señalado por Titchener, quien afirmó que los investigadores 
se habían concentrado en el tiempo de reacción de las respuestas 
que estudiaban, en lugar de hacerlo en los procesos de aprendi- 
zaje o en el contenido de la reacción misma. Esta misma conclu- 
sión puede observarse en la práctica estandarizada de ir descar- 
tando los datos de las primeras sesiones cuando se establece la 
respuesta. Se buscaba la uniformidad, de modo que nunca se po- 
día captar el proceso al vuelo; al contrario, los investigadores 
descartaban de manera rutinaria el tiempo crítico cuando aparecía 
una reacción o cuando sus vínculos funcionales se establecían y 
ajustaban, Tales prácticas nos llevan inevitablemente a calificar a 
las respuestas de «fosilizadas». Por otra parte, reflejan el hecho 
de que estos psicólogos no estaban interesados en reacciones com- 
plejas tales como un proceso de desarrollo. Esta aproximación 
constituye una fuente de confusiones que emergen respecto a las 
reacciones simples y complejas que, en la superficie, son similares, 
Podríamos decir que las reacciones complejas han sido estudiadas 
posimoriten. 

Si comparamos las reacciones complejas con los reflejos, que, 


110 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


en muchos aspectos, son psicológicamente distintos, obtenemos 
otra perspectiva al respecto. Una sola comparación será suficiente 
para nuestros propósitos de ilustración. Es de sobra sabido que el 
período latente para una reacción compleja es más largo que el 
correspondiente a un reflejo, Sin embargo, tiempo atrás, Wundt 
estableció que el período latente para una reacción compleja dis- 
minuye con la práctica. Como consecuencia, la latencia de la 
reacción compleja y el reflejo simple se hacen equivalentes. Las 
diferencias más notables entre una reacción compleja y un reflejo 
suelen ser más aparentes cuando la reacción se halla en sus pri- 
meros estadios; a medida que prosigue la práctica, las diferencias 
se van desvaneciendo más y más. Por ello, las diferencias entre 
estas dos formas de conducta deberían buscarse en el análisis de 
su desarrollo. Sin embargo, las investigaciones de las ya repetidas 
reacciones de elección y de los reflejos, en lugar de aumentar 
estas diferencias entre ambos, las ocultan. Los intentos prepara- 
torios exigidos por los métodos experimentales más corrientes 
pueden durar, a menudo, varias sesiones, Al descartar o ignorar 
estos datos, el investigador obtiene una reacción automatizada 
que ha perdido su diferencia evolutiva con el reflejo y ha adqui- 
rido una apariencia fenotípicamente similar a éste. Todos estos 
factores nos han llevado a afirmar que los primeros investigadores 
estudiaron las reacciones en experimentos psicológicos únicamente 
después de haberlas fosilizado. 

Este debate acerca de los análisis tradicionales de la reacción 
compleja define, aunque negativamente, las tareas básicas a las 
que nos enfrentamos. Á fin de poder alcanzar el tipo de análisis 
dinámico-causal por el que abogamos, tendremos que cambiar el 
objetivo de nuestra investigación. 


UN ESTUDIO DINÁMICO-CAUSAL DE LAS REACCIONES 
DE ELECCIÓN 


Evidentemente, las primeras sesiones, en las que se forma * 
la reacción, son de crucial interés debido a que únicamente los 
datos de este período pueden revelar el verdadero origen de la 


PROBLEMAS DE MÉTODO 111 


reacción y sus vínculos con otros procesos. Mediante un estudio 
objetivo de toda la historia de la reacción, podemos obtener una 
explicación integrada de sus manifestaciones internas y superficia- 
les. Así pues, nos interesa estudiar la reacción tal como aparece 
inicialmente, mientras se va modelando y después de haberse for- 
mado sólidamente, sin olvidar en ningún momento el flujo diná- 
mico de todo el proceso de su desarrollo. 

Á partir de mi anterior exposición, queda claro otro punto de 
la tarea: la reacción compleja debe estudiarse como un proceso 
vivo, no como un objeto. Hemos de transformar la reacción a su 
fuente original si la hallamos en forma automatizada. 

Al examinar los procedimientos experimentales utilizados en 
las reacciones complejas, comprobamos que todos ellos están res- 
tringidos a conexiones carentes de significado entre estímulos 
y respuestas. Se presentan al sujeto varios estímulos a los que 
debe responder de distinta manera: ni las relaciones entre los 
estímulos y las respuestas exigidas, ni la secuencia en la que se 
presentan los estímulos tienen importancia alguna desde el punto 
de vista del sujeto. Cuando se requiere una respuesta de tipo 
motor, como' pulsar un botón, los sujetos realizan el movimiento 
del modo que les place. Ello hace que las relaciones entre los ele- 
mentos del problema sean mecánicas, colocando los procedimien- 
tos en el mismo plano que la investigación acerca de la memoria, 
que utiliza estímulos absurdos, 

Esta analogía entre los estudios sobre la reacción de elección 
y la memoria puede ampliarse si tomamos en consideración la 
similitud del papel de la repetición en ambas tareas. Aunque na- 
die se ha detenido en el estudio de las pruebas prácticas en 
investigaciones de la reacción de elección, podemos concluir sin 
lugar a dudas que si la reacción se forma a través del repetido 
entrenamiento (o del entrenamiento acompañado de la instrucción 
escrita u oral), se ha aprendido de memoria, al igual que se apren- 
de de memoria la conexión entre dos sílabas sin aparente sentido. 
Si las reacciones simples estuvieran involucradas y el sujeto reci- 
biera una explicación exhaustiva de antemano para que la rela- 
ción entre estímulo y respuesta fuera significativa (por ejemplo, 
pulsar la tecla número 1 cuando vo diga «uno», y pulsar la tecla 


112 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


número 2 cuando yo diga «dos»), estaríamos tratando con víncu- 
los ya existentes. En ningún caso estudiaríamos el proceso de 
organización de la reacción, a lo largo del cual se descubren sus 
vínculos subyacentes. 

Para clarificar todo ello, trazaremos los estadios por los 
que va pasando paulatinamente la reacción de elección, primero 
mediante experimentos realizados con adultos, y luego con niños. 

Si proponemos una reacción de elección relativamente sim- 
ple, esto es, pulsar un botón con la mano izquierda cuando apa- 
rece un estímulo rojo y pulsar otro con la mano derecha cuando 
aparece un estímulo verde, las personas adultas adquieren rápida- 
mente una respuesta estable. Sin embargo, supongamos que au- 
mentamos el número de estímulos y respuestas a cinco o seis y 
diversificamos las respuestas de modo que el sujeto tenga que 
responder no sólo con ambas manos, sino que algunas veces tenga 
que pulsar un botón y otras mover un dedo simplemente. Con el 
incremento de las parejas estímulo-respuesta, la tarea aumenta en 
dificultad. Vayamos más lejos y supongamos que en lugar de pro- 
porcionar un largo período de entrenamiento previo, en el que el 
sujeto puede aprender las relaciones estímulo-respuesta, facilita- 
mos únicamente unas pocas y escuetas instrucciones. Enfrentados 
a esta situación, los adultos llegaron incluso a negarse a tratar el 
problema, arguyendo que no podían recordar qué era lo que de- 
bían hacer. Una vez comenzada la sesión, seguían repitiéndose a sí 
mismos las instrucciones, preguntaban sobre algunos puntos de la 
tarea que habían olvidado y trataban de dominar todo el sistema 
de relaciones antes de entregarse a la tarea, como generalmente 
se hace. 

Sin embargo, si añadiéramos estímulos adicionales a los boto- 
nes y teclas de la respuesta, de modo análogo a los procedimien- 
tos utilizados en los estudios acerca de la memoria descritos pre- 
viamente, los adultos emplearían estos medios auxiliares para re- 
cordar las relaciones necesarias de estímulo-respuesta. 

En lo que a los niños pequeños respecta, el cuadro resultó dis- 
tinto, En primer lugar presentamos el problema, al igual que hici- 
mos con los adultos, pidiéndole al niño que respondiera de modo 
distinto a cada estímulo diferente. A diferencia de los adultos, 


PROBLEMAS DE MÉTODO 113 


los niños de seis a ocho años se enfrascaban en la tarea inmedia- 
tamente después de haber escuchado las instrucciones, tratando 
de seguirlas al pie de la letra sin la más mínima incertidumbre. 
Al poco rato de comenzar el experimento, la mayoría de los niños 
se encontraban con enormes dificultades. Si un niño recordaba 
una o dos relaciones y respondía correctamente a aquellos estí: 
mulos, preguntaba ingenuamente acerca de los estímulos restan- 
tes, tratando a cada uno de ellos por separado. Este comporta- 
miento contrastaba con el de los adultos, quienes generalmente 
eran incapaces de manejar de modo efectivo los estímulos indivi- 
duales hasta que no dominaban todas las relaciones necesarias. 
Esta conducta por parte de los niños, la interpretamos como una 
evidencia más de que se hallan en el estadio en el que responden 
a la tarea de una forma natural o primitiva, puesto que confían 
en la memoria no mediata para los elementos de la tarea. El 
hecho de que los niños aceptaran sin dudar el reto de establecer 
una respuesta de elección compleja hasta diez estímulos indica 
que todavía ignoraban sus propias posibilidades y limitaciones. 
Operan con las tareas complejas del mismo modo que lo hacen 
con las tareas simples. 

La conducta del niño difiere también de la del adulto cuando 
introducimos estímulos auxiliares, aunque podemos distinguir el 
comienzo de la reestructuración que caracteriza al adulto. 

En primer lugar, introducimos estímulos auxiliares que man- 
tienen una clara relación con los estímulos primarios con los que 
comenzamos el experimento. Por ejemplo, si el estímulo primario 
era un caballo, al que el niño debía responder pulsando una tecla 
con su dedo índice izquierdo, pegamos el dibujo de un trineo en 
dicha tecla. En la tecla correspondiente a una barra de pan, pega- 
mos el dibujo de un cuchillo. De este modo el pequeño compren- 
día rápidamente que el trineo iba con el caballo, el cuchillo con el 
pan, y así sucesivamente. Las reacciones de elección se introducen 
suavemente desde el principio. Y lo que es más, no importa el 
número de estímulos y respuestas involucrados en la tarea; los 
rasgos cualitativos de la respuesta son siempre los mismos. El 
niño desarrolla inmediatamente una regla para la solución del 


114 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 
problema y, a continuación, realiza su elección en base a dicha 


a. 

Sin embargo, sería incorrecto suponer que el niño ha consegui- 
do dominar un sistema de conducta mediata en su forma adulta 
completa. Basta únicamente con cambiar las relaciones entre los 
estímulos primario y auxiliar para descubrir los límites del siste- 
ma de respuestas del niño. Si emparejamos los estímulos de dis- 
tinto modo (es decir, caballo con cuchillo y pan con trineo), el 
niño ya no podrá utilizar el estímulo auxiliar de modo correcto. 
El pequeño recuerda solamente que caballo ayuda a encontrar la 
tecla del trineo. Así pues, con sus respuestas, demuestra que ha 
estado usando la asociación convencional de caballo y trineo para 
seleccionar su elección, pero en ningún momento ha llegado a 
dominar la lógica interna del uso de un estímulo para mediar la 
respuesta de otro. 

Si continuamos con nuestro experimento, no tardaremos en 
observar cambios en el modo de responder del niño. En el primer 
estadio de respuestas a estímulos arbitrariamente relacionados, el 
pequeño no tiene la experiencia suficiente con la tarea como para 
poder organizar de manera efectiva su conducta. Utiliza la expe- 
riencia de modo ingenuo. Sin embargo, a lo largo del experimen- 
to, obtiene la experiencia necesaria para reestructurar su com- 
portamiento. Una vez el niño ha adquirido el conocimiento físico, 
empieza a operar con los objetos; por su parte, el conocimiento 
de las operaciones psicológicas da comienzo cuando el pequeño se 
esfuerza en llevar a cabo la tarea de la reacción de elección. A me- 
dida que trata de recordar qué estímulos están relacionados con 
ciertas respuestas, el niño aprende, en esta situación, en qué 
consiste recordar y empieza a utilizar uno u otro estímulo auxiliar 
de modo efectivo. El pequeño comienza a darse cuenta de que 
ciertas relaciones entre los estímulos y los dibujos auxiliares pro- 
ducen respuestas de elección correcta, mientras que otras no. No 
tarda en poner objeciones a la disposición de los dibujos, pidien- 
do que los dibujos que figuran sobre las teclas se coloquen de ma- 
nera que se ajusten a los estímulos primarios que están asociados 
con éstas. Cuando se le dice que pulse la tecla del pan en res- 
puesta al dibujo del caballo, el niño insiste: «No, quiero la tecla 


PROE:LEMAS DE MÉTODO 115 


del trineo.» Esto demuestra que el pequeño está acumulando ex- 
periencia, que transforma la estructura de su proceso de memo- 
rización. 

Después de haber comprendido qué es lo que requieren las 
operaciones de memorización, el niño pasa al siguiente estadio. 
Si los estímulos primarios y auxiliares se presentan en una dis- 
posición que parece fortuita, el niño sugerirá ordenarlos de modo 
especial, estableciendo así una relación específica entre ellos. 
Ahora, el niño demuestra que es consciente de que ciertos signos 
le ayudarán a resolver ciertas operaciones. En pocas palabras, 
comienza a memorizar a través del uso de signos. 

Una vez atravesada esta fase, el niño ya no experimenta dif- 
cultad alguna en crear relaciones y servirse de ellas. Aunque se le 
presenten parejas de estímulos primarios y auxiliares, el niño ya 
no está obligado a utilizar las relaciones disponibles (como caba- 
llo-trineo), sino que puede crear relaciones propias. Este estadio 
podría denominarse estadio del uso de signos externos. $e carac- 
teriza por la formación independiente de nuevas relaciones en las 
operaciones internas del niño, utilizando signos externos. El pe- 
queño es capaz de organizar los estímulos externos para llevar a 
cabo sus respuestas. Este estadio fundamental está seguido por 
el estadio en que el niño empieza a organizar los estímulos de 
naturaleza interna. 

Estos cambios se manifiestan a lo largo del experimento de 
reacción de elección. Con una enorme práctica en dicho experi- 
mento, el tiempo de reacción disminuye cada vez más y más. Si 
el tiempo de reacción ante un determinado estímulo ha sido de 
500 milésimas de segundo o más, puede reducirse hasta 200. 
La mayor duración del tiempo de reacción reflejaba el hecho de 
que el niño estaba utilizando medios externos para realizar las 
operaciones de memorizar la tecla correspondiente. Gradualmente, 
el niño va abandonando los estímulos externos sin prestarles nin- 
guna atención. La respuesta a los estímulos auxiliares externos 
se reemplaza por la respuesta a los estímulos producidos interna- 
mente. En su forma más desarrollada, esta operación interna con- 
siste en el hecho de que el niño capta la estructura Íntima del 
proceso, aprende paulatinamente las leyes según las cuales deben 


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SEGUNDA PARTE 


IMPLICACIONES EDUCACIONALES 


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CaprítuLo VI 


INTERACCIÓN ENTRE APRENDIZAJE 
Y DESARROLLO 


Los problemas con los que nos encontramos en el análisis psi- 
cológico de la enseñanza no pueden resolverse de modo correcto, 
ni siquiera formularse, sin situar la relación entre aprendizaje y 
desarrollo en niños de edad escolar. No obstante, éste resulta ser 
el menos evidente de los aspectos básicos de los que depende la 
aplicación de las teorías del desarrollo del niño a los procesos 
educacionales. No es necesario insistir en que la falta de claridad 
teórica no significa que este aspecto se desplace de los esfuerzos 
de la investigación corriente hacia el aprendizaje; ningún estudio 
puede evitar este aspecto teórico crucial. Sin embargo, la rela- 
ción entre aprendizaje y desarrollo sigue siendo metodológica- 
mente confusa, porque los estudios que se han realizado hasta 
hoy han incorporado en su seno postulados, premisas y solucio- 
nes específicas al problema de dicha relación fundamental, que 
se han revelado teóricamente vagas, críticamente no evaluadas y, 
a veces, internamente contradictorias; y ello, evidentemente, de- 
semboca en una inmensa variedad de errores, 

Todas las concepciones corrientes de la relación entre desa- 
rrollo y aprendizaje en los niños pueden reducirse esencialmente 
a tres posiciones teóricas importantes. 

La primera de ellas se centra en la suposición de que los pro- 
cesos del desarrollo del niño son independientes del aprendizaje. 


124 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Este último se considera como un proceso puramente externo 
que no está complicado de modo activo en el desarrollo. Simple- 
mente utiliza los logros del desarrollo en lugar de proporcionar 
un incentivo para modificar el curso del mismo. 

En investigaciones experimentales acerca del desarrollo del 
pensamiento en los niños de edad escolar, se ha partido de la 
suposición de que procesos tales como la deducción y la com- 
prensión, la evolución de nociones acerca del mundo, la inter- 
pretación de la causalidad física y el dominio de formas lógicas de 
pensamiento y lógica abstracta se producen por sí solos, sin 
influencia alguna del aprendizaje escolar. Un ejemplo de esta 
teoría lo constituyen los principios teóricos sumamente intere- 
santes y complejos de Piaget, que configuran la metodología expe- 
rimental que éste utiliza. Las preguntas que Piaget plantea en el 
curso de sus «conversaciones clínicas» con niños ilustran de 
modo evidente su aproximación. Cuando se le pregunta a un 
niño de cinco años «¿por qué no cae el sol?», se parte de la 
suposición de que el pequeño no tiene ninguna respuesta pre- 
parada para este tipo de pregunta ni posee la suficiente capacidad 
para elaborar ninguna. El objetivo que se persigue al plantear 
preguntas que se hallan fuera del alcance de la estructura intelec- 
tual del niño es el de eliminar la influencia de la experiencia 
previa y conocimientos adquiridos anteriormente. El experimenta- 
dor trata de obtener las tendencias del pensamiento del niño en 
su forma «pura», totalmente independientes del aprendizaje.! 

Del mismo modo, los clásicos de la literatura psicológica, como 
son las obras de Binet y otros, presuponen que el desarrollo es 
siempre un requisito previo para el aprendizaje y que si las fun- 
ciones mentales (operaciones intelectuales) de un niño no han 
madurado lo suficientemente como para poder aprender un tema 
determinado, toda instrucción resultará inútil. Lo que estos in- 
vestigadores temían de forma especial era la instrucción prema- 
tura, la enseñanza de un determinado tema antes de que el 
niño estuviera capacitado para ello. Todo esfuerzo se concentraba 


1. J. Piaget, Language and Thought. 


APRENDIZAJE Y DESARROLLO 125 


en hallar el umbral más bajo de la capacidad de aprendizaje, la 
edad en que, por primera vez, se hace posible un determinado 
tipo de aprendizaje. 

Puesto que esta aproximación se basa en la premisa de que 
el aprendizaje va siempre a remolque del desarrollo, y que el 
desarrollo avanza más rápido que el aprendizaje, se excluye la 
noción de que el aprendizaje pueda desempeñar un papel en el 
curso del desarrollo o maduración de aquellas funciones activa- 
das a lo largo del aprendizaje. El desarrollo o maduración se 
considera como una condición previa del aprendizaje, pero nunca 
como un resultado del mismo. Para resumir esta posición: el 
aprendizaje constituye una superestructura por encima del desa- 
rrollo, dejando a este último esencialmente inalterado. 

La segunda posición teórica más importante es que el apren- 
dizaje es desarrollo. Esta identidad es la esencia de un grupo de 
teorías de muy diverso origen. 

Una de dichas teorías se basa en el concepto del reflejo, una 
noción esencialmente vieja que últimamente ha vuelto a resurgir. 
Tanto si se trata de la lectura, la escritura o la aritmética, el 
desarrollo se considera como el dominio de los reflejos condicio- 
nados; esto es, el proceso de aprendizaje está completa e inse- 
parablemente únido al proceso de desarrollo, Dicha noción fue 
elaborada por James, quien redujo el proceso de aprendizaje a 
la formación de hábitos, identificándolo con el desarrollo, 

Las teorías de los reflejos tienen por lo menos una cosa en 
común con las teorías como las de Piaget: todas ellas conciben 
el desarrollo como la elaboración y sustitución de las respuestas 
innatas. Tal como afirmó James: «La mejor descripción que 
puede darse de la educación es definirla como la organización 
de los hábitos adquiridos y tendencias del comportamiento».? El 
desarrollo se reduce básicamente a la acumulación de todas las 
respuestas posibles. Cualquier respuesta adquirida se considera 
o bien un sustituto o una forma más compleja de la respuesta 
innata. ' 


2. W. James, Talks to Teachers, Norton, Nueva York, 1958, pp. 36-37. 


126 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


No obstante, a pesar de la similitud entre las dos primeras 
posiciones teóricas, existe una diferencia sustancial en sus presu- 
puestos acerca de la relación temporal entre los procesos evolu- 
tivos y de aprendizaje. Los teóricos que sostienen el primer punto 
de vista aseguran que los ciclos evolutivos preceden a los ci 
clos de aprendizaje; que la maduración precede al aprendizaje y 
que la instrucción debe ir a remolque del crecimiento mental. 
Por su parte, los teóricos del segundo grupo postulan que ambos 
procesos se dan simultáneamente; el aprendizaje y el desarrollo 
coinciden en todos los puntos, del mismo modo que dos figuras 
geométricas idénticas coinciden cuando se superponen. 

La tercera posición teórica respecto a la relación entre apren- 
dizaje y desarrollo trata de anular los extremos de las anteriores 
afirmaciones combinándolos entre sí. Un ejemplo claro de dicha 
aproximación es la teoría de Koffka, según la cual el desarrollo 
se basa en dos procesos inherentemente distintos pero relacio- 
nados entre sí, que se influyen mutuamente.? Por un lado está 
la maduración, que depende directamente del desarrollo del sis- 
tema nervioso; por el otro, el aprendizaje, que, a su vez, es 
también un proceso evolutivo. 

En esta teoría encontramos tres nuevos aspectos. En primer 
lugar, como ya hemos señalado, está la combinación de dos pun- 
tos de vista aparentemente opuestos, que han sido hallados 
por separado a lo largo de la historia de la ciencia. El hecho 
de que dichos puntos de vista puedan conjugarse en una misma 
teoría indica que no son tan dispares ni mutuamente excluyen- 
tes como se cree, sino que tienen algo esencial en común. Tam- 
bién es nueva la idea de que los dos procesos que constituyen 
el desarrollo sean mutuamente dependientes e interactivos, Evi- 
dentemente, la naturaleza de dicha interacción queda sin inves- 
tigar en la obra de Koffka, que se limita a unas pocas observa- 
ciones generales relativas a la relación entre estos dos procesos. 
Resulta sumamente claro que para Koffka el proceso de madura- 
ción prepara y posibilita un proceso específico de aprendizaje. 


3, K. Koffka, Growth of the Mind. 


APRENDIZAJE Y DESARROLLO 127 


El proceso de aprendizaje estimula y hace avanzar al proceso 
de maduración. El punto nuevo, y más importante, de esta teoría 
es el extenso papel que ésta atribuye al aprendizaje en el desa- 
rrollo del niño. El énfasis puesto sobre este punto nos remite 
directamente a un viejo problema pedagógico, el de la disciplina 
formal y el problema de la transferencia. 

Los movimientos pedagógicos que han hecho hincapié en la 
disciplina formal y han insistido en la enseñanza de las lenguas 
clásicas, de las antiguas civilizaciones y de las matemáticas, han 
partido del presupuesto de que, prescindiendo de la irrelevancia 
de estas materias para la vida actual, son de gran valor para el 
desarrollo mental del alumno. Numerosos estudios han puesto en 
duda la validez de semejante afirmación. Se ha demostrado que 
el aprendizaje en un área determinada tiene poca influencia en 
todo el desarrollo en general. Por ejemplo, Thorndike y Wood- 
worth, teóricos de la reflexología, descubrieron que los adultos 
que, después de una serie de ejercicios especiales, habían logrado 
un éxito considerable al ser capaces de determinar la longitud 
de las líneas cortas, no habían progresado ni un ápice en su habi- 
lidad de determinar la longitud de las líneas largas. Estos mis- 
mos adultos participaron satisfactoriamente en un entrenamiento 
para poder estimar el tamaño de una determinada figura bidi- 
mensional, sin embargo, dicho entrenamiento resultó un fracaso 
a la hora de estimar el tamaño de una serie de figuras bidimen- 
sionales distintas, de diversos tamaños y formas. 

Según Thorndike, los teóricos de la psicología y la educación 
están convencidos de que la adquisición de una respuesta deter- 
minada mejora cualquier capacidad en la misma medida.* Los 
profesores pensaban y actuaban apoyándose en la teoría que pos- 
tula que la mente es un conjunto de capacidades —Jde observa- 
ción, atención, memoria, pensamiento, etc.— y que cualquier 
mejora en una capacidad concreta desemboca en una mejora ge- 
neral de todas las posibilidades. De acuerdo con esta teoría, si 
el alumno aumenta su atención por la gramática latina, incre- 


4, E.L, Thorndike, The Psychology of Learning, Teachers College Press, 
Nueva York, 1914. 


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130 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Una vez el niño ha aprendido a realizar una operación, asi- 
mila a través de ella unos principios estructurales cuya esfera 
de aplicación es distinta de las operaciones a partir de las que 
asimiló dichos principios. Por consiguiente, al avanzar un paso 
en el aprendizaje, el niño progresa dos pasos en el desarrollo, 
es decir, el aprendizaje y el desarrollo no coinciden. Dicho con- 
cepto es un aspecto esencial del tercer grupo de teorías que he- 
mos discutido anteriormente. 


ZONA DE DESARROLLO PRÓXIMO: UNA NUEVA APROXIMACIÓN 


Aunque rechacemos las tres posiciones teóricas discutidas, su 
análisis nos lleva a una visión más exacta de la relación entre 
aprendizaje y desarrollo. La cuestión que ha de plantearse para 
llegar a una solución del problema es harto compleja. Consiste 
en dos salidas separadas: primero, la relación general entre apren- 
dizaje y desarrollo; segundo, los rasgos específicos de dicha re- 
lación cuando los niños alcanzan la edad escolar. 

Este aprendizaje infantil que empieza mucho antes de que el 
niño llegue a la escuela, es el punto de partida de este debate. 
Todo tipo de aprendizaje que el niño encuentra en la escuela 
tiene siempre una historia previa. Por ejemplo, los niños empie- 
zan a estudiar aritmética en la escuela, pero mucho tiempo antes 
han tenido ya alguna experiencia con cantidades; han tenido oca- 
sión de tratar con operaciones de división, suma, resta y deter- 
minación de tamaños. Por consiguiente, los niños poseen su 
propia aritmética preescolar, que sólo los psicólogos miopes po- 
drían ignorar. 

Es inútil insistir en que el aprendizaje que se da en los años 
preescolares difiere altamente del aprendizaje que se lleva a cabo 
en la escuela; este último se basa en la asimilación de los funda- 
mentos del conocimiento científico. No obstante, incluso cuando, 
en el período de sus primeras preguntas, el pequeño va asimi- 
lando los nombres de los distintos objetos de su entorno, no hace 
otra cosa que aprender. En realidad, ¿podemos dudar de que el 
niño aprende el lenguaje a partir de los adultos; de que a través 


APRENDIZAJE Y DESARROLLO 131 


de sus preguntas y respuestas adquiere gran variedad de infor- 
mación; o de que, al imitar a los adultos y ser instruido acerca 
de cómo actuar, los niños desarrollan un verdadero almacén de 
habilidades? El aprendizaje y el desarrollo están interrelaciona- 
dos desde los primeros días de vida del niño. 

Koffka, al tratar de clarificar las leyes del aprendizaje del niño 
y su relación con el desarrollo mental, concentra su atención en 
los procesos de aprendizaje más simples, aquellos que se produ- 
cen en la etapa preescolar, Su gran error consiste en que, al 
observar la similitud entre el aprendizaje preescolar y el apren- 
dizaje escolar, no logra vislumbrar la diferencia existente entre 
ambos procesos, no es capaz de ver los elementos específicamen- 
te nuevos que introduce este último. Él, junto con otros teóri- 
cos, asegura que la diferencia entre el aprendizaje escolar y 
preescolar consiste en que en el primer caso se da un aprendi- 
zaje sistemático y en el segundo no. Sin embargo, no todo ter- 
mina en la «sistematicidad», existe también el hecho de que el 
aprendizaje escolar introduce algo fundamentalmente nuevo en el 
desarrollo del pequeño. Para poder elaborar las dimensiones del 
aprendizaje escolar, describiremos a continuación un nuevo con- 
cepto excepcionalmente importante, sin el cual no puede resol- 
verse el problema: la zona de desarrollo próximo. 

Un hecho de todos conocido y empíricamente establecido es 
que el aprendizaje debería equipararse, en cierto modo, al nivel 
evolutivo del niño. Así, por ejemplo, se ha establecido que la 
enseñanza de la lectura, escritura y aritmética debería iniciarse 
en una etapa determinada. Sin embargo, recientemente se ha 
dirigido la atención al hecho de que no podemos limitarnos sim- 
plemente a determinar los niveles evolutivos si queremos descu- 
brir las relaciones reales del proceso evolutivo con las aptitudes 
de aprendizaje. Tenemos que delimitar como mínimo dos niveles 
evolutivos. 

El primero de ellos podría denominarse mivel evolutivo real, 
es decir, el nivel de desarrollo de las funciones mentales de un 
niño, establecido como resultado de ciertos ciclos evolutivos lle- 
vados a cabo. Cuando determinamos la edad mental de un niño 
utilizando tests, tratamos casi siempre con el nivel evolutivo real, 


132 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


En los estudios acerca del desarrollo mental de los niños, ge- 
neralmente se supone que únicamente aquellas actividades que 
los pequeños pueden realizar por sí solos son indicativas de las 
capacidades mentales. Presentamos a los niños una batería de 
tests o una serie de tareas de distintos niveles de dificultad y 
juzgamos el alcance de su desarrollo mental basándonos en el 
modo en que resuelven los problemas y a qué nivel de dificultad: 
lo hacen. Por otra parte, si ofrecemos ayuda o mostramos cómo 
hay que resolver el problema y el niño lo soluciona, o si el pro- 
fesor inicia la solución y el pequeño la completa, o si lo re- 
suelve en colaboración con otros compañeros —en pocas pala- 
bras, si el niño no logra una solución independiente del proble- 
ma—, la solución no se considera indicativa de su desarrollo 
mental, Esta «verdad» era conocida y estaba apoyada por el 
sentido común. Durante una década, ni siquiera los pensadores 
más prestigjosos pusieron en entredicho este presupuesto; nunca 
se plantearon la posibilidad de que lo que los niños pueden hacer 
con la ayuda de otros pudiera ser, en cierto sentido, más indi- 
cativo de su desarrollo mental que lo que pueden hacer por 
sí solos. 

Tomemos un ejemplo sumamente sencillo. Supongamos que 
estoy investigando a dos niños que entran en la escuela, ambos 
tienen cronológicamente diez años y ocho en términos de su de- 
sarrollo mental. ¿Puedo decir que tienen la misma edad mental? 
Por supuesto que sí. Pero ¿qué es lo que significa esto? Significa 
que ambos son capaces de resolver independientemente tareas 
cuyo grado de dificultad está situado en el nivel correspondiente 
a los ocho años. Si me detuviera en este punto, daría pie a su- 
poner que el curso del desarrollo mental subsiguiente y del apren- 
dizaje escolar será el mismo para ambos niños, porque depende 
de su intelecto. Por supuesto, puede haber otros factores, por 
ejemplo, si uno de los niños cayera enfermo durante medio año 
mientras que el otro no faltara a sus clases; pero, generalmente 
hablando, el destino de estos niños sería esencialmente el mismo. 
Ahora imaginemos que no doy por terminado mi estudio, sino 
que me considero todavía al principio del mismo. Ambos niños 
parecen ser capaces de manejar un problema cuyo nivel se sitúa 


APRENDIZAJE Y DESARROLLO 133 


en los ocho años, pero no más allá de dicho límite. Suponga- 
mos que les muestro diversas maneras de tratar el problema. 
Distintos experimentadores emplearían distintos modos de demos- 
tración en diferentes casos: unos realizarían rápidamente toda la 
demostración y pedirían a los niños que la repitieran, otros ini- 
ciarían la solución y pedirían al pequeño que la terminara, o le 
ofrecerían pistas. En pocas palabras, de un modo u otro, insto 
a los niños que resuelvan el problema con mi ayuda. Bajo «dichas 
circunstancias resulta que el primer niño es capaz de manejar 
problemas cuyo nivel se sitúa en los doce años, mientras que 
el segundo únicamente llega a los nueve años. ¿Y ahora, son 
estos niños mentalmente iguales? 

Cuando por primera vez se demostró que la capacidad de 
los niños de idéntico nivel de desarrollo mental para aprender 
bajo la guía de un maestro variaba en gran medida, se hizo evi- 
dente que ambos niños no poseían la misma edad mental y que, 
evidentemente, el subsiguiente curso de su aprendizaje sería dis- 
tinto. Esta diferencia entre doce y ocho, o nueve y ocho, es lo 
que denominamos la zoma de desarrollo próximo. No es otra 
cosa que la distancia entre el nivel real de desarrollo, determina- 
do por la capacidad de resolver independientemente un proble- 
ma, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de 
la resolución de un problema bajo la guia de un adulto o en 
colaboración con otro compañero más capaz. 

Si nos preguntamos ingenuamente qué es el nivel real de 
desarrollo, o, para decirlo de modo más simple, qué es lo que 
revela la resolución independiente de un problema, la respuesta 
más común será que el nivel de desarrollo real del niño define 
funciones que ya han madurado, es decir, los productos finales 
del desarrollo. Si un niño es capaz de realizar esto o aquello 
de modo independiente, significa que las funciones para tales co- 
sas han madurado en él. Entonces, ¿qué es lo que define la zona 
de desarrollo próximo, determinada por los problemas que los 
niños no pueden resolver por sí solos, sino únicamente con la 
ayuda de alguien? Dicha zona define aquellas funciones que 
todavía no han madurado, pero que se hallan en proceso de ma- 
duración, funciones que en un mañana próximo alcanzarán su 


134 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


madurez y que ahora se encuentran en estado embrionario. Estas 
funciones podrían denominarse «capullos» o «flores» del desa- 
rrollo, en lugar de «frutos» del desarrollo. El nivel de desarrollo 
real caracteriza el desarrollo mental retrospectivamente, mientras 
que la zona de desarrollo próximo caracteriza el desarrollo men- 
tal prospectivamente. 

La zona de desarrollo próximo proporciona a los psicólogos 
y educadores un instrumento mediante el cual pueden compren- 
der el curso interno del desarrollo. Utilizando este método po- 
demos tomar en consideración no sólo los ciclos y procesos de 
maduración que ya se han completado, sino también aquellos que 
se hallan en estado de formación, que están comenzando a ma- 
durar y a desarrollarse. Así pues, la zona de desarrollo próximo 
nos permite trazar el futuro inmediato del niño, así como su 
estado evolutivo dinámico, señalando no sólo lo que ya ha sido 
completado evolutivamente, sino también aquello que está en 
curso de maduración. Los dos niños de nuestro ejemplo osten- 
taban la misma edad mental desde el punto de vista de los ci- 
clos evolutivos ya realizados, sin embargo, en lo que a dinámica 
evolutiva se refiere, ambos eran completamente distintos. El es- 
tado del desarrollo mental de un niño puede determinarse única- 
mente si se lleva a cabo una clarificación de sus dos niveles: del 
nivel real de desarrollo y de la zona de desarrollo próximo. 

Á continuación analizaremos un estudio realizado sobre unos 
niños en edad preescolar, para demostrar que lo que se encuentra 
hoy en la zona de desarrollo próximo, será mañana el nivel real 
de desarrollo; es decir, lo que un niño es capaz de hacer hoy con 
ayuda de alguien, mañana podrá hacerlo por sí solo. 

La investigadora americana Dorothea McCarthy mostró que 
entre los niños de edades comprendidas entre los tres y los cinco 
años había dos grupos de funciones: las que los niños poseen 
ya, y las que pueden realizar con ayuda, en grupo, o en colabo- 
ración con otros, pero que no dominan independientemente. El 
estudio de McCarthy demostró que este segundo grupo de fun- 
ciones se hallaba en el nivel de desarrollo real de los niños de 
cinco a siete años. Todo aquello que no podían llevar a cabo 
sin ayuda, sin colaboración o en grupos, a la edad de tres a 


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APRENDIZAJE Y DESARROLLO 137 


En un principio se creía que, mediante el uso de los tests, 
podía determinarse el nivel de desarrollo mental, que la educa- 
ción debía tener presente en todo momento y cuyos límites no 
podía exceder. Este procedimiento orientaba el aprendizaje ha- 
cia el desarrollo pasado, hacia los estadios evolutivos ya com- 
pletados. El error de esta noción se descubrió antes en la prácti- 
ca que en la teoría. Ello se hace más y más evidente en la ense- 
ñanza de los niños con retrasos mentales. Dichos estudios habían 
establecido que los niños con retraso mental no eran capaces 
de desarrollar un pensamiento abstracto. A partir de ahí, la pe- 
dagogía de las escuelas especiales llegó a la conclusión, aparente- 
mente correcta, de que toda enseñanza destinada a dichos niños 
debía basarse en el uso de métodos concretos de imitación. Sin 
embargo, gran parte de las experiencias con este método desem- 
bocaron en una profunda desilusión. Resultó que un sistema de 
enseñanza basado únicamente en lo concreto —eliminando de la 
enseñanza cualquier cosa relacionada con el pensamiento abstrac- 
to— no sólo no podía ayudar a los niños retrasados a vencer 
sus handicaps innatos, sino que además reforzaba dichos handi- 
caps al acostumbrar a los niños a utilizar exclusivamente el pen- 
samiento concreto, suprimiento así los pocos rudimentos de 
pensamiento abstracto que poseían estos niños. Precisamente 
por el hecho de que los niños retrasados no pueden elaborar 
por sí solos formas de pensamiento abstracto, la escuela debería 
esforzarse en ayudarles en este sentido y en desarrollar en su 
interior aquello de lo que carecen intrínsecamente en su desa- 
rrollo. Actualmente, en las escuelas especiales para niños retra- 
sados podemos observar un cambio favorable tendente a alejar- 
se de este concepto de concreción, y a situar en su correspondien- 
te lugar a los métodos de imitación. Hoy en día se considera 
que la concreción es necesaria e inevitable, pero únicamente como 
trampolín para desarrollar el pensamiento abstracto, como medio, 
no como fin en sí misma. 

De modo similar, en los niños normales, el odias orien- 
tado hacia los niveles evolutivos que ya se han alcanzado re- 
sulta ineficaz desde el punto de vista del desarrollo total del 
pequeño. Este tipo de enseñanza no aspira a un nuevo estadio 


138 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


en el proceso evolutivo, sino que más bien va a remolque de 
dicho proceso. Así pues, la noción de una zona de desarrollo pró- 
ximo nos ayuda a presentar una nueva fórmula, a saber, que el 
«buen aprendizaje» es sólo aquel que precede al desarrollo. 

La adquisición del lenguaje proporciona un paradigma para 
el problema de la relación entre el aprendizaje y el desarrollo. 
El lenguaje surge, en un principio, como un medio de comu- 
nicación entre el niño y las personas de su entorno. Sólo más 
tarde, al convertirse en lenguaje interno, contribuye a organizar 
el pensamiento del niño, es decir, se convierte en una función 
mental interna. Piaget y otros han demostrado que el razona- 
miento se da en un grupo de niños como argumento para pro- 
bar el propio punto de vista, antes de convertirse en una acti- 
vidad interna, cuyo rasgo distintivo es que el niño comienza a 
percibir y a examinar la base de sus pensamientos. Tales observa- 
ciones llevaron a Piaget a la conclusión de que la comunicación 
provoca la necesidad de examinar y confirmar los propios pen- 
samientos, proceso que es característico del pensamiento adulto.” 
Del mismo modo que el lenguaje interno y el pensamiento refle- 
xivo surgen de las interacciones entre el niño y las personas de 
su entorno, dichas interacciones proporcionan la fuente de desa- 
rrollo de la conducta voluntaria del niño. Piaget ha puesto de 
manifiesto que la cooperación suministra las bases «del desarrollo 
del razonamiento moral del niño. Las primeras investigaciones al 
respecto establecieron que el niño adquiere primero la capacidad 
de subordinar su conducta a las reglas del juego en equipo, y 
sólo más tarde es capaz de autorregular voluntariamente su com- 
portamiento; es decir, convierte dicho autocontrol en una fun- 
ción interna. 

Estos ejemplos ilustran una ley evolutiva general para las 
funciones mentales superiores, que puede ser aplicada en su to- 
lidad a los procesos de aprendizaje en los niños. Nosotros postu- 
lamos que lo que crea la zona de desarrollo próximo es un rasgo 
esencial de aprendizaje; es decir, el aprendizaje despierta una 
serie de procesos evolutivos internos capaces de operar sólo 


7. J. Piaget, Language and Thought. 


APRENDIZAJE Y DESARROLLO 139 


cuando el niño está en interacción con las personas de su entor- 
no y en cooperación con algún semejante. Una vez se han inter- 
nalizado estos procesos, se convierten en parte de los logros evo- 
lutivos independientes del niño. 

Desde este punto de vista, aprendizaje no equivale a desa- 
rrollo; no obstante, el aprendizaje organizado se convierte en 
desarrollo mental y pone en marcha una serie de procesos evo- 
lutivos que no podrían darse nunca al margen del aprendizaje. 
Así pues, el aprendizaje es un aspecto universal y necesario del 
proceso de desarrollo culturalmente organizado y específicamente 
humano de las funciones psicológicas. 

En resumen, el rasgo esencial de nuestra hipótesis es la no- 
ción de que los procesos evolutivos no coinciden con los proce- 
sos del aprendizaje. Por el contrario, el proceso evolutivo va a 
remolque del proceso de aprendizaje; esta secuencia es lo que se 
convierte en la zona de desarrollo próximo. Nuestro análisis alte- 
ra la tradicional opinión de que, en el momento en que el niño 
asimila el significado de una palabra, o domina una operación 
como puede ser la suma o el lenguaje escrito, sus procesos evo- 
lutivos se han realizado por completo, De hecho, tan sólo han 
comenzado. La principal consecuencia que se desprende del aná- 
lisis del proceso educacional según este método es el demostrar 
que el dominio inicial, por ejemplo, de las cuatro operaciones 
básicas de aritmética proporciona la base para el subsiguiente 
desarrollo de una serie de procesos internos sumamente comple- 
jos en el pensamiento del niño. 

Nuestra hipótesis establece la unidad, no la identidad, de los 
procesos de aprendizaje y los procesos de desarrollo interno. Ello 
presupone que los unos se convierten en los otros, Por este mo- 
tivo, el mostrar cómo se internalizan el conocimiento externo y las 
aptitudes de los niños se convierte en un punto primordial de la 
investigación psicológica. 

Toda investigación explora alguna esfera de la realidad. Uno 
de los objetivos del análisis psicológico del desarrollo es describir 
las relaciones internas de los procesos intelectuales que el apren- 
dizaje escolar pone en marcha, En este sentido, dichos análisis se 
dirigirán hacia el interior, siendo análogos al uso de los rayos X. Si 


140 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


ello resultara posible, revelarían al profesor cómo los procesos 
mentales estimulados a lo largo del aprendizaje escolar se intro- 
ducen en el interior de la mente de cada niño. El descubrimiento 
de esta red evolutiva subterránea e interna de los niños en etapa 
escolar es una tarea de suma importancia para el análisis psicoló- 
gico y educacional, 

Otro rasgo esencial de nuestra hipótesis es la noción de que, 
aunque el aprendizaje está directamente relacionado con el curso 
del desarrollo infantil, ninguno de los dos se realiza en igual 
medida o paralelamente. En los niños, el desarrollo no sigue nun- 
ca al aprendizaje escolar del mismo modo que una sombra sigue 
al objeto que la proyecta. En la actualidad, existen unas relacio- 
nes dinámicas altamente complejas entre los procesos evolutivo 
y de aprendizaje, que no pueden verse cercadas por ninguna for- 
mulación hipotética invariable. 

Toda materia escolar posee su propia relación específica con 
el curso del desarrollo infantil, una relación que varía a medida 
que el niño va pasando de un estadio a otro. Ello nos conduce 
directamente a un nuevo examen del problema de la disciplina 
formal, esto es, a la importancia de cada tema en particular desde 
el punto de vista de todo el desarrollo mental. Evidentemente, el 
problema no puede resolverse utilizando una fórmula, es preciso 
llevar a cabo una investigación concreta, extensa y distinta basada 
en el concepto de la zona de desarrollo próximo. 


CarítuLo VII 


EL PAPEL DEL JUEGO 
EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 


La definición del juego como una actividad placentera para el 
niño resulta inadecuada por dos razones. Primero, porque existen 
muchas actividades que proporcionan al pequeño mayores expe- 
riencias de placer que el juego, por ejemplo, el succionar un 
chupete aunque ello no lo sacie, Segundo, porque hay juegos en 
los que la actividad no es placentera en sí misma, por ejemplo, 
juegos que únicamente producen placer si el niño encuentra inte- 
resante el resultado; éstos suelen predominar al final de la edad 
preescolar y al principio de la etapa escolar. Los juegos deportivos 
(no solamente los deportes atléticos, sino también otros juegos 
en los que uno puede ganar o perder) a menudo van acompaña- 
dos de disgusto si el resultado es desfavorable para el niño. 

Al igual que no podemos considerar el placer como una ca- 
racterística definitoria del juego, me parece que las teorías que 
ignoran el hecho de que el juego completa las necesidades del 
niño desembocan en una intelectualización pedante del juego. 
Hablando del desarrollo del niño en términos generales, muchos 
teóricos han desdeñado erróneamente las necesidades del peque- 
ño (comprendidas en su sentido más amplio para incluir todo 
aquello que pueda inducir a la acción). A menudo describimos el 
desarrollo del niño como el desarrollo de sus funciones intelectua- 
les; todo niño se presenta ante nosotros como un teórico que, ca 
racterizado por un nivel más alto o más bajo de desarrollo inales: 
tual, pasa de un estadio a otro. Pero si ignoramos las necesidades 


142 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


del niño, así como los incentivos que lo mueven a actuar, nunca 
podremos llegar a comprender su progreso de un estadio evolu- 
tivo a otro, porque todo avance está relacionado con un profundo 
cambio respecto a los estímulos, inclinaciones e incentivos. Áque- 
llo que antes constituía el mayor interés para el bebé, carece 
ahora de toda importancia para el niño que comienza a dar sus 
primeros pasos. La sucesiva maduración de las necesidades es un 
tema central en esta discusión, porque no podemos ignorar el 
hecho de que el niño satisface ciertas necesidades a través del jue- 
go. Si no somos capaces de comprender el carácter especial de 
estas necesidades, no podremos entender la singularidad del juego 
como forma de actividad. 

Un niño pequeño tiende a gratificar sus deseos de modo in- 
mediato; normalmente el intervalo que va entre el deseo y su 
satisfacción suele ser muy corto. No encontraremos ningún niño 
por debajo de los tres años que desee hacer algo en los días 
siguientes. Sin embargo, al alcanzar la edad escolar, emergen nu- 
merosas tendencias irrealizables y deseos pospuestos. Por mi par- 
te, estoy convencido de que si las necesidades que no pudieron 
realizarse inmediatamente en su tiempo no surgieran durante los 
años escolares, no existiría el juego, ya que éste parece emerger 
en el momento en que el niño comienza a experimentar tenden- 
cias irrealizables. Supongamos que un niño muy pequeño (de unos 
dos años y medio de edad) desea algo, por ejemplo, ocupar el 
puesto de su madre. Lo desea en seguida, inmediatamente. Si 
no logra obtener aquello que anhela hará una pataleta, pero des- 
pués puede desviarse su atención hacia otra cosa y calmarlo, hasta 
conseguir que olvide su deseo. En los comienzos de la edad 
preescolar, cuando hacen aparición deseos que no pueden ser 
inmediatamente gratificados u olvidados y se retiene todavía la 
tendencia a la inmediata satisfacción de los mismos, característica 
del estadio precedente, la conducta del pequeño sufre un cambio. 
Para resolver esta tensión, el niño en edad preescolar entra en 
un mundo ilusorio e imaginario, en el que aquellos deseos irreali- 
zables encuentran cabida: este mundo es lo que llamamos juego. 
La imaginación constituye un nuevo proceso psicológico para el 
niño; éste no está presente en la conciencia de los niños pequeños 


EL JUEGO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 143 


y es totalmente ajeno a los animales. Representa una forma espe: 
cificamente humana de actividad consciente, Al igual que todas 
las funciones del conocimiento, surge originariamente de la acción. 
El viejo proverbio que dice que el juego del niño es la imagina- 
ción en acción ha de ser invertido: para los adolescentes y niños 
en edad escolar la imaginación es un juego sin acción. 

Desde este punto de vista, resulta evidente que el placer deri- 
vado del juego preescolar está regido por motivos distintos de la 
simple succión del chupete. No obstante, ello no quiere decir que 
el juego surja siempre como resultado de todo deseo insatisfecho 
(como, por ejemplo, cuando el niño quiere subirse a un coche de 
alquiler, pero no puede satisfacer su deseo de modo inmediato; 
y se cierra en su habitación y hace como que está conduciendo un 
coche). Sin embargo, raramente suceden las cosas de esta manera. 
Por otra parte, la presencia de estas emociones generalizadas en el 
juego no significa que el niño comprenda los motivos que faci- 
litan la aparición del mismo. En este aspecto, el juego difiere 
sustancialmente del trabajo y otras formas de actividad. 

Así pues, al establecer criterios para distinguir el juego infan- 
til de otras formas de actividad, concluiremos diciendo que en 
aquél el niño crea una situación imaginaria. Esta idea no es nueva, 
en el sentido de que las situaciones imaginarias en el juego han 
sido siempre aceptadas; sin embargo, al principio se las conside- 
raba únicamente como un ejemplo de las actividades lúdicas, La 
situación imaginaria no constituía una característica definitoria del 
juego en general, sino que era tratada como un atributo de las 
subcategorías específicas de aquél. 

Estas ideas las encuentro insatisfactorias en tres aspectos. En 
primer lugar, si se considera que el juego es simbólico, existe el 
peligro de que sea equiparado como una actividad semejante al 
álgebra; es decir, tanto el juego como el álgebra podrían ser con- 
siderados como un sistema de signos que generalizan la realidad, 
sin otorgarle ninguna de las características que yo creo que son 
específicas del juego. El niño se situaría como un algebrista inca- 
paz todavía de escribir los símbolos, pero en condiciones de 
representarlos mediante la acción. Estoy convencido de que el 
juego no es exactamente una acción simbólica en el sentido es- 


144 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


tricto del término, de modo que es imprescindible averiguar el 
papel de la motivación en el juego. En segundo lugar, este argu- 
mento que subraya la importancia de los procesos cognoscitivos 
olvida no sólo la motivación que impele al niño a actuar, sino tam- 
bién sus circunstancias. Y, por último, las aproximaciones reali- 
zadas hasta ahora no nos ayudan en absoluto a comprender el 
papel que desempeña el juego en el posterior desarrollo. 

Si cualquier tipo de juego representa la realización en forma 
lúdica de tendencias que no reciben inmediata gratificación, los 
elementos de las situaciones imaginarias se convertirán automá- 
ticamente en parte del tono emocional del juego. Examinemos la 
actividad del niño durante el juego. ¿Qué significa la conducta 
del pequeño en una situación imaginaria? De sobra es sabido que 
el desarrollo de juegos con reglas comienza al final del período 
preescolar y se extiende a lo largo de la edad escolar. Una serie 
de investigadores, aunque no pertenecientes al campo del mate- 
rialismo dialéctico, se han aproximado a esta solución por la 
línea recomendada por Marx cuando afirmó que «la anatomía del 
hombre constituye la clave de la anatomía del mono». Iniciaron 
sus estudios e investigaciones de los primeros juegos del niño a 
la luz del juego basado en una serie de reglas que se desarrolla 
más tarde, concluyendo, a partir de lo observado, que el juego 
que comporta una situación imaginaria es, de hecho, el juego pro- 
visto de reglas. 

Podríamos ir incluso más lejos y asegurar que no existe juego 
sin reglas. La situación imaginaria de cualquier tipo de juego 
contiene ya en sí ciertas reglas de conducta, aunque éstas no se 
formulen explícitamente ni por adelantado. La niña imagina ser 
su madre y la muñeca su hija; en consecuencia, está obligada a 
observar las reglas de la conducta materna. Sully señaló que espe- 
cialmente los niños pequeños podían hacer coincidir la situación 
lúdica con la realidad.' Describió un caso en que dos hermanas, 
de cinco y siete años, se decían: «Vamos a jugar a ser hermanas.» 
Estaban jugando en una situación real. En algunos casos, me ha 


1. J. Sullv, Estudios sobre la infancia (en ruso), Moscú, 1904, p. 48. 


EL JUEGO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 145 


resultado relativamente sencillo descubrir este tipo de juego en 
los niños. Es muy fácil, por ejemplo, encontrar a un niño jugando 
a ser niño mientras que la madre desempeña el papel de madre, 
es decir, jugando a lo que cada uno es en realidad. Sin embargo, 
como asegura Sully, existe una diferencia esencial: la niña que 
está jugando trata de ser como ella cree que debe ser una herma- 
na. En la vida real la niña se comporta sin pensar que es la 
hermana de su hermana. En el juego de ser hermanas ambas están 
enfrascadas en la representación de sus respectivos papeles; el 
hecho de que decidan jugar a ser hermanas las obliga a respetar 
unas reglas de conducta. Únicamente las acciones que se ajustan 
a estas reglas pueden ser aceptadas en la situación de juego: se 
visten del mismo modo, hablan igual, en resumen, llevan a cabo 
todo aquello que pone de relieve su relación de hermanas ante 
los adultos y extraños. La mayor, cogiendo a la pequeña de la 
mano, le cuenta cosas acerca de las demás personas: «Esto es de 
ellos, no nuestro.» Ello significa: «Mi hermana y yo hacemos las 
mismas cosas y nos tratan del mismo modo, pero a los demás los 
tratan de manera distinta.» En este ejemplo vemos cómo se acen- 
túa la idea de igualdad en todo, que está relacionada con el 
concepto de hermana que posee la niña; como resultado del juego, 
la niña comprende que las hermanas tienen una relación entre sí 
distinta de la que mantienen con las demás personas. Aquello que 
en la vida real pasa inadvertido para el niño, se convierte en una 
regla de conducta en el juego. 

¿Qué es lo que quedaría del juego, si éste se estructurara de 
tal modo que no se produjera nunca ninguna situación imagina- 
ria? Quedarían las reglas. Siempre que se produzca una situación 
imaginaria en el juego, habrá reglas, pero no aquel tipo de re- 
glas que se formulan por adelantado y que van cambiando según 
el desarrollo del juego, sino reglas que se desprenden de la misma 
situación imaginaria. Por ello, la noción que sostiene que el pe- 
queño se comporta de modo arbitrario y sin reglas en una situa- 
ción imaginaria es sencillamente errónea. Si el niño está repre- 
sentando el papel de madre, debe observar las reglas de la con- 
ducta materna. El papel que el niño desempeña, y su relación con 


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EL JUEGO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 149 


a buscar el reloj. Originariamente, la palabra significa una deter- 
minada localización espacial. 

La primera divergencia entre los campos del significado y la 
visión suele darse en edad preescolar. En el juego el pensamiento 
está separado de los objetos y la acción surge a partir de las ideas 
más que de las cosas: un trozo de madera se convierte en una 
muñeca y un palo en un caballo. La acción, de acuerdo con las 
reglas, está determinada por las ideas, no por los objetos en sí 
mismos. Ello supone un cambio tan radical de la relación del 
niño con la situación real, concreta e inmediata, que es difícil 
subestimar su total significación. El pequeño, no hace esto en 
seguida porque le resulta terriblemente difícil separar el pensa- 
miento (el significado de la palabra) del objeto. 

El juego proporciona un estadio transicional en esta dirección 
cuando un objeto (por ejemplo, un palo) se convierte en el punto 
de partida para la separación del significado de la palabra caballo 
del caballo real. El niño todavía no puede desglosar el pensa- 
miento del objeto. El problema del niño es que para poder ima- 
ginar un caballo, tiene que definir su acción mediante el uso de 
«el-caballo-en-el-palo» como punto de partida. La estructura bá- 
sica que determina la relación del niño con la realidad se halla, 
en este punto, radicalmente invertida, porque cambia la estructura 
de sus percepciones, 

Como ya he señalado en los capítulos precedentes, un rasgo 
especial de la percepción humana (que surge a una edad muy 
temprana) es la llamada percepción de objetos reales, es decir, 
no sólo la percepción de colores y formas, sino también de sig- 
nificado. Esto es algo que no tiene analogía en la percepción ani- 
mal. Los seres humanos no ven solamente algo redondo y negro 
con dos manecillas, sino que ven un reloj y pueden distinguir una 
cosa de otra. De este modo, la estructura de la percepción humana 
podría expresarse de modo figurativo como una proporción en la 
que el objeto es el numerador y el significado es el denominador 
(objeto/significado), Esta proporción simboliza la idea de que 
toda percepción humana se elabora a partir de percepciones gene- 
ralizadas más que aisladas. Para el pequeño el objeto domina en la 
relación objeto/significado, mientras que este último se halla su- 


150 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


bordinado. En el preciso momento en que un palo se convierte 
en el punto de partida para desglosar el significado del concepto 
caballo del caballo real, se invierte esa proporción y predomina el 
significado, siendo la relación significado /objeto. 

Ello no quiere decir que las propiedades de las cosas como 
tales no tengan significado. Cualquier palo puede ser un caballo, 
pero, por ejemplo, una postal no puede ser nunca un caballo para 
un niño. La afirmación de Goethe de que en el juego cualquier 
cosa puede convertirse en cualquier otra es totalmente incorrecta. 
Por supuesto, para los adultos, que son capaces de hacer uso 
consciente de los símbolos, una postal puede ser un caballo. Por 
ejemplo, si quiero mostrar la situación de alguna cosa, puedo colo- 
car una cerilla y decir: «Esto es un caballo.» Ello será suficiente. 
En cambio, para un niño es imposible; una cerilla no puede ser 
un caballo, porque, a lo sumo, hay que utilizar un palo; debido 
a la falta de libre sustitución, la actividad del niño es juego, no 
simbolismo. Un símbolo es un signo, pero el palo no funciona 
como signo de caballo para el pequeño, quien retiene las propie- 
dades de las cosas pero cambia su significado. Éste, en el juego, 
se convierte en el punto central y los objetos se mueven desde 
una posición dominante a una subordinada. 

Durante el juego, el niño opera con significados separados de 
sus objetos y acciones acostumbradas; sin embargo, surge una 
interesante contradicción en la que funde las acciones reales y los 
objetos reales. Esto caracteriza la naturaleza transicional del jue- 
go; es un estadio entre las limitaciones puramente situacionales 
de la temprana infancia y el pensamiento adulto, que puede estar 
totalmente libre de situaciones reales. 

Cuando el palo se convierte en el punto de partida para sepa- 
rar el significado de «caballo» de un caballo real, el niño hace 
que un objeto influya semánticamente al otro. El pequeño no es 
capaz de desglosar el significado de un objeto, o una palabra de 
un objeto, si no es a través del hallazgo de un trampolín en otro 
objeto. La transferencia de significados se facilita por el hecho 
de que el niño acepta una palabra como la propiedad de una cosa; 
lo que en realidad ve no es la palabra, sino lo que ésta designa. 
Así pues, para un niño, la palabra «caballo» aplicada a un palo 


EL JUEGO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 151 


significa «aquí hay un caballo», porque mentalmente ve al objeto 
tras el término que lo designa. Un importante estadio transicional 
en la operación con significados se produce cuando el pequeño 
actúa primero con significados que con objetos (como cuando 
actúa con un palo como si se tratara de un caballo). Más tarde 
lleva a cabo estos actos conscientemente. Este cambio se inter- 
preta en el sentido de que antes de que el niño adquiera el len- 
guaje gramatical y escrito, sabe perfectamente cómo hacer las 
cosas, pero ignora que lo sabe. No domina estas actividades de 
modo voluntario. Durante el juego, el niño utiliza espontánea- 
mente esta capacidad de separar el significado de un objeto sin 
saber lo que está haciendo, al igual que ignora que está hablando 
en prosa, pero sigue hablando sin prestar atención a las palabras. 
De este modo, a través del juego el niño accede a una definición 
funcional de los conceptos u objetos, y las palabras se convierten 
en partes integrantes de una cosa. 

La creación de una situación imaginaria no es un hecho for- 
tuito en la vida del pequeño, sino más bien la primera manifesta- 
ción de su emancipación de las limitaciones situacionales. La pri- 
mera paradoja del juego estriba en que el niño opera con un sig- 
nificado alienado en una situación real. La segunda es que en el 
juego el pequeño adopta la línea de menor resistencia —hace lo 
que más le apetece, porque el juego está relacionado con el pla- 
cer— y, al mismo tiempo, aprende a seguir la línea de mayor 
resistencia sometiéndose a ciertas reglas y renunciando a lo que 
desea, pues la sujeción a las reglas y la renuncia a la acción 
impulsiva constituyen el camino hacia el máximo placer en el 
Juego. 

Por su parte, el juego plantea demandas al niño constante- 
mente para evitar el impulso inmediato. A cada paso el niño se 
enfrenta a un conflicto entre las reglas del juego y aquello que le 
gustaría hacer si de improviso pudiera actuar espontáneamente. 
En el juego actúa de modo contrario al que le gustaría actuar. 
El mayor autocontrol del que es capaz un niño se produce en el 
juego. Alcanza el mayor despliegue de poder cuando renuncia a 
una atracción inmediata en el juego (como por ejemplo a un cara- 
melo, que las reglas prohíben comer porque representa algo no 


152 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


comestible). Generalmente, un niño se subordina a las reglas re- 
nunciando a algo que desea, pero aquí la subordinación a una 
regla y la renuncia a una acción impulsiva inmediata constituyen 
los medios para alcanzar el máximo placer. 

Así pues, el atributo esencial del juego es una regla que se 
ha convertido en deseo. La noción de Spinoza acerca de «una idea 
que se ha convertido en deseo, un concepto que se ha transfor- 
mado en pasión», encuentra su prototipo en el juego, que es el 
reino de la espontaneidad y la libertad. Respetar las reglas es 
una fuente de placer. La regla vence porque es el impulso más 
fuerte. Una regla de este tipo es una regla interna, una regla de 
auto-limitación y auto-determinación, como dice Piaget, y no una 
regla que el niño obedece como si se tratara de una ley física. En 
pocas palabras, el juego brinda al niño una nueva forma de 
deseos. Le enseña a desear relacionando sus deseos a un «yo» 
ficticio, a su papel en el juego y sus reglas. De este modo, se 
realizan en el juego los mayores logros del niño, logros que maña- 
na se convertirán en su nivel básico de acción real y moralidad. 


SEPARACIÓN DE ACCIÓN Y SIGNIFICADO 


Ahora, podemos decir exactamente lo mismo acerca de la acti- 
vidad del niño que lo que afirmamos en cuanto a los objetos. Al 


! ; objeto , 

igual que teníamos la proporción rado > VEREMOS también 

el quebrado ——=———. Mientras la acción domina el desarrollo 
significado 

temprano, esta estructura queda invertida; el significado se con- 

vierte en el numerador y la acción ocupa el lugar del denomi- 

nador. 

En un niño de edad preescolar, la acción domina en un prin- 
cipio sobre el significado, siendo comprendido sólo a medias. El 
pequeño es capaz de hacer más cosas de las que puede compren- 
der. Sin embargo, a esta edad la estructura de una acción emerge 
en lo que el significado es determinante, aunque éste influya la 
conducta del niño dentro de los límites establecidos por los ras- 


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EL JUEGO EN EL DESARROLLO DEL NIÑO 155 


Este es el principal defecto de la teoría de Koffka. Considera 
al juego como el otro mundo del niño.* Todo aquello que inte- 
resa al pequeño es la realidad del juego, mientras que lo que in- 
teresa al adulto es la realidad seria, Un objeto determinado tiene 
un significado en el juego y otro fuera de él. En el mundo del pe- 
queño, la lógica de los deseos y de satisfacer las necesidades domi- 
na sobre todo, dejando de lado la lógica real. La naturaleza 
ilusoria del juego se transfiere a la vida cotidiana. Todo eso sería 
cierto si el juego constituyera la forma predominante de la acti- 
vidad del niño. Sin embargo, resulta difícil aceptar la imagen que 
nos viene a la mente si la forma de actividad de la que hemos 
estado hablando se convirtiera en la forma predominante de la 
actividad cotidiana del niño, aunque sólo se transfiriera parcial- 
mente a la vida real. 

Koffka nos proporciona una serie de ejemplos para demostrar 
cómo un niño traspasa una situación del juego a la vida real. No 
obstante, la transferencia omnipresente del comportamiento del 
juego a la vida real sólo puede considerarse como un síntoma de 
enfermedad. El hecho de comportarse en una situación real como 
si se tratara de algo ilusorio es uno de los primeros signos de 
delirio. La conducta de juego en la vida real únicamente se con- 
sidera normal en aquel tipo de juego en que los niños empiezan 
a jugar a lo que están haciendo en realidad, creando asociaciones 
que facilitan la ejecución de una acción desagradable (como cuan- 
do no quieren acostarse y dicen «vamos a jugar a que es hora de 
irse a la cama»). Así pues, tengo la convicción de que el juego 
no es el tipo de actividad predominante en la etapa preescolar. 
Únicamente las teorías que sostienen que un niño no tiene que 
satisfacer las exigencias básicas de la vida, sino que puede vivir 
en busca del placer, podrían sugerir que el mundo del niño es un 
mundo de juego. 

Considerando el tema desde la perspectiva contraria, ¿podría- 
mos suponer que la conducta del niño está siempre regida por el 
significado, que el comportamiento en la edad preescolar es tan 
árido que nunca es espontáneo porque el pequeño cree siempre 


4. K. Koffka, Growth of tbe Mind, pp. 381 y ss. 


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158 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


de la palabra. Para el pequeño, la seriedad en el juego significa 
que juega sin separar la situación imaginaria de la real. En cam- 
bio, para el niño en edad escolar el juego se convierte en una 
forma de actividad mucho más limitada, predominantemente de 
tipo atlético, que desempeña un papel específico en el desarrollo 
del niño, pero que para el preescolar carece de significado. Para 
el pequeño en edad escolar, el juego no desaparece, sino que se 
introduce en la actitud que el niño adopta frente a la realidad. 
Tiene su propia continuidad interna en la instrucción escolar y en 
el trabajo (actividad compulsiva basada en reglas). La esencia del 
juego es la nueva relación que se crea entre el campo del signifi- 
cado y el campo visual; esto es, entre situaciones imaginarias, 
que sólo existen en el pensamiento, y situaciones reales, 

Superficialmente, el juego tiene poca semejanza con la forma 
compleja y mediata de pensamiento y voluntad a la que nos re- 
mite. Tan sólo un análisis interno y profundo permite determi- 
nar el curso de sus cambios y su papel en el desarrollo. 


CarítuLO VIII 


LA PREHISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 


Hasta nuestros días, la escritura ha ocupado un puesto muy 
restringido en la práctica escolar si la comparamos con el enorme 
papel que desempeña en el desarrollo cultural del niño. La ense- 
ñanza de la escritura se ha concebido en términos poco prácticos. 
Se ha enseñado a los pequeños a trazar letras y a formar pala- 
bras a partir de las mismas, pero no se les ha enseñado el lenguaje 
escrito. Se ha hecho tanto hincapié en la mecánica de la lectura 
que se ha olvidado el lenguaje escrito como tal. 

Algo muy similar ha ocurrido con la enseñanza del lenguaje 
hablado a los sordomudos. Se ha concentrado toda la atención en 
la producción correcta de determinadas letras y su distinta articu- 
lación. En estos casos, los maestros de sordomudos no han discer- 
nido el lenguaje hablado tras estas técnicas de pronunciación; así 
pues, el resultado no ha sido otro que un lenguaje muerto. 

Hay que aclarar esta situación de acuerdo con dos factores 
históricos: especialmente, por el hecho de que la pedagogía prác- 
tica, a pesar de la existencia de numerosos métodos para enseñar 
a leer y escribir, tiene todavía que alcanzar procedimientos cientí- 
ficos y más efectivos para enseñar a los niños el lenguaje escrito. 
A diferencia de lo que ocurre con la enseñanza del lenguaje ha- 
blado, en el que los niños avanzan espontáneamente, el lenguaje 
escrito se basa en una instrucción artificial, Este entrenamiento 
requiere una gran atención y un enorme esfuerzo tanto por parte 


160 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


del maestro como por la del alumno, convirtiéndose así en algo 
cerrado en sí mismo y relegando a un segundo término el lenguaje 
escrito vivo. En lugar de basarse en las necesidades de los niños 
a medida que se van desarrollando y en sus actividades, la escri- 
tura se les presenta desde fuera, de las manos del profesor. Dicha 
situación recuerda el desarrollo de una habilidad técnica, como 
por ejemplo el tocar el piano: el alumno desarrolla una cierta des- 
treza con los dedos y aprende a pulsar las teclas mientras va leyen- 
do el pentagrama, pero no está implicado en la esencia de la músi- 
ca misma. 

Este entusiasmo unilateral por los mecanismos de la escritura 
ha tenido gran impacto no sólo en la práctica de la enseñanza, 
sino también en el planteamiento teórico del problema. Hasta 
aquí, la psicología ha considerado a la escritura como una com- 
plicada habilidad motora. Así pues, ha prestado poca atención a 
la cuestión del lenguaje escrito como tal, es decir, un determinado 
sistema de símbolos y signos, cuyo dominio representa un punto 
crítico decisivo en el desarrollo cultural del niño. 

Un rasgo importante de este sistema es que posee un simbo- 
lismo de segundo orden, que poco a poco se va convirtiendo en 
un simbolismo directo. Ello significa que el lenguaje escrito con- 
siste en un sistema de signos que designan los sonidos y las 
palabras del lenguaje hablado, y que, a su vez, son signos de rela- 
ciones y entidades reales. Gradualmente, este vínculo intermedio 
que es el lenguaje hablado desaparece, y el lenguaje escrito se 
transforma en un sistema de signos que simbolizan directamente 
las relaciones y entidades entre ellos. Parece evidente que el domi- 
nio de este complejo sistema de signos no pueda realizarse de 
modo puramente mecánico y externo, sino que más bien es la 
culminación de un largo proceso de desarrollo de determinadas y 
complejas funciones de la conducta del niño. Únicamente si se 
comprende toda la historia de la evolución de los signos en el 
pequeño y el lugar que en ella ocupa la escritura, puede uno 
acceder a una solución correcta de la psicología de la escritura. 

Sin embargo, la historia evolutiva del lenguaje escrito plantea 
enormes dificultades para la investigación. Por lo que podemos 
juzgar a partir del material disponible, aquélla no sigue una 


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164 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


mismos que aplica al mecer o dar de comer a un bebé, Lo que 
asigna la función del signo al objeto y le presta significado es el 
propio movimiento del niño, sus propios gestos. Toda actividad 
simbólica representativa está plagada de dichos gestos indicativos; 
por ejemplo, un palo se convierte en un caballo porque puede 
colocarse entre las piernas y emplearse el gesto que indica que 
el palo, en este caso, designa a un caballo. 

Por ello, desde este punto de vista, el juego simbólico de 
los niños puede comprenderse como un complejo sistema de «len- 
guaje» a través de gestos que comunican e indican el significado 
de los juguetes. Dichos juguetes adquieren gradualmente su sig- 
nificado —al igual que los dibujos que, apoyados originalmente 
por un gesto, se convierten en signos independientes— en base 
a estos gestos indicativos. 

Tratamos de establecer experimentalmente este estadio espe- 
cial de la escritura del objeto en el niño. Dirigimos juegos experi- 
mentales en los que, a mado de broma, empezamos a designar 
cosas y personas implicadas en el juego a través de objetos fami- 
liares. Así, por ejemplo, un libro abierto representaba una casa, 
unas llaves representaban a unos niños, un lápiz hacía las veces 
de niñera, un reloj de bolsillo era una farmacia, un cuchillo en- 
carnaba a un doctor, la tapa de un tintero simbolizaba un carrua- 
je tirado por caballos, y así sucesivamente. Á continuación, se les 
construía a los niños una narración sencilla mediante gestos figura- 
tivos que involucraban a estos objetos. Los pequeños podían 
leerla con gran facilidad. Por ejemplo, un doctor llega a una casa 
montado en un carruaje, llama a la puerta, la niñera abre, aquél 
examina a los niños, escribe una receta y se marcha. La niñera se 
dirige hacia la farmacia, regresa y administra las medicinas a los 
niños. La mayoría de niños de tres años de edad son capaces de 
leer esta narración simbólica con suma facilidad. Los niños de 
cuatro y cinco años pueden comprender narraciones mucho más 
complejas: un hombre está paseando por el bosque y de pronto 
es atacado por un lobo que lo muerde; el hombre se aleja co- 
rriendo, un doctor le presta ayuda, va a la tienda y luego regresa 
a casa; un cazador se encamina hacia el bosque para matar al 


lobo. 


PRE HISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 165 


Hay que señalar que la similitud perceptiva de los objetos no 
desempeña ningún papel esencial para la comprensión de la dis- 
tinción simbólica. Lo importante es que los objetos admiten el 
gesto apropiado y pueden funcionar como punto de aplicación del 
mismo. Por ello, los niños rechazan rotundamente las cosas que 
no pueden ser representadas a través de dicha estructura gesticu- 
lar. Por ejemplo, en el mencionado juego, que se lleva a cabo en 
una mesa con pequeños objetos, los niños se negarán a jugar si, 
en un momento dado, cogemos sus dedos, los colocamos sobre 
un libro y decimos: «Ahora tus dedos serán niños.» Áducen que 
no existe tal juego. Los dedos están demasiado relacionados con 
sus Cuerpos como para constituirse en objeto para un gesto indi- 
cativo correspondiente. Del mismo modo, tampoco pueden invo- 
lucrarse los muebles de la habitación o alguna de las personas 
que participan en el juego. El objeto mismo realiza una función 
sustitutiva: un lápiz reemplaza a. una niñera o un reloj a una 
farmacia, pero únicamente el gesto adecuado les proporcionará el 
significado. Sin embargo, bajo la influencia del gesto, los niños 
mayores realizan un importante descubrimiento: que los objetos 
pueden indicar las cosas que designan, así como sustituirlas. Por 
ejemplo, cuando ponemos boca abajo un libro con una cubierta 
negra y decimos que se trata de un bosque, el niño añade espon- 
táneamente: «Sí, es un bosque porque es negro y está oscuro.» 
De este modo, aísla uno de los rasgos del objeto, que, para él, es 
un indicio del hecho de que el libro represente un bosque. Asi- 
mismo, cuando la tapa de un tintero metálico simboliza un carrua- 
je, el niño exclama: «Éste es el asiento.» Cuando atribuimos a 
un reloj el papel de farmacia, el pequeño señalará los números 
y afirmará: «Éstas son las medicinas de la farmacia»; otro niño 
mostrará la esfera y dirá: «Esta es la entrada.» Refiriéndose a una 
botella que hace las veces de un lobo, el niño apuntará al cuello 
y exclamará: «Y esto es la boca.» Si el experimentador le pre- 
gunta por el tapón: «¿Y esto qué es?», el pequeño responderá: 
«Ha cogido el tapón y lo sostiene con los dientes.» 

En todos los ejemplos observamos siempre lo mismo, esto es, 
que la estructura habitual de las cosas se modifica bajo el impac- 
to del nuevo significado que ha adquirido, En respuesta al hecho 


166 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


de que un reloj se haya transformado en una farmacia, uno de los 
rasgos característicos del mismo permanece aislado y asume la 
función de un nuevo signo o indicación de cómo un reloj puede 
simbolizar una farmacia, ya a través del rasgo de las medicinas, 
ya por la entrada. La estructura habitual de las cosas (el tapón de 
la botella) se refleja en la nueva estructura (el lobo que sostiene 
el tapón con los dientes), y esta modificación estructural se hace 
tan intensa que, en una serie de experimentos, introdujimos en 
los niños un determinado significado simbólico de un objeto. Así, 
por ejemplo, el reloj de bolsillo simbolizaba una farmacia en 
todas las sesiones de juego, mientras que otros objetos cambiaban 
de significado a menudo. Al comienzo de un nuevo juego, coloca- 
mos el mismo reloj y explicamos, de acuerdo con los nuevos pto- 
cedimientos, «ahora esto será una panadería», Inmediatamente, 
el niño puso una pluma sobre el reloj, de modo que éste quedaba 
dividido en dos partes; indicando una de ellas, afirmó: «De acuer- 
do, aquí está la farmacia y aquí la panadería.» Así, el viejo sig- 
nificado se hizo independiente y funcionó como medio para posi- 
bilitar la aparición de otro nuevo. Pudimos observar también esta 
adquisición de significado independiente fuera del ámbito del 
juego; si un cuchillo caía al suelo, el niño gritaba: «El doctor ha 
caído.» De este modo, el objeto adopta una función de signo con 
una historia evolutiva propia, que ahora es independiente del 
gesto del niño. Este es el simbolismo llamado de segundo orden, 
y puesto que se desarrolla en el juego, vemos que el juego de 
fingir contribuye considerablemente al desarrollo del lenguaje es- 
crito; un sistema de simbolismo de segundo orden. 

En el juego, así como en el dibujo, la representación del sig- 
nificado surge inicialmente como un simbolismo de primer orden. 
Como ya hemos señalado, los primeros dibujos arrancan de los 
gestos de la mano (provista de un lápiz), y el gesto constituye la 
primera representación del significado. Únicamente más tarde, la 
representación gráfica empieza a designar independientemente 
ciertos objetos. La naturaleza de dicha relación es que las señales 
trazadas sobre el papel reciben un nombre apropiado. 

H. Hetzer se dedicó a estudiar experimentalmente cómo se 
desarrolla la representación simbólica de las cosas —tan impor- 


PRE HISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 167 


tante para el aprendizaje de la escritura— en niños de tres a seis 
años.? Sus experimentos abarcaban cuatro series básicas. La pri- 
mera de ellas investigaba la función de los símbolos en el juego 
infantil. Los niños tenían que describir, a modo de juego, un 
padre o una madre llevando a cabo las cosas que suelen hacer 
diariamente, Durante el juego, se dotaba a ciertos objetos de una 
interpretación fingida, facilitando, así, al investigador la tarea de 
trazar la función simbólica asignada a las cosas a lo largo del 
juego. La segunda serie incluía materiales para la construcción, 
mientras que la tercera consistía en dibujar con lápices de colores. 
En dichos experimentos se prestó especial atención al momento 
en que se nombraba el significado adecuado. La cuarta serie se 
proponía investigar, a través de un juego con la oficina de correos, 
hasta qué punto eran capaces los niños de percibir combinaciones 
de signos puramente arbitrarias, El juego comprendía una serie de 
hojas de papel de distintos colores para clasificar diferentes tipos 
de correo: telegramas, periódicos, giros postales, paquetes, cartas, 
postales, etc. De este modo, el experimento relacionaba explí- 
citamente estas distintas formas de actividad, cuyo único rasgo 
común era que todas ellas estaban implicadas en una función 
simbólica, que trataba de unirlas al desarrollo del lenguaje escrito, 
tal como hicimos en nuestros experimentos. 

Hetzer mostró claramente qué significados simbólicos emer- 
gen en el juego a través de gestos figurativos y cuáles a través 
de las palabras. El lenguaje egocéntrico de los niños se ponía am- 
pliamente de manifiesto en dichos juegos. Mientras que unos 
niños describían todas las cosas sirviéndose de movimientos y de 
mímica, sin emplear en ningún momento el lenguaje como recurso 
simbólico, otros acompañaban todas las acciones con el lenguaje: 
el niño actuaba y, al mismo tiempo, hablaba. Para un tercer 
grupo de niños predominaba la expresión puramente verbal sin 
apoyo de ninguna clase. Por último, un cuarto grupo de niños se 
negaba absolutamente a jugar, siendo su única forma de repre- 
sentación el lenguaje, acompañado en último término por la mí- 


3, H. Hetzer, Die Symbolische Darstellung in der friibben Windbert, 
Deutscher Verlag fúr Jugend und Volk, Viena, 1926, p. 92. 


168 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


mica y los gestos. El porcentaje de acciones puramente lúdicas 
disminuye con la edad, mientras que el lenguaje predomina cada 
vez más. La conclusión más importante que podemos extraer de 
esta investigación evolutiva, afirma el autor, es que la diferencia 
que se observa en la actividad lúdica entre los tres y los seis años 
no reside en la percepción de los símbolos, sino en el modo en 
que se utilizan las distintas formas de representación. En nuestra 
opinión, se trata de una conclusión sumamente importante, puesto 
que indica que la representación simbólica en el juego es, esencial- 
mente, una determinada forma de lenguaje en un estadio tempra- 
no, una forma que nos conduce directamente al lenguaje es- 
crito, 

A medida que avanza el desarrollo, el proceso general de de- 
nominación cambia más y más hacia el comienzo del proceso; de 
este modo el proceso mismo resulta equivalente a la escritura de 
una palabra que ha sido pronunciada. Incluso un niño de tres 
años es capaz de comprender la función representativa de una 
construcción de juguete; sin embargo, un niño de cuatro años 
puede ya denominar sus creaciones antes de empezar a cons- 
truirlas. Del mismo modo, en lo que respecta al dibujo, vemos 
que un niño de tres años ignora todavía el significado simbólico 
del dibujo; únicamente al alcanzar la edad de siete años pueden 
todos los niños dominarlo. Simultáneamente, nuestro análisis de 
los dibujos de los niños muestra claramente que, desde el punto 
de vista psicológico, deberíamos considerar tales dibujos como 
una especie de lenguaje infantil. 


DESARROLLO DEL SIMBOLISMO EN EL DIBUJO 


K. Buhler señala acertadamente que el dibujo comienza cuan- 
do los niños han hecho ya grandes progresos con el lenguaje ha- 
blado, y éste se ha hecho habitual.* Por consiguiente, afirma, el 
lenguaje predomina a nivel general y configura gran parte de la 
vida interior de acuerdo con sus leyes, Ello incluye el dibujo. 


4. K. Buhler, Mental Development of the Child, 


PRE HISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 169 


En un principio los niños dibujan de memoria. Si se les pide 
que dibujen a su madre sentada frente a ellos o algún objeto que 
tengan delante, dibujan sin mirar al original; plasman no lo 
que ven, sino lo que conocen. Á menudo sus dibujos no sólo 
descuidan sino que contradicen la percepción real del objeto. 
Encontramos lo que Buhler denomina «dibujos en rayos X». Así, 
un niño dibujará una persona vestida, pero incluirá al mismo 
tiempo las piernas, el estómago, una cartera en el bolsillo, e in- 
cluso dinero de la cartera; esto es, representará en el dibujo 
todas aquellas cosas que conoce, pero que en el caso en cuestión 
no podían verse, Ál dibujar una figura de perfil, el pequeño no 
dudará en añadir un segundo ojo o una segunda pierna a un 
hombre montado a caballo. Por último, olvidará partes suma- 
mente importantes del objeto representado; por ejemplo, dibu- 
jará piernas que nacen directamente de la cabeza, omitiendo el 
cuello y torso, o bien combinará partes únicas de una figura. 

Tal como señaló Sully, los niños no se esfuerzan en repre- 
sentar bien las cosas, son más simbolistas que naturalistas y no 
están interesados en lleyar a cabo una similitud exacta, desean 
sólo las indicaciones más superficiales. No obstante, no podemos 
asegurar que los niños no conozcan mejor a las personas de lo 
que las pintan; lo que realmente les interesa es designarlas y 
denominarlas, más que representarlas. La memoria de un niño 
no consta de una simple pintura de las imágenes representati- 
vas. Al contrario, posee cierta predisposición a emitir juicios 
que están investidos con el lenguaje, o bien que pueden estarlo. 
Cuando un niño descarga su depósito de memoria dibujando, 
vemos que lo hace a modo de narración, contando una historia, 
tal como lo haría hablando. Un importante rasgo de esta capa- 
cidad es que incluye un cierto grado de abstracción, necesario 
para cualquier representación verbal, Así pues, comprobamos una 
vez más que el dibujo no es más que un lenguaje gráfico que 
surge a partir del lenguaje verbal. Los esquemas que distinguen 
a los primeros dibujos infantiles son, en este sentido, reminis- 
gencias de los conceptos verbales que comunican solamente los 


5. J. Sully, Studies of Childhood, Londres, 1895. 


170 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


rasgos esenciales de los objetos. Esto nos proporciona base sufi- 
ciente para considerar los dibujos de los niños como un primer 
estadio en el desarrollo del lenguaje escrito. 

El posterior desarrollo del dibujo infantil no es algo que 
pueda comprenderse por sí mismo ni puramente mecánico. Exis- 
te un momento crítico al pasar de los simples trazos sobre el 
papel al uso de las marcas con el lápiz como signos que descri- 
ben o significan algo. Todos los psicólogos están de acuerdo en 
que el niño tiene que descubrir que las líneas que traza pueden 
significar alguna cosa. Sully ilustra este descubrimiento sirvién- 
dose del ejemplo de un niño que, casualmente, dibujó una línea 
en espiral, sin significado alguno, y de repente captó cierto pa- 
recido con algo, exclamando gozosamente: «¡Humo, humo!» 

Aunque este proceso de reconocimiento de lo que se ha di- 
bujado lo encontremos en la temprana infancia, todavía no es 
equivalente al descubrimiento de la función simbólica, tal como 
hemos demostrado. Al principio, por más que el pequeño perci- 
ba cierta similitud en un dibujo, nunca lo tomará como una 
representación o símbolo del objeto, sino que lo considerará como 
un objeto similar o del mismo tipo. 

Tras mostrar a una niña un dibujo de su muñeca, ésta excla- 
mó: «¡Una muñeca igual que la mía!»; en aquel momento es 
posible que estuviera pensando que se trataba de otro objeto 
exactamente igual que el suyo. Según Hetzer, no existe eviden- 
cia alguna que nos obligue a suponer que la asimilación del 
dibujo a un objeto signifique, al mismo tiempo, la comprensión 
de que aquél es una representación del objeto. Para la niña, el 
dibujo no es una representación de la muñeca, sino otra muñeca 
igual que la suya. Una prueba de ello nos la proporciona el he- 
cho de que, durante cierto tiempo, los niños se comportan con 
los dibujos como si se tratara de objetos. Por ejemplo, si pre- 
sentamos al niño un dibujo en el que figura un chico de espaldas 
al observador, el pequeño dará la vuelta a la hoja buscando la 
cara. Incluso en niños de cinco años observamos repetidamente 
que, en respuesta a la pregunta: «¿Dónde están la cara y la na- 
riz?», los niños giran el dibujo, y sólo después de haberlo hecho 
contestan: «No están, no están dibujadas», 


PRE HISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 171 


Consideramos que Hetzer está totalmente justificado cuando 
afirma que la representación simbólica primaria está adscrita al 
lenguaje, y que todo sistema de signos se crea en base al mismo. 
En efecto, el constante movimiento hacia el comienzo en el mo- 
mento de denominar un dibujo, constituye también una evidencia 
del fuerte impacto del lenguaje en el desarrollo del dibujo en 
los niños. 

También hemos tenido ocasión de observar experimentalmen- 
te cómo los dibujos de los niños se convierten realmente en un 
lenguaje escrito, imponiéndoles la tarea de describir simbólica- 
mente una frase más o menos compleja. Lo que quedaba más 
patente en dichos experimentos era la tendencia, por parte de 
los niños en edad escolar, a pasar de la escritura puramente pic- 
tográfica a la ideográfica, es decir, a representar relaciones indi- 
viduales y significados mediante signos simbólicos abstractos. 
Observamos este dominio del lenguaje sobre la escritura en un 
niño de edad escolar, que escribió todas y cada una de las pa- 
labras de la frase en cuestión en forma de dibujo. Por ejemplo, 
la frase «yo no veo las ovejas, pero están allí» quedó transcrita 
del siguiente modo: la imagen de una persona («Yo»), la misma 
persona con los ojos vendados («no veo»), dos ovejas («las ove- 
jas»), un dedo índice y varios árboles, detrás de los cuales podían 
verse las ovejas («pero están allí»). La frase «yo te respeto» 
se transcribía como sigue: una cabeza («Yo»), dos figuras huma- 
nas, de las cuales una tiene el sombrero en la mano («respeto»), 
y otra cabeza («te»). 

Así, comprobamos cómo el dibujo sigue abedientemente la 
frase y cómo el lenguaje hablado se inmiscuye en los dibujos de 
los niños. En este proceso, los pequeños tenían que llevar a cabo 
genuinos descubrimientos al inventar un modo adecuado de re- 
presentación, y nosotros pudimos comprobar que ello es decisivo 
en el desarrollo de la escritura y el dibujo. 


SIMBOLISMO EN LA ESCRITURA 


En relación con nuestra investigación general, Luria se com- 


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PRE HISTORIA DEL LENGUAJE ESCRITO 177 


Aquí tenemos el ejemplo más vívido de la contradicción básica 
que aparece en la enseñanza de la escritura y lectura, no sólo en 
las escuelas Montessori, sino también en la mayoría de escue- 
las. La escritura se enseña como una habilidad motora y no 
como una actividad cultural compleja. Por ello, el problema de 
la enseñanza de la escritura en los años preescolares comporta 
necesariamente una segunda exigencia: la escritura ha de ser 
«importante para la vida», al igual que necesitamos una arit- 
mética «importante». 

Una segunda conclusión es que la escritura debería poseer 
un cierto significado para los niños, debería despertar en ellos 
una inquietud intrínseca y ser incorporada a una tarea impor- 
tante y básica para la vida. Sólo entonces podremos estar segu- 
ros de que se desarrollará no como una habilidad que se ejecuta 
con las manos y los dedos, sino como una forma de lenguaje 
realmente nueva y compleja. 

El tercer punto que tratamos de adelantar como conclusión 
práctica es la necesidad de que la escritura se enseñe de modo 
natural. En este aspecto, Montessori ha llevado a cabo una enor- 
me tarea. Ha demostrado que el aspecto motor de esta actividad 
puede incluirse en el juego de los niños, y que la escritura de- 
bería «cultivarse» más que «imponerse». La autora nos ofrece 
una aproximación perfectamente motivada al desarrollo de la 
escritura. 

Siguiendo por este camino, el niño se acerca a la escritura 
como una etapa natural en su desarrollo, no como un entrena- 
miento desde fuera. Montessori ha demostrado que el parvulario 
es el lugar apropiado para aprender a leer y escribir; ello sig- 
nifica que el mejor método es aquel según el cual los niños no 
aprenden a leer y a escribir, sino que estas dos actividades se 
encuentran en situaciones de juego. Para ello es necesario que 
las letras se conviertan en elementos corrientes de la vida de los 
niños, al igual que lo es el lenguaje. Del mismo modo que los ni- 
ños aprenden a hablar, deberían aprender a leer y a escribir. Los 
métodos naturales de enseñanza de la lectura y escritura com- 
prenden operaciones adecuadas en el entorno del pequeño. Am- 
bas actividades deberían convertirse en algo necesario para sus 


178 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


juegos. Lo que Montessori ha llevado a cabo respecto a los as- 
pectos motores de dicha habilidad, debería ahora hacerse en 
relación con el aspecto interno del lenguaje escrito y su asimi- 
lación funcional. Evidentemente, es preciso llevar al niño a una 
comprensión interna de la escritura y disponer que ésta sea un 
desarrollo organizado más que un aprendizaje. En cuanto a esto, 
sólo podemos indicar una aproximación extremadamente general: 
al igual que los trabajos manuales y el dominio del dibujo son, 
para Montessori, ejercicios preparatorios para el desarrollo de la 
habilidad de la escritura, también el juego y el dibujo deberían 
ser estadios preparatorios para el desarrollo del lenguaje escrito 
de los niños. Los educadores deberían organizar todas estas ac- 
ciones y todo el complejo proceso de transición de un tipo de 
lenguaje escrito a otro. Deberían seguir todo el proceso a través 
de sus momentos más críticos hasta el descubrimiento de que 
no sólo se pueden dibujar objetos, sino que también se puede 
plasmar el lenguaje. Si quisiéramos resumir todas estas exigencias 
prácticas y expresarlas en una sola, podríamos decir simplemente 
que a los niños debería enseñárseles el lenguaje escrito, no la 
escritura de letras. 


La idea básica de que el mundo no puede ser conside- 
rado como un conjunto de objetos totalmente adaptados, 
sino como un conjunto de procesos, los que objetos 
aparentemente estables, no menos que las imágenes de 
los mismos en nuestras mentes (los conceptos), sufren 
incesantes cambios ... 

A los ojos de la filosofía dialéctica, nada se establece 
para siempre, nada es absoluto o sagrado. Sobre cada cosa 
ve el sello de la inevitable decadencia; mada puede re- 
sistirse al incesante proceso de formación y destrucción, 
al interminable ascenso de lo inferior a lo superior; un 
proceso del que esta filosofía no es más que un simple 
reflejo dentro del cerebro pensante. 


FRIEDRICH ENGELS, Ludwig Feuerbach 


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VERA JoHN-STEINER Y ELLEN SOUBERMAN 


EPÍLOGO 


En el presente ensayo esperamos resaltar algunos de los prin- 
cipales puntos teóricos de Vygotski, especialmente aquellos que 
podrían constituir la fuente de algunas investigaciones psicológi- 
cas contemporáneas. Después de haber trabajado varios años con 
los manuscritos y conferencias que han dado forma al presente 
volumen, llegamos a la conclusión de que la teoría de Vygotski 
era principalmente inductiva, elaborada a medida que iba explo- 
rando distintos fenómenos como la memoria, el lenguaje interno 
y el juego. Ahora, nuestro objetivo consiste en analizar de modo 
sistemático aquellos conceptos que han hecho mella en noso- 
tros, tanto personal como intelectualmente, durante la edición 
de sus manuscritos y la preparación de este trabajo. 

Como lectores, descubrimos que las consecuencias de la in- 
ternalización de las ideas de. Vygotski poseen una dinámica pro- 
pia. En primer lugar, una creciente familiaridad con sus ideas 
ayuda a superar las polaridades de los escritos psicológicos con- 
temporáneos; Vygotski ofrece un modelo para una nueva investi- 
gación y pensamiento psicológico a aquellos que no se sienten 
satisfechos con la tensión existente entre los conductistas tradi- 
cionales y los nativistas. Á ciertos lectores les parecerá que Vy- 
gotski representa una posición intermedia; sin embargo, una 
lectura más cuidadosa y atenta revela su énfasis en las complejas 
transformaciones que constituyen el crecimiento humano, y cuya 
comprensión requiere una participación activa por parte del lector. 


182 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Para Vygotski, el desarrollo no es simplemente una lenta acu- 
mulación de cambios unitarios, sino, como él mismo escribió, 
«un proceso dialéctico complejo, caracterizado por la periodici- 
dad, la irregularidad en el desarrollo de las distintas funciones, 
la metamorfosis o transformación cualitativa de una forma en 
otra, la interrelación de factores internos y externos, y ciertos 
procesos adaptativos» (capítulo 5). Y efectivamente, en este sen- 
tido, tanto su visión de la historia de los individuos como la de 
la historia de la cultura eran semejantes. En ambos casos, Vy- 
gotski rechaza el concepto de desarrollo lineal e incorpora a su 
conceptualización el cambio evolutivo y revolucionario. El reco- 
nocimiento de estas dos formas interrelacionadas de desarrollo 
es, para él, un componente necesario para el pensamiento cien- 
tífico. 

Debido a que no resulta fácil conceptualizar un proceso dia- 
léctico de cambio, encontramos que sus conceptos no ejercían 
su pleno impacto hasta que no tratamos de combinar nuestras 
propias investigaciones con sus ideas elementales. Este proceso 
requería trabajar incansablemente, una y otra vez, sobre la ex- 
pansión de estos conceptos, condensados pero poderosos, apli- 
cándolos o bien a nuestros trabajos o bien a las observaciones 
diarias sobre la conducta humana, La naturaleza críptica de los 
escritos de Vygotski, aunque pueda justificarse por las condicio- 
nes en que vivió sus últimos años, nos obligó a investigar a 
fondo sus conceptos más significativos. De este modo, aislamos 
aquellas ideas que resultaban notablemente originales y que aún 
hoy, cuarenta años después de su muerte, nos brindan nuevas 
esperanzas tanto para la psicología como para la educación. 


CONCEPTOS DE DESARROLLO 


Cada uno de los capítulos del presente volumen trata de 
algún aspecto del cambio evolutivo tal como Vygotski lo con- 


l. Véase Nan Elsasser y Vera John-Steiner, «Án Interactionist Ap- 
proach to Advancing Literacy», Harvard Educational Review, 47, n* 3 (agos- 
to de 1977), pp. 333-370, 


EPÍLOGO 183 


cebía. Aunque esté claramente comprometido en una posición 
teórica distinta de las de sus contemporáneos más prestigiosos 
—Thorndike, Piaget, Koffka—, en sus análisis se remite cons- 
tantemente y profundiza las teorías de éstos, enriqueciendo y 
agudizando las suyas propias. Los contemporáneos de Vygotski 
abogaban también por el principio del desarrollo, sin embargo, la 
aproximación de este último difería de la de aquéllos en que 
hacía hincapié en la psicología de los seres humanos cultural. 
mente transmitida e históricamente configurada. Su análisis se 
distingue también del de los primeros conductistas. Vygotski 
escribió: 


A pesar de los importantes avances que se atribuyen a la 
metodología conductista, dicho método resulta ser harto limita- 
do. El mayor reto que se plantea a los psicólogos es el de des- 
cubrir y sacar a la luz los mecanismos ocultos que subyacen a 
la compleja psicología humana. Por más que el método con- 
ductista sea objetivo y adecuado al estudio de los actos refle- 
jos simples, se revela insuficiente a la hora de aplicarlo al estudio 
de los procesos psicológicos complejos. Los mecanismos internos, 
característicos de dichos procesos, permanecen ocultos, 

La aproximación naturalista a la conducta en general no 
toma en consideración la diferencia cualitativa entre la historia 
humana y la de los animales. La ramificación experimental de 
este tipo de análisis es que la conducta humana se estudia 
prescindiendo de la historia general del desarrollo humano? 


Vygotski, por el contrario, pone de relieve una aproximación 
teórica y, en consecuencia, una metodología que condensa el 
cambio. Sus esfuerzos en trazar el curso de los cambios evolutivos 
van encaminados, en parte, a mostrar las implicaciones psico- 
lógicas que supone el hecho de que los seres humanos sean parti- 
cipantes activos de su propia existencia y de que a cada estadio 
del desarrollo los niños adquieran los medios necesarios para 


2. Traducción del párrafo de «Herramienta y símbolo» y Desarrollo de 
las funciones psicológicas superiores, que no figura en este texto. Vygotski 
utilizaba el término «natural» muy extensamente; véase más arriba, pp. 


184 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


poder modificar su mundo y a sí mismos. Por esta razón, la 
creación y uso de estímulos auxiliares o «artificiales» constituye 
un aspecto crucial de la capacidad humana, que se manifiesta ya 
en la infancia. A través de dichos estímulos se alteran, por la 
activa intervención humana, la situación inmediata y la reacción 
vinculada a la misma. 

Los mencionados estímulos auxiliares, creados por las perso- 
nas, no tienen ninguna relación inherente con la situación exis- 
tente; al contrario, los seres humanos los introducen como un” 
medio de adaptación activa. Vygotski considera a los estímulos 
auxiliares de modo harto distinto: éstos incluyen las herramien- 
tas de la cultura en la que ha nacido el niño, la lengua de aque- 
llos que rodean al pequeño y los medios ingeniosos que el propio 
niño desarrolla, y que comprenden también el uso de su cuerpo. 
Uno de los ejemplos más vivos de este uso de herramientas 
puede observarse en la actividad lúdica de los niños pobres, 
cuyo acceso a los juguetes prefabricados les está vedado, pero 
que, aun así, son capaces de jugar a trenes, a casitas, etc., Con 
cualquier elemento de que dispongan. Las exploraciones teóricas 
de dichas actividades en un contexto evolutivo son el tema 
insistente de este volumen, ya que Vygotski considera que el 
juego es el medio básico del desarrollo cultural de los niños. 

Piaget comparte con Vygotski su énfasis sobre un organismo 
activo. Ambos hacen gala, asimismo, de una gran habilidad a 
la hora de observar a los niños. No obstante, la capacidad de 
observación de Vygotski estaba enriquecida por sus conocimien- 
tos acerca del materialismo dialéctico y por su consideración 
del organismo humano como algo plástico y del entorno como 
contextos históricos y culturalmente cambiantes, en los que los 
niños nacen y a los que, eventualmente, pueden modificar. Por 
otra parte, mientras que Piaget hace hincapié en los estadios de 
desarrollo universales, biológicamente apoyados, Vygotski subraya 
con especial interés la interacción entre las condiciones sociales 
cambiantes y los sustratos biológicos de la conducta. En lo que 
a este tema respecta, escribió que «para poder estudiar el desa- 
rrollo de los niños, hay que empezar comprendiendo la unidad 
dialéctica de dos líneas esencialmente distintas [la biológica y la 


EPÍLOGO 185 


cultural]; así pues, para estudiar de modo adecuado este proceso, 
el experimentador debe considerar ambos componentes y las 
leyes que gobiernan su interrelación en cada estadio del desarrollo 
infantil» 3 

Aunque los trabajos de muchos teóricos de la psicología, in- 
cluyendo a Piaget, han sido calificados de interaccionistas, las 


3, En este volumen, los editores han interpretado el uso, por parte de 
Vygotski, de los aspectos «naturales» de la conducta para referirse a rasgos 
icamente dados, como los reflejos que ya se hallan presentes en el 
momento del nacimiento. Una interpretación adicional de ss término 
«natural» puede extraerse del siguiente párrafo, perteneciente al prefacio 
de Desarrollo de las funciones psicológicas superiores de Vygotski, escrito 
por Á. N. Leontiev, A. R. Luria y B. MT Teplov: «Su intento por demostrar 
que resultaba imposible reducir la formación de las funciones mentales 
superiores del hombre al proceso de desarrollo de sus formas elementales, 
conduce a la falsa división en el plano genético y en el plano de la coexis- 
tencia a miveles superiores de desarrollo. Así, por ejemplo, el desarrollo de 
la memoria atraviesa dos estadios: el estadio de la memoria puramente 
natural, que termina en la edad preescolar, y el estadio siguiente de desa- 
rrollo de una memoria superior y mediata, El desarrollo de formas de 
memoria coexistentes se enfoca del mismo modo. Una forma posee fun- 
damentos exclusivamente biológicos, mientras que las demás son producto del 
desarrollo social y cultural del niño. Esta oposición que aparece en los 
escritos de L. 5. Vygotski así como en las investigaciones sus colabo- 
radores, fue dura y justificadamente criticada en su tiempo. En realidad 
carece de fundamento: después de todo, incluso en los niños más pequeños, 
los procesos psicológicos se forman bajo la influencia de la interacción verbal 
con los adultos, siendo, por consiguiente, no «naturales». Los procesos de la 
memoria de un niño pequeño no son «naturales» porque se han modificado 
debido “a la adquisición del lenguaje. Lo mismo podemos decir 
a los casos en los que se ha preservado una memoria eidética “natural”, que 
resulta estar sujeta a la transformación del hombre. 

Ál mismo tiempo que subrayamos la impropiedad del falso contraste 
que plantea Vygotski entre las formas naturales (orgánicas) y superiores 
(culturales) de los procesos mentales, debemos también señalar que dicho 
contraste no se desprende en absoluto de su posición teórica general, 

Aunque Vygotski hava sido duramente criticado por plantear esta dua- 
lidad artificial Ente lo natural y lo cultural, como señalaron Leontiev y 
Luria, la distinción es en realidad una abstracción, un vehículo para des- 
cribir un proceso harto complejo. «El desarrollo mental del niño es un 
proceso continuo de adquisición de control activo sobre funciones mentales 
inicialmente pasivas. Para obtener dicho control, el niño aprende a utilizar 
los signos para convertir estas funciones mentales “naturales” en funciones 
culturales provistas de signos.» Edward E. Berg, «L. $. Vygotsky's Theory of 
the Social and Historical Origins of Consciousness», tesis doctoral, Univer- 
sity of Wisconsin, 1970, p. 164. 


186 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


premisas de esta aproximación carecen todavía de una formula- 
ción completa. Algunos de los conceptos que se describen en el 
presente volumen constituyen la base para un análisis de desa- 
rrollo interaccionista-dialéctico mucho más articulado. Uno de los 
puntos críticos de toda teoría del desarrollo es la relación entre 
las bases biológicas de la conducta y las condiciones sociales 
a través de las cuales se lleya a cabo la actividad humana. Un 
concepto clave que Vygotski propuso para representar esta im- 
portante interacción es el sistema de aprendizaje funcional. En el 
desarrollo de dicha noción partió de la psicología entonces exis- 
tente y de los conceptos de aprendizaje íntimamente relacionados 
con el estudio de la conducta animal. 

Vygotski reconoció, al igual que hicieron otros antes que él, 
que los sistemas funcionales se hallan arraigados en las respues- 
tas adaptativas básicas del organismo, tales como los reflejos con- 
dicionados e incondicionados. Sin embargo, esta contribución teó- 
rica está basada en su descripción de la relación existente entre 
estos distintos procesos: 


Éstos están caracterizados por una nueva integración y correla- 
ción de sus partes. El todo y sus partes se desarrollan parale- 
lamente y a un mismo tiempo. Á las primeras estructuras las 
denominaremos elementales; éstas son todos psicológicos, con- 
dicionados principalmente por determinantes biológicos. Las es- 
tructuras posteriores que emergen en el proceso de desarrollo 
cultural las llamamos estructuras superiores... El estadio inicial 
va seguido de la destrucción de esta primera estructura, de su 
reconstrucción y transición hacia estructuras de tipo superior. 
Á diferencia de los procesos directos y reactivos, estas estructu- 
ras posteriores se elaboran en base al uso de signos y herramien- 
tas; estas nuevas formaciones unen los medios directo e indi- 
recto de adaptación.* 


Vygotski afirmaba que en el curso del desarrollo surgen sistemas 
psicológicos que funden funciones independientes en nuevas com- 
binaciones y conjuntos. Este concepto fue elaborado posterior- 


4. Este párrafo está extraido de una traducción de «Herramienta y 
simbolo» que todavía no ha sido editada. 


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EPÍLOGO 191 


objetos que podían llevar encima. En los primeros sistemas de 
cuentas podemos observar, de forma desarrollada y activa, el 
mismo proceso que hallamos en forma rudimentaria durante el 
desarrollo del razonamiento aritmético del niño. 

De modo similar, el hacer nudos para no olvidar algo está 
relacionado con la psicología de la vida cotidiana. Una persona 
debe recordar algo, cumplir con algún encargo, hacer esto o 
aquello, coger algún objeto. Al no confiar en su memoria, teme 
pasar por alto involuntariamente aquello que debe llevar a cabo; 
así pues, hace un nudo en su pañuelo o utiliza cualquier otro 
mecanismo similar, como por ejemplo introducir un trozo de 
papel bajo la tapa de su reloj de bolsillo. Más tarde, este nudo 
recordará al sujeto aquello que debe hacer. Este mecanismo 
suele desempeñar satisfactoriamente su función. 

Esta es, pues, otra operación que para los animales resulta 
totalmente inimaginable e imposible. En el hecho de introducir 
un medio auxiliar y artificial para memorizar, en la creación y 
utilización activa de un estímulo como herramienta para la me- 
moria, observamos un rasgo de conducta nuevo y especificamente 
humano.* 


Tanto el uso de signos como el de las herramientas compar- 
ten algunas importantes propiedades; ambos incluyen una acti- 
vidad mediata. Sin embargo, también difieren el uno del otro: 
los signos están internamente orientados, según Vygotski, y cons- 
tituyen un medio de influencia psicológica destinado al dominio 
de uno mismo; por su parte, las herramientas están externa- 
mente orientadas, destinadas a dominar y triunfar sobre la na- 
turaleza. La distinción entre signos y herramientas es un buen 
ejemplo de la capacidad analítica de Vygotski para interrelacionar 
aspectos de la experiencia humana, distintos y, al mismo tiempo, 
semejantes. Otros ejemplos son el pensamiento y el lenguaje, 
la memoria mediata e inmediata, y, en mayor escala, lo biológico 
y lo cultural, lo individual y lo social. 


8. Traducción de un párrafo de Desarrollo de las funciones psicológicas 
superiores, no incluido en el texto. 


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194 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


cia de los niños pequeños y es totalmente ajeno a los animales. 
Representa una forma específicamente humana de actividad cons- 
ciente. Al igual que todas las funciones del conocimiento, surge 
originariamente de la acción. El viejo proverbio que dice que el 
juego del niño es la imaginación en acción ha de ser invertido; 
para los adolescentes y niños en edad escolar la imaginación es 
un juego sin acción» (capítulo 7). 

Durante el juego, los niños se proyectan en las actividades 
adultas de su cultura y recitan sus futuros papeles y valores. De 
este modo, el juego va por delante del desarrollo, ya que así los 
niños comienzan a adquirir la motivación, capacidad y actitudes 
necesarias para su participación social, que únicamente puede lle- 
varse a cabo de forma completa con la ayuda de sus mayores y 
de sus semejantes. 

A lo largo de la etapa preescolar y escolar, las capacidades 
conceptuales del niño se dirigen especialmente al juego y al uso 
de la imaginación. En el curso de los distintos juegos el pequeño 
va adquiriendo e inventando reglas, o como Vygotski lo describe: 
«Durante el juego el niño está siempre por encima de su edad 
promedio, por encima de su conducta diaria en el juego es como 
si fuera una cabeza más alto de lo que en realidad es» (capítulo 7). 
Al imitar a sus mayores en actividades culturales aprendidas, 
los niños crean oportunidades para el desarrollo intelectual. En 
un principio, sus juegos son una pura repetición y resumen de si- 
tuaciones reales; sin embargo, a través de la dinámica de su ima- 
ginación y del reconocimiento de las leyes implícitas que gobier- 
nan dichas actividades que los niños reproducen en sus juegos, 
alcanzan un primer dominio del pensamiento abstracto. En este 
sentido, Vygotski afirmaba que el juego dirige el desarrollo. 

Asimismo, la instrucción escolar y el aprendizaje van por de- 
lante del desarrollo cognoscitiyo del pequeño. Vygotski propone 
un paralelo entre el juego y la instrucción escolar: ambos crean 
una «zona de desarrollo próximo» (capítulos 6 y 7), y en ambos 
contextos los niños elaboran habilidades socialmente disponibles 
y conocimientos que acaban por internalizar, Mientras en el juego 
todos los aspectos de la vida del niño se convierten en temas lú- 
dicos, en la escuela, tanto el contenido de lo que se aprende, como 


EPÍLOGO 195 


el papel del adulto especialmente preparado que enseña a los pe- 
queños, están cuidadosamente planeados. 

En un ensayo acerca de las ideas psicológicas de L. S. Vygots- 
ki, Leontiev y Luria resumen algunos de los rasgos específicos 
de la educación en las aulas: 


La educación escolar es cualitativamente distinta de la educación 
en el sentido más amplio de la palabra. En la escuela, el niño 
se ve enfrentado a una determinada tarea: captar las bases del 
estudio científico, esto es, un sistema de concepciones científicas. 

En el proceso de la educación escolar, el niño parte de lo 
que se ha convertido en sus propias generalizaciones y significados 
complejos; pero no procede tanto de ellas como de un nuevo 
camino que recorre con aquéllas, el camino del análisis intelec- 
tual, comparación, unificación y establecimiento de relaciones 
lógicas. El niño razona siguiendo las explicaciones que se le 
dan y reproduciendo, después, nuevas operaciones lógicas de 
transición de una generalización a otra. Los primeros concep- 
tos que se han formado en el niño a lo largo de su vida y que 
se apoyan en su entorno social (Vygotski los denominó concep- 
tos «cotidianos» o «espontáneos», espontáneos en el sentido 
de que se crean al margen de cualquier proceso destinado espe- 
cialmente a dominarlos) están ahora abocades a un nuevo proce- 
so, a una nueva relación cognoscitiva con el mundo; de este 
modo, en dicho proceso los conceptos del niño se transforman y 
su estructura se modifica. En el desarrollo de la capacidad infan- 
til el captar las bases de un sistema científico de conceptos ocupa 
ahora el puesto principal y conductor.* 


A lo largo de toda su vida, Vygotski y Luria iniciaron estudios 
destinados a examinar las consecuencias cognoscitivas del rápido 
cambio social y del impacto específico de la escolarización." A- 
demás de su interés por el desarrollo cognoscitivo entre las perso- 
nas analfabetas, su atención iba acompañada de otros aspectos de 


9. AN. TA R. Luria, «The Psychological Ideas of L. 5. Vy- 
tsky», en B, B. Wolman, ed., Historical Roots py repo Psycho- 
Ogy, a and Row, Nueva York, 1968, pp. 338-367. 

10. A.R, Luria, Cognitive Development: lts Cultural and Social Founda- 

tions, Harvard University Press, Cambridge, 1976. 


196 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


las transformaciones sociales y educacionales que la Revolución 
de Octubre había aportado. Estos temas preocupan a muchos edu- 
cadores contemporáneos de países que experimentan una rápida 
modernización y urbanización. Incluso en los Estados Unidos, 
donde el concepto de educación pública data ya de dos siglos 
atrás, surgen problemas de este tipo porque amplios grupos de 
personas todavía no se han integrado ni beneficiado de la educa- 
ción de masas. Algunos de los temas que preocupaban a Vygotski 
y que siguen todavía vigentes son la duración y el objetivo de 
la educación pública, el uso de los tests estandarizados para 
calcular el potencial educacional de los niños y los modelos efec- 
tivos de enseñanza y planes de estudio. 

A través del concepto de la zona del desarrollo próximo, pos- 
tulada por Vygotski durante los largos debates sobre educación 
en los años treinta, el autor resume, desde el punto de vista de 
la instrucción, los principios básicos de su teoría cognoscitiva: la 
transformación de un proceso interpersonal (social) en intraperso- 
nal; los estadios de internalización; y el papel de los discípulos 
experimentados. La zona de desarrollo próximo, afirma, es «la 
distancia entre el nivel real de desarrollo [del niño], determinado 
por la capacidad de resolver independientemente un problema, y 
el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la reso- 
lución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración 
con otro compañero más capaz» (capítulo 6). 

Numerosos educadores, conscientes de que el tiempo de apren- 
dizaje puede variar según el niño, separan a los «alumnos lentos» 
de sus profesores así como de sus compañeros a través del uso 
de enseñanza programada y frecuentemente mecanizada. En con- 
traste con ello, Vygotski, que considera el aprendizaje como un 
proceso profundamente social, hace hincapié en el diálogo y en 
los distintos papeles que desempeña el lenguaje en la instrucción 
y en el desarrollo cognoscitivo mediato. El simple hecho de pre- 
sentar a los estudiantes nuevos materiales a través de conferen- 
cias orales no facilita la guía de los adultos ni la colaboración con 
los compañeros. Para dotar de contenido al concepto de la zona 
de desarrollo próximo en educación, los psicólogos y educadores 
deben colaborar en el análisis de los procesos evolutivos internos 


EPÍLOGO 197 


(«subterráneos»), que se estimulan mediante la enseñanza y son 
necesarios para el consiguiente aprendizaje. En dicha teoría, la 
enseñanza representa el medio a través del cual progresa el desarro- 
llo; esto es, el contenido socialmente elaborado del conocimiento 
humano y la estrategia cognoscitiva necesaria para su internaliza- 
ción son evocados en los estudiantes de acuerdo con sus «niveles 
evolutivos reales». Vygotski critica la intervención educacional 
que va a remolque de los procesos psicológicos evolucionados en 
lugar de centrar sus esfuerzos en las funciones y capacidades na- 
cientes. Una aplicación especialmente imaginativa de dichos prin- 
cipios son las campañas de alfabetización de Paulo Freire en los 
países del Tercer Mundo. Al adaptar sus métodos educativos al 
marco cultural e histórico específico en el que vivían sus alumnos, 
éstos podían combinar sus conceptos «espontáneos» (aquellos basa- 
dos en la práctica social) con los nuevos conceptos introducidos por 
los profesores en el contexto educacional." 


APROXIMACIÓN HISTÓRICO-CULTURAL A VYGOTSKI 


Quizá el tema más sobresaliente en Vygotski es su énfasis en 
las cualidades únicas de nuestra especie, el modo en que, como 
seres humanos, cambiamos y nos realizamos en los distintos 
contextos de nuestra historia y cultura. En el presente volumen, 
Vygotski distingue repetidamente la capacidad adaptativa de los 
animales de la de los seres humanos. El factor básico en el que 
se fundamenta esta distinción son las dimensiones culturalmente 
elaboradas e históricamente creadas de la vida humana, que se 
hallan ausentes de la organización social de los animales. En el 
desarrollo de las funciones superiores —esto es, en la internali- 
zación de los procesos del conocimiento-—, las particularidades 
de la existencia social humana se reflejan en el conocimiento hu- 
mano: un individuo tiene la capacidad de externalizar y compar- 


11. P. Freire pa edagogy the Oppressed, Seabury, Nueva Y 1970, 
(Hay trad. cast.: Pedagogia 0 oprimido, Siglo XXI, Madrid, 1 ar 


198 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


tir con otros miembros de su grupo social su comprensión de 
aquella experiencia compartida. 

La relativa inmadurez del bebé humano, en comparación con 
las demás especies, precisa de una profunda confianza en los cui- 
dados del adulto, circunstancia que crea una contradicción psicoló- 
gica básica en el pequeño: por una parte, depende totalmente de 
organismos mucho más experimentados que él, mientras que por 
la otra recibe los beneficios de un marco óptimo y socialmente 
desarrollado para el aprendizaje. Aunque los niños dependan en 
gran manera de la nutrición y de los cuidados que les prestan, 
son activos participantes de su propio aprendizaje dentro del con- 
texto de la familia y de la comunidad. Tal como señaló E. Berg: 


Al igual que las herramientas de trabajo cambian históricamen- 
te, también las herramientas del pensamiento cambian histó- 
ricamente. Y así como las nuevas herramientas de trabajo dan 
lugar a nuevas estructuras sociales, también las herramientas del 
pensamiento provocan el nacimiento de nuevas estructuras men- 
tales. Tradicionalmente, se creía que instituciones como la fami- 
lia y el estado habían existido siempre, más o menos en su forma 
actual. Del mismo modo, uno se siente inclinado a considerar 
a la estructura de la mente como algo universal y eterno. Sin 
umbargo, para Vygotski, tanto las estructuras sociales como las 
estructuras mentales poseen raíces históricas muy definidas, y 
son productos específicos de ciertos niveles del desarrollo de las 


herramientas.*? 


El estudio de Vygotski acerca del desarrollo humano estaba 
profundamente influido por Friedrich Engels, quien subrayó el 
papel fundamental del trabajo y las herramientas en la transforma- 
ción de la relación entre los seres humanos y su entorno. Engels 
describió el papel que desempeñan las herramientas en el desarro- 
llo humano del siguiente modo: «La herramienta simboliza especí- 
ficamente la actividad humana, la transformación de la naturaleza 
por parte del hombre: producción».'* Esta aproximación requiere 


12. «Vy 's Theory», pp. 45-46. 
13, K. Marx y F. En. Obras escogidas, Moscú, 1953, p. 63, 


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«Edades críticas». Conferencia, Instituto Pedagógico de A 
26 de junio de 1933. Archivos del Instituto Pedagógico de 
ningrado. Manuscrito, 15 pp. 

«La fase negativa de la adolescencia». Conferencia, Instituto Peda- 
gógico de Leningrado, 26 de junio de 1933. Archivos del Ins- 
tituto Pedagógico de Leningrado. Manuscrito, 17 pp. 


BIBLIOGRAFÍA 211 


«Estudio sobre el trabajo escolar de los niños». Informe al Instituto 
Pedagógico de Leningrado, 31 de enero de 1933, Archivos priva: 
dos de L. S. Vygotski. Estenografiado. 

«Estudio paidológico del proceso pedagógico». Informe al Instituto 
Experimental de Defectología, 7 de marzo de 1933, En Desarrollo 
mental del niño durante la educación, de L. $. Vygotski, Moscú- 
Leningrado, 1935, pp. 116-134. 

«Adolescencia». Conferencia, Instituto Pedagógico de Leningrado, 
25 de junio de 1933. Archivos del Instituto Pedagógico de Lenin- 
grado. Estenografiado, 19 pp. 

«Paidología de la edad preescolar». Conferencia, Instituto Pedagógico 
de Leningrado, 31 de enero de 1933. Archivos del Instituto Pe- 
dagógico de Leningrado. Estenografiado, 16 pp. 

Prefacio a Los niños difíciles en el trabajo escolar, de L. V. Zankov, 
M. 5. Pevsner y V. F. Shmidt, Moscú-Leningrado, 1933. 

«Problemas de la edad: el juego». Charla conclusión al Seminario del 
Instituto Pedagógico de Leningrado, 23 de marzo de 1933, Ar- 
chivos del Instituto Pedagógico de Leningrado. Estenografiado, 
39 pp. 

«Problemas de desarrollo». Conferencia, Instituto Pedagógico de Le- 
ningado, 27 de noviembre de 1933. Archivos del Instituto Pe- 
dagógico de Leningrado. Estenografiado, 17 pp. 

«El problema del conocimiento». Informe tras la conferencia de 
A. R. Luria el 5 y 9 de diciembre de 1933. En Psicología de la 
gramática, Moscú, 1968, pp. 178-196. 

«Desarrollo del sentido común y de las ideas científicas en la edad 
escolar». Informe de la Conferencia científica, Instituto Pedagógi- 
co de Leningrado, 20 de mayo de 1933. En Desarrollo mental del 
niño durante la educación, Moscú-Leningrado, 1935, pp. 96-115. 

«Estudio de las emociones». Archivos privados de L. S. Vygotski, 1933. 
Manuscrito, 555 pp. También «El estudio de las emociones a la 
luz de la psiconeurología contemporánea». Cuestiones de Filosofía, 
1970, n.2 6, pp. 110-130. Véase también, «Dos direcciones en la 
comprensión de la naturaleza de las emociones en la psicología 
extranjera a principios del siglo xx». Problemas de psicología, 1968, 
n.* 2, pp. 149-156. 


1934 

«Demencia durante la enfermedad de Pick». Neuropatologia, Psiquia- 
tria y Psicobigiene soviética, vol. 3 (1934), n.* 6, pp. 97-136 
(con G. V, Birenbaum y N. V. Samujin). 


212 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


«Desarrollo de las ideas científicas durante la infancia». En Desarrollo 
de las ideas cientificas de los niños en edad escolar, de Zh. 1. Shif, 
Moscú-Leningrado, 1935, pp. 3-17. 

«Infancia y edad temprana». Conferencia, Instituto Pedagógico de 
Leningrado, 23 de febrero de 1934. Archivos del Instituto Peda- 
gógico de Leningrado. Estenografiado, 24 pp. 

Pensamiento y Lenguaje, Moscú-Leningrado, 1934. 

«El pensamiento del niño en edad escolar». Conferencia, Instituto Pe- 
dagógico de Leningrado, 3 de mayo de 1934. Archivos del Ins- 
tituto Pedagógico de Leningrado. Estenografiado, 11 pp. 

Fundamentos de paidología, Moscú, 1934. 

«Adolescencia». Conferencia, Instituto Pedagógico de Leningrado, 
25 de marzo de 1934. Archivos del Instituto Pedagógico de Lenin- 
grado. Estenografiado. 

«Problemas de la edad». Archivos privados de L. 3. Vygotski. Ma- 
nuscrito, 95 pp. También en Problemas de psicología, 1972, n.* 2, 
pp. 114-123, 

«Problemas de educación y desarrollo mental en la edad escolar». 
En Desarrollo mental del niño durante la educación, de L. $. Vygot- 
ski, Moscú-Leningrado, 1935, pp. 3-19, 

«Problemas de desarrollo en psicología estructural». En Fundamentos 
del desarrollo psicológico, de K. Koffka, Moscú-Leningrado, 1934, 
pp. IX-LXI. 

«Problemas de desarrollo y destrucción de las funciones psicológicas 
superiores». En Desarrollo de las funciones psicológicas superiores, 
de L. S. Vygotski, Moscú, 1960, pp. 364-383, (Dltimo informe rea- 
lizado por Vygotski, preparado un mes antes de su muerte.) 

«Psicología y enseñanza de la localización». En Informes del Primer 
Congreso ucraniano de neuropatólogos y psiquiatras, Jarkov, 1934, 
pp. 34-41. 

«Demencia durante la enfermedad de Pick». Archivos privados de 
L. 5. Vygotski, 1934. Manuscrito, 4 pp. 

Fascismo en psiconeurología, Moscú-Leningrado, 1934 (con V. A. Gil- 
jarovski y otros). 

«Edad escolar». Archivos privados de D. B. Elkonin, 1934, Manus- 
crito, 42 pp. 

«Edad escolar». Conferencia, Instituto Pedagógico de Leningrado, 23 de 
febrero de 1934. Archivos del Instituto Pedagógico de Leningra- 
do. Estenografiado, 61 pp. 


BIBLIOGRAFÍA 213 


«Investigación experimental de la enseñanza de los nuevos reflejos 


del lenguaje mediante el método de adhesión con complejos». 
Archivos privados de L. 5. Vygotski. Manuscrito. 


1935 


«Educación y desarrollo durante la edad escolar». Informe de la Con- 
ferencia Nacional de educación preescolar. En Desarrollo mental 
del niño durante la educación, Moscú-Leningrado, 1935, pp. 20-22. 

«Problemas de demencia». En El miño retrasado, Moscú-Leningrado, 
1933, pp. 7-34. 

El niño retrasado, L. S. Vygotski, ed. Moscú-Leningrado, 1935. 


Trabajos de varios años: 

Paidología de la juventud: Rasgos de la conducta del adolescente. 
Lecciones 6-9, Moscú, Departamento de la Facultad de Educación, 
segunda universidad estatal de Moscú. 

«Problemas del desarrollo cultural del niño». Archivos privados de 
L. 5. Vygotski. Manuscrito, 81 pp. 

«El niño ciego». Archivos privados de L. $3. Vygotski. Manuscrito, 
3 pp. 

Infancia dificil, Moscú, Departamento de la Facultad de Educación, 


segunda universidad estatal de Moscú. 


EN INGLÉS 


«The Principles of Social Education of Deaf and Dumb Children in 
Russia». En International Conference on tbe Education of the Deaf, 
Londres, 1925, pp. 227-237. 

«The Problem of the Cultural Development of the Child». En Jowrral 
of Genetic Psychology, 1929, vol. 36, pp. 415-434, 

«Thought in Schizophrenia». En Archives of Neurological Psychiatry, 
1934, vol. 31. 

«Thought and Speech». En Psychiatry, 1939, vol. 2, pp. 29-54. Reimp. 
en $. Saporta, ed., Psycholinguistics: A Book of Readings, Holt, 
Rinehart and Winston, Nueva York, 1961, pp. 509-537, 

Thougbt and Language, MIT Press and Wiley, Cambridge, 1962 (pu- 
blicado originalmente en ruso en 1934). 


214 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


«Psychology and Localization of Functions». En Newropsycbologra, 
1965, vol, 3, pp. 381-386 (publicado originalmente en ruso en 1934). 

«Development of the Higher Mental Functions». En A. Leontiev, 
A. Luria y Á. Smirnov, eds., Psychological Research in the USSR, 
Progress Publishing, 1966, vol. 1, pp. 11-46 (abreviado). 

«Play and lts Role in the Mental Development of the Child». En 
Soviet Psychology, 1967, vol. 3 (número publicado en memoria 
de Vygotski. Incluye un prefacio de J. S. Bruner y artículos de 
los psicólogos soviéticos Luria, Davydov, El'konin, Gal'perin y 
Zaporozhetz, Artículo basado en la conferencia de 1933). 

The Psychology of Art, MIT Press, Cambridge, 1971 (compilación de 
trabajos sobre crítica literaria y de arte que cubren varias dé- 
cadas). 

«Spinoza's Theory of the Emotions in Light of Contem Psy- 
choneurology». En Soviet Studies im Philosophy, 1972, vol. 10, 
pp. 362-382. 


ÍNDICE ALFABÉTICO 


Academia Psiconeurológica Uctania- 
na, 8, 190 

Academia Soviética de Ciencias Pe- 
dagógicas, 30 

acción: repetición de, 44; proyecta 
da, representaciones simbólicas de, 
65; significado y, 152-153; juego 
y, 193-194; véase también gestos, 
lingúística, jugar, simbolismo 

Ach, N,, 108 

actividad voluntaria, 66; véase tam- 
bién conducta 

adaptación: del niño, 44, 47; signo 
y uso de herramientas como sig- 
nificado de, 88, 91, 184, 186, 190- 
191 (véase también signos, uso 
de; herramientas, uso de); adap- 
tabilidad de los animales, 98, 198 
(véase también animales) 

adolescencia, véase edad 

afasia, 29, 44-45; véase también lin- 


etiística 
América, véase Estados Unidos 
análisis: evolutivo, 27-28, 99-100, 


105 (véase también conducta); del 
proceso, mo del objeto (expert- 
mental-evolutivo), 99-100, 105; 
explicativo, no descriptivo (geno- 
típico vs. femotípico), 100-102, 
105, 108, 109; propósito del, 102, 
103-104, 105; introspectivo, 102, 
105-110; conducta «fosilizada» y, 


103-105, 109; de la reacción de 
elección, 106-110 (véase también 
conducta selectiva y respuestas); 
de la enseñanza, 123; del proce- 
so educativo, 138-40 

animales: estudio de los, conexión 
con los estudios humanos, 18-20, 
21, 24, 98, 183, 184; y uso de 
herramientas, 25-26, 44, 45-46, 47, 
135-136; estudios de Kohler so- 
bre lo monos, 41-45 passim, 48, 
53, 37, 66, 136; y comparacio- 
nes niño-mone, 41-45, 50, 53, 6l, 
63-64, 65; y uso de signos, 43-46, 
68; y lingúística, 43 n, 45-46; y 
percepción, 37, 58, 59, 61-62, 63- 
64, 63; y atención, 64; y activi- 
dad voluntaria, 66; y ayuda de 
la memoria, 68, 86, 191; e inter- 
nalización, 94; y adaptabilidad, 
98, 198; y aprendizaje, 136; e 
imaginación, 143, 193-194 

aprendizaje, véase educación, inte- 


ligencia, memoria,  estímulo-res- 
puesta (teorías), pensar (pensa- 
miento y) 


Aristóteles, £8 


atención: para resolver un problema 
(del niño), 63; papel de los sig- 
nos en la, 70; desarrollo de la, 
93; — voluntaria e involuntaria 
(«secundaria», «primaria»), 93, 103 


216 


Baldwin, J, M., 161 
Bejterev, V. M., 17, % 


Berg, E. E., 198 
Binet, A., 38, 124 
Birch, 187 


Blonski, P. P., 28, 105 

botánica: ws. zoología en los estu- 
dios referentes al niño, 40, 42: 
véase también niño, desarrollo del 

Buhler, C., 42 

Burt, C., 176 


Capital, El (Marx), 27 

Cattell, J. M., 107 

clasificar, 59; véase también lingiiís- 
tica 

color: experimentación en operacio- 
nes con signos, 

comunicación (por los niños): y 
«lenguaje egocéntrico», 33, 31; 
Piaget y, 47, 138; lenguaje y, 33, 
138 (véase también lingúística); 
gestos y, 59, 163-164, 167 (véase 
también gestos); véase también 
dibujo, escritura 

condicionados, véase reflejos 

conducta: comienzo del estudio de 
la, 19-21; aproximación marxista 
a la, 21-22; Vygotski y la unifi- 
cación de la ciencia de la, 23-24; 
animal ps. humana, 24, 25, 48, 
186 (véase también animales); 
aproximación «evolutiva» a, 25, 
AA 33, 39-41, 42-43, 55, 60, a, 

100, 104-105; historia de la, 28, 

e 104-105; «botánica» vs, «zoo- 
logía», modelos de, 39-41, 42-43; 
lenguaje y, 30-56 (véase también 
era y actividad volunta- 
ria, 66, 138; control desde fuera 
de la (estímulos extrínsecos), 70, 
£6; «superior», 87, 22, 99, 103- 
104, 119; a natura- 
lista a la 98-99, 183, 185 n, 198- 


LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


199: «fosilizada», 103-105, 109- 
110 (véase también análisis); véa- 
se también conducta selectiva y 
respuestas, mediación (concepto 
de), jugar, resolver problemas, 
estímulo-respuesta (teorías de) 

conducta selectiva y respuestas: de 
los niños, 60-66, 112-113, 153. 
154; y toma de decisiones, 87; 
psicología de la, 105-110; estudio 
dinámico causal de la, 110-116; 
véase también resolver problemas 

contar, sistemas de, 190-191; véase 
también cultura 

cultura: investigaciones históricas de 
la, 20; teoría de Vygotski sobre 
la, 24, 23; y desarrollo cultural, 
31-52, 93-94, 196; infancia y, 78- 
79; lenguaje escrito y, 160 (véa- 
se también lingiística, escritura); 
lectura y, 176; sistemas de con- 
tar y, 190-191 


Chelpanov, G. L, 22; La mente del 
hombre, 22 


Darwin, C. R., 20; El origen de las 
especies, 18-19 

decisiones (toma de), véase conduc- 
ta selectiva y respuestas, resolver 
problemas 

denominación: (por el niño) de los 
dibujos, — construcciones, 32-53, 
168, 169-170, 171; véase también 
lingúística 

desarrollo del niño, véase niño, de- 
sarrollo del 

Descartes, René, 18 

designación, véase denominación 

Dewey, J., 88 

Dialéctica de la naturaleza (Engels), 
199 

dibujo: lenguaje de los niños y, 52, 


ÍNDICE ALFABÉTICO 217 


168-169: como actividad con sig- 
nos, 67, 163 (véase también sig- 
nos, uso de); gestos como precur- 
sores del, 162-163 (véase también 
gestos); «rayos X», 169; desarro- 
llo del simbolismo en el, 168-171; 
como objeto (vs. representación 
de objetos), 169-170; impacto del 
lenguaje en el, 171; como preli- 
minar a la escritura, 171-172, 174, 
177 (véase también escritura) 


edad: «chimpancé», 42 (véase tanm- 
bién animales) e inteligencia 
práctica/pensamiento, 42-44, 45, 
4647, 8586, 123-125, 148-149: y 
lenguaje, 48-50, 52-53, 54, 39, 
101; y percepción, 38-59, 60, 148, 
149; y conducta selectiva/respues- 
ta, 60, 112-113; y errores en ta- 
reas de color, 72-77; infancia y 
raíces de la conducta cultural, 79; 
y memoria, 80-83, 84, 92, 185 nm; 
adolescencia, 99, 129, 158, 19%; 
mental, 131-136, 137; y juego, 
141-144, 155, 157-158, 167, 193. 
194: y limitaciones situacionales, 
147, 150-151; y acción es. signi- 
ficado, 152-154; y pintura gráfi- 
ca, 163 (véase también gestos); y 
simbólica, 164.168, 
170, 171-172, 173; y lectura, es- 
critura, 175-176; e imaginación, 
193-194; véase también niño (de- 
sarrollo del), lingúística (madura: 
ción), test y pruebas 
educación: interés de Vygotski por 
la, 28-29, 193-197; y «pedagogía» 
(«psicología educacional»), 30; e 
interacción entre aprendizaje y de- 
sarrollo del niño, 123-140, 186 
187; 193-195; prematura, 124; 
descripción de James de la, 125; 
la disciplina formal en la, 126- 


130, 140; y teoría de la Gestalt 
sobre los procesos del aprendiza- 
je, 130-131, 135 (véase también 
imitación); y pruebas, 137-138 
(véase también test y pruebas): 
de niños retrasados, 137; e inter- 
nalización del proceso de lengua- 
je, 139-140, 194-195, 196, 198; y 
enseñanza del lenguaje hablado, 
159-160; y enseñanza de la escri- 
tura, lectura, 159-160, 172-178; 
obligatoria, en Inglaterra, 176; 
pública, en EE. UU., 196; de los 
«alumnos lentos» (lenguaje y), 
196; campañas de alfabetización 
en el Tercer Mundo, 197 

eidética, imaginería, véase memoria 

empirismo, 18, 90 

Engels, F., 25, 98-99; Ludwig 
Feuwerbach (citado), 179; Dialéc- 
tica de la naturaleza, 199 

enseñanza, véase educación 

escritura: como actividad en el uso 
de signos, Ól (véase también sig- 
nos, uso de); enseñanza de la, 
159, 173-177; prehistoria de la, 
159-177; simbolismo y, 160, 162, 
164-168, 171-175, 176; gestos y, 
162-163, 166, 176 (véase también 
gestos); proceso de nombrar y, 
167; dibujo como preliminar a la, 
171, 174, 177 (véase también di- 
pujo); predominio del lenguaje 
sobre la, 171 

Estados Unidos: comienzo de los 
estudios sobre la conducta en, 20; 
estudios lingiísticos en, 28; tests 
CI en, 30; metodología experi- 
mental en, 31; y teorías estímulo- 
respuesta del aprendizaje, 33: en- 
señanza de la lectura y escritura 
en, 176; educación pública en, 
195-196 

estímulo-respuesta, teorías, 17, 21; 
Vygotski y, 24, 35: y teoría del 


218 


aprendizaje en Estados Unidos 
(19305), 35; fórmula del, 106-107; 
y marco de los experimentos, 93- 
99, 110-116, 183 n; y estimula- 
ción doble, 118; véase también 
conducta 

Estudios en la bistoria del compor- 
tamiento (Vygotski y Luria), 28 

Europa: estudios psicológicos en, 17, 
21, 28; test de CI en, 30; ense- 
ñanza en, 176 


experimentación: Vygotski y la, 31- 
36; sobre el desarrollo del niño, 
33-34, 97, 116, 148; de Kúhler, 
con monos, 41-45 passim, 48, 53, 
37, 65, 136; y comparación 1 niño- 
animal, 41-45, 48, 3] (véase tam- 
bién niño, desarrollo del); y len- 
fiuaje, 531; y reacción de elección, 
60-66, 110-115 (véase también 
conducta selectiva y Sapa 
y primeras operaciones con sig- 
nos, 70-77, 78-83 (véase también 
signos, uso de); y aproximación 
rd olaa, 83; y mar- 
co estímulo-respuesta, 95-99, 110- 
116; problemas de método en, 
95-119; procedimientos en, 108; 
experimentos del tiempo de reac- 
ción, 106 n, 115; metodología de 
Piaget en la, 124-125; y escritura 
objetal/notación simbólica, 164- 
168, 171-172, 173, 174 (véase 
también escritura); véase también 
metodología 


Fechner, G., 19; Die Psychopbysik, 


19 
Flavell, J., 34 
Francia: y sociólogos franceses, 24 
Freire, P., 197 


LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Gelb, A., 148 

Gerke, E. D., 43, 44, 46 

Gesell, A., 40 

Gestalt, psicología de la, 17, 21, 
23, 129 

gestos: como comunicación, 38, 163- 
164, 167-168; acción de señalar, 
93, 192; como precursores del di- 
bujo/escritura, 162-163, 166, 173- 
174; simbólicos, 163-164, 163, 
166 

Goethe, J., 150 

Goldstein, K., 148 

Gomel (URSS): Instituto de Ins 
trucción de profesores en, 7 

Guillaume, P., 44, 45 

Gussow, J. D., 187 


handicap, véase sordera, retraso 

Hegel, G. W. F., 40, 90 

herramientas, uso de, 23-26, 198- 
199; por el niño, 41-50 passir, 
53, 57, 58, 78-79, 91, 184, 186, 
189; por el mono, 43-44, 45, 47- 
48, 135-136; relación de, con el 
lenguaje, 43-44, 43-47, 57, 88; y 
el lenguaje como ta para 
resolver problemas, 51-52, 59-60; 


Hertzer, H., 166, 167, 170, 171, 175 


imaginación: el niño y la, 143-144 
148-152, 156-158, 189, 193-194; 


43-44, 194; en el aprendizaje, 130, 
135-136; véase también memoria 
Inglaterra, 18, 176 
Instituto de Deficientes (Moscú), 
15, 29, M0 


ÍNDICE ALFABÉTICO 


Instituto de Educación Preescolar, 
30 

Instituto de Instrucción de Profeso- 
res (Gomel, URSS), 7 

Instituto de Medicina Experimental 
(URSS), £ 

Instituto de Psicología (Moscú), 15, 
21, 22, 30 

inteligencia: test CI, 30 (véase tam- 
bién test y pruebas); analogía 
niño-mono, 41-45 (véase también 
niño, desarrollo del); como «pen- 
samiento técnico», 43 (véase tam- 
bién pensar, pensamiento y); y 
lenguaje, 4347 (véase también 
lingúística); percepción e, 63 (véa- 
se también percepción); actividad 
que se sirve de signos e, 93 (vés- 
se también signos, uso de); los 
primates y la, 136 

intención: en el sistema psicológico, 
65 

«interaccionista», aproximación, 185- 
186, 187-188 

internalización: campo visual, 50; 
del lenguaje social del niño, 51- 
52, 138, 189, 192 (véase también 
lingiiística); en la memoria, 77; 
gesto de señalar como señal de 
(véase también gestos); proceso 
de, 93, 190-191; del proceso de 
aprendizaje, 139, 195, 196-197, 
198 


Jaensch, E. R., 68 

James, W., 17, 125 

Jarkov, 8, 30 

juego(s): tests de los colores, 70-77; 
deportivo(s), 141, 157; con re- 
glas, 145-146, 151-152, 157, 158, 
194; simbolismo en el (los), 163, 
164, 165, 166, 167, 168; véase 
también jugar 

jugar: y tests de los colores, 70-77 


219 


(véase también test y pruebas); 
vs. juegos deportivos, 141, 156- 
157; necesidad del niño de, 141- 
156; edad y, 141-143, 155-156, 
157-158, 167-168, 194; ¡magina- 
ción y, 142-146, 156, 157-158, 
189, 193-194; simbolismo y, 143- 
144, 150, 152-153, 163-168; ba- 
sado en reglas, 144-146, 152, 157- 
158, 194; acción y significado en 
el, 146-154; y relación con el de- 
sarrollo, 154-158; 174-175; 177, 
184, 188-189, 193-195 


Kant, 1, 18 

Koffka, K., 17, 63, 99, 126, 129, 
131, 155, 183 

Kúhler, W., 17, 21, 63; experimen- 
tos con monos, 41-43 passim, 48, 
33, 57, 65, 136 

Kornilov, K. N., 21-22, 29-30 


Leakey, 199 

lectura: enseñanza de la, 159-161, 
177-178; de narraciones simbáli- 
cas, 164, 172173; y desarrollo 
cultural, 174-175; véase también 
educación, escritura 

lenguaje, véase lingiística 

Leningrado: — Instituto Pedagógico 
Hertzen, 7 

Leontiev, A. N., 30, 70, 82, 185 n, 
195 

Levina, R. E., 48, 51, 55 

Lévy-Bruhl, L., 28 

Lewin, K., 17, 65, 66, 100-101, 147 

Lindner, R., 63 

lingúística: y lenguaje como proce- 
so social, 24, 189-190: soviética, 
28-29; y lenguaje «egocéntrico», 
33-44, 47, 48, 531, 9, 101, 163; 
y teorías estimulo-respuesta apli- 
cadas al lenguaje, 34-35; y rela- 


220 


ción inteligencia-lenguaje, 42-43, 
47; y relación lenguaje-uso de 
herramientas, 44, 45-47, 57, 88- 
89; y relación lenguaje-acción, 44, 
os 63.64, 167-168, 169, 170, 
150; «ninos A RE n, 45-46; y 
«planificador», 48-55; y 
pr como herramienta para 
resolver problemas, 51-52, 59-60; 
e internalización del lenguaje, 51- 
52, 137-138, 189.190, 192; y per- 
cepción verl verbalizada, 58-60; y de- 
sarrollo del lenguaje del niño, 
78-79, 130-131; 169, 177-178; y 
significado de las palabras para 
los niños, 85, 139, 150-151; y 
18-19, 130-131, 169, 177-178; y 
proceso de traducción, 107; y en- 
señanza del lenguaje, 159-160 
(véase también educación); y otros 
sistemas de signos, 170-171; y 
lenguaje como uso de signos, 170- 
171, 189; y lenguaje como estímu- 
lo auxiliar, 184; lenguaje y apren- 
dizaje, 196-197; véase también 
cultura, escritura 
Locke, J., 18 
Ludwig Feuwerbach (Engels), 179 
Luria, Á. R., 8, 30, 172, 185 n, 
187, 188, 195; Estudios en la 
historia del comportamiento, 28 


maduración: como ición del 
aprendizaje, 24, 125, 126; analo- 
glas botánicas vs. zoológicas de 
la, 40, 41-43; y zona de desarro- 
llo próximo, 133-134 (véase tant- 
bién miño, desarrollo del); y ma- 
duración de las necesidades en el 
desarrollo del niño, 141-142; wvéa- 
se también educación 

materialismo dialéctico, 25, 27, 144, 
179, 184 (véase también Marx, 
Karl); y método/proceso dialécti- 


LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


cos, 78-79, 98, 105, 116, Let 182, 
190; véase también Engels, F 
materialismo histórico, 24-27; véase 
también materialismo dialéctico 
Marx, K.: y teoría del funciona- 
eto intelectual humano, 17-18; 
y papel del marxismo en psicolo- 
gla, 21-22, 24, 27, 22, 189; y 
materialismo histórico, 24-25; El 
Capital, 22; citado, 90, 102, 144 
McCarthy, D., 135 
mediación, concepto de, 26, 90-91; 
y conducta mediata o mediatiza- 
da, 33, 30, 39, 77-78, 90, 183 n, 
191, 192; y memoria no mediata 
es. mediata, 68-70, 77-85, 112-116, 
188, 191 (véase también memoria) 
memoria: en el desarrollo del niño, 
34-35, 64, 70-86, 93-94, 112-116, 
157, 185 n, 187-190; actividad 
mnémica y, 68, 81, 172, 173; na 
tural (no mediata) vs. uso de 
signos (mediata), 68-70, 77-86, 112- 
116, 187-188, 191; ayudas de la, 
68, 7374, 80-81, 82, 86, 88, 114, 
118, 172, 173, 190 (véase también 
signos, uso de); imaginería eidé- 
tica y, 68, 81, 91-92, 185 n; hu- 
mana es, animal, 68, 86, 190-191; 
e internalización, 77; edad y, 80- 
83, 84, 92, 185 n; y pensamien- 
to, 8386 (véase también pensar, 
pensamiento y);  «logicalización» 
de la, 85; civilización y, 86; y 
reacciones de elección, 110-116 
(véase también conducta selectiva 
y respuestas); y dibujos del niño, 
168-170 (véase también imitación) 
mente del hombre, La (Chelpanov), 
21-22 
metodología, 32-33, 95-119; y «mé- 
todo de las citas» (marxismo y), 
26-27: y la búsqueda de un mé- 
todo, 105, 117-118; del estímulo- 
respuesta, 117-118 (véase también 


ÍNDICE ALFABÉTICO 


estimulo-respuesta, teorias); y mé- 
todo funcional de doble estimu- 
lación, 118-119; aprendizaje-desa- 
rrollo, 123 (véase también educa- 
ción); de Piaget, 124; de Vygots- 
ki, 183-184, 192-193 

Meyerson, 1., 44, 45 

mnémica, actividad, véase memoria 

Montessori, M., 176, 177-178 

Morozova, N. G., 79 

Moscú: Instituto de Psicología, 7, 
21, 22, 30; Instituto de Deficien- 
tes, 7, 29, 30; Instituto Pedagó- 
gico Estatal, 7; Universidad de 
Moscú, 7, 30 


naturalismo, véase conducta 

niño, desarrollo del: y «preforma- 
ción» de las funciones intelectua- 
les, 24, 47: us. aproximación 
«evolutiva», 25 (véase también 


conducta); y comunicación, 33, 
47, 31, 32-33, 58-59, 92, 137, 


138-139, 163-164 (véase también 
dibujo, simbolismo); modelos bo- 
tánicos es. zoológicos del, 39-41, 
42-43; conducta animal e inteli- 
gencia comparadas con el, 41-43, 
45, 48, 50-51, 53-54 58, 61-62, 
63, 64, 65-66; inter- e intraper- 
sonal, 52, 93-94,196; atención en 
el, 63, 70, 94; historia y estudio 
histórico del, 78-79, 104; como 
proceso dialéctico, 116-119; inter- 
acción del aprendizaje con el, 
123140, 186-188, 193-195; y ni- 
vel evolutivo, zona de desarrollo 
próximo, 130-140, 155, 195, 196- 
197; edad mental en el, 131-136, 
137 (véase también edad); madu- 
ración de las necesidades en el, 
141 (véase también maduración); 
papel del juego en el, 142-158, 
174-1753, 177, 184, 189, 193.195 


221 


(véase también juego); la imagi- 
nación en el, 142152 passirnr, 
156-157, 158, 189; y obstáculos 
situacionales, 147, 148-151; véase 
también conducta selectiva y res- 
puestas, sordera, experimentación, 
lingúística, memoria, percepción, 
resolver problemas, retraso, sig- 
nos (uso de), pensamiento, herra- 
mientas (uso de), escritura 


obstáculos  situacionales, 146-147, 
150-151; véase también edad 
origen de las especies, El (Dar- 

win), 18 


pr 30; véase también edu- 


Mr 190-191 
Partido Comunista, 


del, 30 

Pavlov, L P., 17, 20-21, 87, 96 

pedagogía, véase educación 

«pensamiento técnico», 42 

Pensamiento y lenguaje (Vygotski), 
189, 192 

pensar, pensamiento y: origen so- 
cial del, 24; «técnico», 42 (véase 
también inteligencia); edad y, 42- 
43, 45, 46, 85, 124, 149; prece 
dentes del lenguaje, 42; y lengua- 
ge, interdependencia entre, 59; 
memoria y, 83-86 (véase también 
memoria); aprendizaje y, 128-129; 
gráfico (primates y), 136; abstrac- 
to, 137, 194; desarrollo del niño 
y, 138, 190; y acción vs. signi- 
ficado, 152-153; imaginación y, 
157, 193-194 véase también ima- 


ginación 

percepción: y resolución de proble- 
mas, 49-50, 57, 62: sincretismo 
en la, 54; humana vs. animal, 58, 


Comité Central 


222 


39, 61-63, 64-65; edad y, 58, 59. 
60, 148-150; verbalizada vs. «na- 
tural», 58-59; papel del lenguaje 
en la, 59, 190; «centro de grave- 
dad» de la, 62-63, 64: como es- 


Piaget, J., 47, 51, 124, 138, 152, 
183-188 passim 
planificación, 193-194; y lenguaje 
«planificador» de los niños, 48-55: 
véase también resolver problemas 
Potebnya, A. A., 60 
psicología del arte, La (Vygotski), 7 
psiocología introspectiva: mét 
experimentales de la, 
véase también análisis 
Psicología pedagógica, 7 
Psychopbysik, Die (Fechner), 19 


397, 100; 


reacciones complejas: ys, reflejas, 
109; estudios de las, 110-111; y 
tiempo de reacción, 115-116, 106 
n; véase también conducta selec- 
tiva y respuestas 

«reactología», 22; véase también 
conducta 

reflejos: condicionados, 20-21, 87, 
186; incondicionados/ «naturales», 
109-110, 185 n, 186; y proceso 
de e a 125 (véase tam- 
bién educación) 

Reflejos del cerebro (Sechenov), 19 

relación(es): inteligencia-lenguaje, 42- 
45, 46-47; lenguaje-uso de herra- 
mientas, 44, 43-46, 57, 88; len- 
guaje-acción, 44, 51-56, 63-64, 167- 
168; de las funciones del lengua- 
Je (egocéntrico, social); 31; del 
uso de signos y herramientas, 87- 
99: — naturaleza-conducta humana, 


LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPEKIORES 


99; desarrollo del niño-aprendiza- 


je, 123-140, 187; acción-significa- 
do, 132-154; individno-sociedad, 
189-190 


resolver problemas: estudios de Vy- 
gotski, 18; papel del habla/len- 
guaje en, 43, 48-55, 64, 190; per- 
cepción y, 49-51, 57, 6263; en 
los primates, 57, 135-136; aten- 
ción y, 63; impulsos cuasi-necesi- 
dades en, 63; estímulos neutros 
para, 118; y edad mental, 135; 
zona del desarrollo próximo y, 
133, 196; véase también conduc- 
ta selectiva y respuestas, test y 
pruebas, zona de desarrollo pró- 
XAUnO 

retraso, 28-29; y ayudas de la me- 
moria, 83; y pensamiento abstrac- 
to, 137 

Revolución de Octubre, 195-196 

Revolución rusa, 17 

Rusia prerrevolucionaria, 20, 
véase también Unión Soviética 


21; 


Sapir, E., 28 

Sechenov, L, M., 19, 20; Reflejos 
del cerebro, 19 

señalar (acción de), véase gestos 

Shapiro, S, A., 44, 46 

signos, uso de: vs. actividad prác- 
tica, 45-46, 47; animales y, 45-46, 
68; por los niños, 53-54, 67, 91- 
93, 115, 163-164, 185 n, 186, 
189; y origen social de los sig- 
nos, 68 (véase también escritu- 
ra); y memoria, 68, 115 (véase 
también memoria); y estructura de 
las Operaciones (fórmula «S-R»), 
68-69; etapas tempranas del, 70- 
ME historia natural del, 77-83; y 

alización significación, 87, 118; 

como herramienta psicológica, 87- 
92, 191; lenguaje como base del, 


ÍNDICE ALFABÉTICO 


171, 190; véase también dibujo, 


gestos 

simbolismo: — gráfico (comprensión 
del niño del), 34, 169.170, 173- 
174; y actividad simbólica en el 
uso de herramientas es. uso de 
signos, 4547; y representación 
simbólica de la actividad proyec- 
tada, 66; en las ayudas de la me- 
moria, 82, 172-173 (véase tam- 
bién memoria); en el juego del 
niño, 143-144; 150, 152-153, 163- 
168; y escritura/lenguaje pictóri- 
co, 160, 162, 174-176; de los 
gestos, 163-164, 165, 166; y no- 
tación simbólica, 165-168, 171-172: 
desarrollo del, en el dibujo, 168- 
171 (véase también dibujo, escri- 
tura) 

sordera, 33-34, 65, 159 

Spinoza, B., 152 

Stern, W., 46, 53, 58, 101 

Stumpf, K., 39 

Sully, J., 144, 145, 169, 170 

test y pruebas, 195.196; CI, 30: 

¡ icos, prohibidos en la 

Unión Soviética, 30: tareas de 
color, 70-77; edad mental, 131- 
132, 136, 137; véase también edu- 
cación, experimentación, resolver 
problemas 


Thorndike, E. L., 127, 129, 183 
Thurnwald, R., 28 
Titchener, E., 103, 107, 108, 109 


Unión Soviética: psicología en la, 
17, 21, 22.23, 24-25; marxismo 
y, 24-25, 26-27 (véase también 
Marx, K.); lingúística en la, 28; 
y prohibición de las pruebas y 
publicaciones, 30; enseñanza de 
la escritura en la, 175 


223 


Verask (periódico literario), 7 
Vygotski, Lev $: juventud y ca- 
rrera de, 7-8, 17, 21, 28; y pen- 
samiento marxista, 17, 24-27, 30; 
como fundador de la ciencia con- 
ductista unificada, 22-24; influen- 
cias de, 28, 182-183, 198-199; e 
interés por la educación, 29-30, 
193-197; laboratorios y estudian- 
tes de, 7, 30, 31-32, 34-35, 199- 
200; método experimental de (y 
estudios realizados por), 31-36, 
184-185; aproximación histórico 
cultural de, 197-200; escritos de 
(Estudios en la historia del com- 
portamiento, 9, 28; La psicolo- 
gia del arte, T; Pensamiento y 
lenguaje, 189, 192) 
Washburn, S., 199 
Watson, J. B., 17, 23, 
Werner, H., 33, 84 n, 
Wertheimer, M., 17, 21 
Whorf, B. L., 
Woodworth, R. S., 127 
Wundt, W., 17, 20, 96, 110; y con- 
ductismo, 21, 22; y marco estímu- 
lo-respuesta, 97 
Wurth (y estudios de la escritura 
pictórica), 162 
Wiirzburg, escuela, 96 


96, 192 
99 


Yussvich, U. C., El 


zona de desarrollo próximo, 130-140, 
155-156, 194, 196; definición, 
133-134 

zoología: y modelos zoológicos en el 
estudio de la conducta, 40, 42-43; 
véase también animales, niño (de- 
sarrollo del) 


Copyrighted material 


ÍNDICE 


Nota biográfica sobre L. S. Vygotski__. —. —. . . 1 
Prólogo a la edición norteamericana... . . . 11 
Introducción, por MICHAEL COLE y SYLVIA SCRIBNER . 17 


PRIMERA PARTE: Teoría y datos básicos 


Capítulo 1. — Instrumento y simbolo en el desarrollo del 
E 39 


Inteligencia práctica en niños y animales . —. —_. _, 41 
Relaciones entre el lenguaje y el uso de instrumentos . 45 
Interacción y transformación de la actividad práctica . 47 


Capítulo 2. — Desarrollo de la percepción y de la atención . $ 
Estudios de conducta selectiva en los niños . ., , 60 


Capítulo 3. — Dominio de la memoria y el pensamiento . 67 


Orígenes sociales de la memoria indirecta (mediata) , 68 
Estructura de las operaciones con signos . —.  . . 69 
Las primeras operaciones con signos en los niños . —. 70 
La historia natural de las operaciones con signos . —. 717 
Memoria y pensamiento MEP PO 83 


Capítulo 4. — Internalización de las funciones psicológicas 


SHDEFTÍOFES 87 


226 LOS PROCESOS PSICOLÓGICOS SUPERIORES 


Capítulo 5. — Problemas de método . . . . . 95 
La psicología de las respuestas de elección compleja . 105 
Un estudio dinámico-causal de las reacciones de elección 110 
Características del nuevo método > ms. 1 


SEGUNDA PARTE: Implicaciones educacionales 


Capítulo 6. — Interacción entre aprendizaje y desarrollo . 123 


Zona de desarrollo próximo: una nueva aproximación . 130 
Capítulo 7. — El papel del juego en el desarrollo del niño. — 141 
Acción y significado en el juego. . . . . . 146 
Separación de acción y A DL. +. $ . 13 
Conclusión ' AZ . 4 4 a AA 
Capítulo 8. — La prehistoria del lenguaje escrito . —.  . 159 
Gestos y signos visuales . mm + . 162 
Desarrollo del simbolismo en el j juego ai a ss 103 
Desarrollo del simbolismo en el dibujo . . . . 168 
Implicaciones prácticas ym +». e. ss a 
Epílogo, por VerA Jo HN-STEINER y ELLEN SOUBERMAN . 181 
Conceptos de desarrollo . . . . . . . 182 
Implicaciones educacionales R cs a 
Aproximación histórico-cultural a Vygotski Fe += -. 19 
Bibliografía de L. S. Vygotski . . . . . . . 201 


Índice alfahéri 215 


Hidden page 


Hidden page 


Hidden page 


LEV S. VWYGOTSKI 


El desarrollo de los procesos 
psicológicos superiores 


La formación de la inteligencia y el desarrollo de los procesos 
psicológicos superiores no pueden comprenderse al margen de 
la vida social. De ahí la importancia, entre otros factores, del 
lenguaje y del uso de herramientas, y de ahí, también, la interacción 
entre aprendizaje y desarrollo infantil. En este libro, el gran 
psicólogo ruso Lev Vygotski estudia el desarrollo de la percepción, 
la atención, la memoria, el lenguaje y el juego, y analiza su influencia 
en la educación de los niños. El resultado es un texto de ex- 
traordinaria utilidad pedagógica que se ha convertido en una 
obra clásica, todavía no superada, del pensamiento psicológico 
moderno. 


LEV 5. VYGOTSKI (1896-1934), reconocido universalmente como 
un pionero de la psicología contemporánea, orientó su actividad 
profesional hacia las deficiencias mentales de los niños y dirigió 
el departamento de psicología del Instituto de Medicina 
Experimental de Moscú. Entre sus obras destacan: Psicología 
pedagógica (1926), Temas y métodos de psicología contemporánea 
(1929) y Fundamentos de paidología (1934). 


967931-3 


1 


ll 
9 mi 


484